La fotografía voyerista de Miroslav Tichý

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Hace tiempo leí un artículo en un suplemento dominical sobre un fotógrafo checoslovaco que vagaba por las calles de su pueblo tomando fotografías con una cámara casera. Se trataba de un anciano de largo y descuidado cabello, con una barba estilo Santa Clos. El artículo describía a este fotógrafo como un “maestro voyeur”, cuya apariencia hacía pensar que se trataba de un viejo pervertido —un Charles Bukowski con una extraño artilugio por cámara—. La descripción quizá fue un poco injusta –periodismo de baja monta que enmarcó morbosamente la historia de un artista cuyo trabajo debería ser mejor conocido—. Archivé el artículo para hacer algo con él en el futuro, pero terminé extraviándolo en el desorden de mi vida. Así pues, había olvidado a este extraño hombre y sus bellas fotografías hasta que gracias al blog de Rob Baker me reencontré con la vida y la obra de Miroslav Tichý.

Tichý nació en Netice, un pueblo de Moravia, el 20 de noviembre de 1926. Fue un niño brillante, con mucha facilidad para el aprendizaje de idiomas y con mucho talento artístico. En su adolescencia se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Praga. Fue muy popular entre sus compañeros debido a su gran talento como dibujante. Este feliz pero corto periodo escolar, iniciado en 1946, cambió drásticamente, dos años después, con la llegada del comunismo. Roman Busham, amigo de juventud relata lo que sucedió después:

Luego de que el comunismo tomara el control en febrero de 1948, ocurrieron cambios drásticos en la Academia, respetados profesores y asistentes fueron echados. En lugar de dibujar modelos femeninos, se les obligó a los estudiantes a dibujar trabajadores con overall. Tichý se negó a dibujarlos. Parece que la crisis política se mezcló con una crisis personal y el joven artista sucumbió. Dejó de trabajar y pasaba el tiempo caminando por el parque Stromovka en Praga, evitando a sus amigos. Abandonó la Academia y tuvo que hacer el servicio militar obligatorio.

La brutal dictadura de Stalin realizó una serie de “purgas” que destruyeron la vida de todo aquel que no se sometiera a las reglas del partido comunista. Todo esto tuvo un efecto devastador en Tichý. Se negó a alinearse a las nuevas reglas que venían de Moscú, y así fue enviado a la clínica psiquiátrica de Opava.

Después de la muerte de Stalin, Khrushchev denunció algunos de los crímenes que su predecesor cometió, y hubo algunos cambios en la política soviética en Checoslovaquia. Tichý volvió a casa de sus padres en Kyjov. Comenzó a dibujar y a pintar y exhibió su obra en una exposición en Brno en 1958.

A principios de los sesenta, Tichý hizo más evidente su rechazo a las normas dictadas por el aparato de gobierno comunista, dejándose crecer el cabello y la barba. Comenzó a llevar puesto siempre el mismo traje desgastado que de pies a cabeza le hacía ver como vagabundo. Su imagen era la opuesta a la del fuerte trabajador de la propaganda comunista.

Su apariencia irritaba profundamente a las autoridades checoslovacas. Tichý fue intimidado y detenido por la policía local en repetidas ocasiones, pero a pesar de todo se negó a acatar las órdenes. En ese entonces se describía a sí mismo como un samurái que tenía el objetivo de destruir a sus enemigos.

En los años sesenta, durante sus paseos por las calles, Tichý comenzó a tomar fotografías con una cámara que heredó de sus padre, y continuó dibujando y pintando. Era una piedra en el zapato de las autoridades, quienes una semana antes de un Primero de Mayo de esos años, tocaron a la puerta de la familia y se lo llevaron arrestado para que su apariencia no ofendiera a los dignatarios en las celebraciones.

La invasión de las tropas rusas para aplastar la Primavera de Praga dejó a Checoslovaquia bajo un más duro control soviético. Tichý, aislado, se volvió un blanco mayor para las autoridades: el estudio donde trabajaba fue expropiado, gran parte de su obra fue destruida en el desalojo. Todo esto lo llevó a una crisis donde seguir dibujando y pintando le era imposible.

A partir de entonces, Tichý tomo la fotografía como su medio de expresión. Vagaba por las calles de su ciudad natal y subrepticiamente tomaba fotografías de mujeres con sus cámara casera. Su estilo era el polo opuesto a la fuerte y limpia propaganda que idealizaba excesivamente a los líderes comunistas. Su trabajo era un sueño opaco. Su vida era caótica. Él, “el profeta de la decadencia “, como lo describe Roman Buxbaum en una visita a su casa:

El desorden parece ser su forma de interactuar con el mundo, no por flojera o incapacidad. Más bien, lo hace intencionadamente así. Cuando el visitante haya terminado de mirar algún libro u alguna fotografía, él o ella probablemente escuchará: “¡tíralo al suelo!”. Otras leyes se aplican aquí. El mundo del azar y el caos constituyen un fermento en el que la obra madura.

Tichý era reaccionario en el verdadero sentido de la palabra. Mientras Yuri Gagarin conquistaba el espacio, Tichý construía cámaras fotográficas de madera. Marchaba hacia atrás, iba en sentido contrario a la ideología del progreso. Una actitud auténticamente reaccionaria. El fotógrafo de la Edad de Piedra era la encarnación de un insulto a la élite comunista de su pequeña ciudad. Se convirtió en la antítesis viviente del pensamiento progresista, de la teoría marxista de la historia que se mueve en línea recta.

Técnicamente hablando, sus fotografías se “mejoraron” deliberadamente por “errores” y manchas que fueron resultado de un proceso desordenado de impresión, realizado principalmente en tinas de baño y lavabos (“un error, eso es lo que hace la poesía”). Tichý dispararía hasta 90 fotografías en un día, iría a casa y luego comenzaría el proceso de impresión. Cada uno de las fotografías se imprimiría una sola vez, sería recortada con tijeras y, en dado caso, dibujada y pintada. Algunas fotografías se enmarcaron. La mayoría fue tomada en los años 1970 y 1980, y no tienen ningún orden, no llevan título ni fecha.

La policía continuó hostigando a Tichý. Trató de arrestarlo por ser un voyeur, por tomar fotografías de mujeres caminando en la calle, trabajando en tiendas, tomando el sol en los parques. Sin embargo, no pudo encontrar pruebas y nadie apoyó sus alegatos, así que Tichý continuó libre.

Hace a penas una década, la obra de Tichý comenzó a ser más apreciada en “el mundo del arte”. En 2004, Tichý tuvo su primera exposición individual en la Bienal de Sevilla, seguida de una gran retrospectiva en el Kunsthaus, Zurich, en 2005. Tichý murió en 2011, se encontraba todavía trabajando, aún con su largo cabello y barba.

Describir las fotografías de Tichý como el trabajo de un “flâneur pervertido ” o “voyeur” o simplemente un “viejo rabo verde”, es hacer un flaco favor a este individuo inusual. Tichý fue un artista cuyas fotografías hacen que el espectador reexamine su relación con la belleza cotidiana de la existencia humana.

Texto escrito por Paul Gallagher, tomado de Dangerous Minds, traducido por Terraplén)

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