Exploración social, memoria y fotografía: Melba Arellano

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Una mirada sobre el entorno donde se juntan la piezas para reconstruir recuerdos, la infancia, lo que queda de ella. Una mirada sobre territorios inhóspitos como la burocracia, un ayuntamiento de provincia (San Jerónimo, Guerrero, lugar donde creció la artista). Una mirada que construye patrones simbólicos de una realidad mayor: la vida en México, sus espacios en blanco, sus rituales, sus relaciones emocionales, etcétera. El trabajo de Melba Arellano (Ciudad de México, 1977) es oficio, reflexión y emotividad. Terraplén obrece en este número una entrevista y una breve muestra de su trabajo.

T: ¿Cómo fue que llegaste a la fotografía?

MA: Llegué un poco tarde, casi a mis 25, cuando comencé a estudiar fotografía. Desde niña había tenido una especie de obsesión con la imagen fotográfica, las coleccionaba pero nunca las había producido. En ese entonces los dispositivos para tomar fotografías no eran de uso común como ahora. A la par que estudiaba mi primera carrera, Economía, tomaba talleres de cine y pintura, pero no encontré en esas disciplinas lo que necesitaba hasta que llegué a la fotografía.

T: ¿Cómo ha sido tu proceso creativo? ¿Qué intereses, temas, has desarrollado? ¿Como fotógrafa qué te interesa construir?

M: La primer serie es Carretera Nacional y tocaba el tema de la memoria personal, mis recuerdos de infancia corroborados con exploraciones presentes. En el segundo trabajo, Palacio Municipal, quería hablar de nuestro sistema político administrativo a través de un ejemplo específico; el tema me interesó desde que trabajaba como asesora para gobiernos municipales. Ahora sigo trabajando temas relacionados con una crítica de éste sistema en la Ciudad de México, estoy desarrollando uno en delegaciones políticas y otro en CFE, en uno me interesa la construcción de la fachada del burócrata y en el otro el poder sindical. La primera serie que desarrollé fue un impulso, una curiosidad que quería saciar ahora que había descubierto la cámara: ésta me daba la licencia de entrar donde no había podido. Después de ese ejercicio me centré en aquellos temas de los que quería dar una opinión. Creo que mi pasado como economista, haber vivido en un territorio como Guerrero me hicieron hacerme consciente de ésta problemáticas y la fotografía ha sido un medio que me ha permitido abrir la reflexión en torno a ellos.

T: Tu preocupación social, como ciudadana, ha motivado de cierta forma tus exploraciones fotográficas. Hablas de Guerrero. Platícanos más sobre la relación que como artista tienes con este territorio.

MA: Ahí crecí, de ese territorio me nutrí, de lo que veía, vivía, todo eso se vuelve un factor decisivo para construir tu mirada como fotógrafo. Te podría decir que hasta la luz, el color que asocio con el lugar en el que crecí, incide en el tratamiento estético de mi obra. Y bueno, como hablaba, en la elección de mis temas también. Ahí desarrollé mis primeras series (tengo otra pequeña en la que exploré el lugar donde nació mi padre, Tierra Caliente) y seguramente seguiré desarrollando otras más.

T: Cuéntanos un poco sobre tu proceso creativo. ¿Trabajas por serie, a partir de un tema eje? ¿Trabajas en varios proyectos a la ves? ¿Qué hay detrás de apretar el botón del obturador? ¿Lecturas, música, investigación?

MA: En parte depende de la naturaleza del proyecto. Hay algunos que son mayormente intuición. Me acerco a personas y cosas con base en ella, como en Carretera Nacional, deambulaba por los pueblos y fotografiaba lo que me encontraba e interesaba, no lo pensaba mucho, no hice bocetos, dejé que la producción saliera libremente. Ya en el proceso de edición lo racionalicé más, comencé a armar microhistorias y a reflexionar y buscar respuestas sobre el por qué de esa producción. En Palacio Municipal si hubo un proceso de investigación que incluía la revisión de material del propio ayuntamiento, sus estadísticas, planes, etcétera). M e interesaba mucho la forma en que ellos comunicaban y me metí mucho con material de la oficina de Comunicación Social, investigué mucho en los pintores de corte (me interesaba ver como representaban a la realeza), hice mucho scouting. La elección de los personajes siempre es intuición; voy a los lugares con el tema en la cabeza, buscando lo que creo hablará de ello pero la selección de los lugares se la dejo a la intuición, confío mucho en ella.

T: Como público, ante tu obra percibimos muchos sentimientos deambulando alrededor de las imágenes, de las construcciones visuales. Hay algo emotivo siempre latente. ¿Tú qué piensas de esto? ¿Cómo percibes tu obra? Es decir, hay muchos sentimientos, elementos emotivos, porque creemos que hay historias claras en cada imagen.

MA: Si lo creo, para mi la fotografía no es sólo un acto racional. Fotografío con todo lo que traigo cargando: mi historia de vida, referencias (conscientes e inconscientes) y por supuesto los sentimientos. No disocio mi trabajo de lo que soy como ser humano y creo que soy muy emocional. Hay cierto tratamiento en los personajes, sus espacios, que tiene que ver con estados emocionales o mi conexión con ellos.

T: ¿Cómo artista que ha trabajado de cerca con su comunidad, con su imaginario, con sus vacíos, con sus deseos, cómo ves a Guerrero, la realidad que se vive aquí ahora?

MA: Vivo y he vivido Guerrero de forma agridulce. Me llena estar ahí, disfruto y valoro y me inspira su riqueza cultural, natural, las personas, pero también me aflige el que siga siendo un territorio golpeado por la pobreza, la inequidad, la violencia y una falta de consciencia generalizada por parte de quienes nos gobiernan. Sigue siendo un estado en el que el engranaje del “sistema” funciona a la perfección con todos los vicios y problemas que esto engendra.

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