Lo noir o la criminalidad del negro

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“Y fue allí,

se reveló el negro guapo,

tomó venganza por su amor,
y aún se escucha en la verja:
No le pegue a mi negra.”

Joe Arroyo, No le pegue a la negra

Lo noir es un asunto de ciudades. Es en la ciudad donde se oscurece el alma, es en la ciudad donde las almas se corrompen, ensucian y ennegrecen, casi como el mito del salvaje en el que todo aquel que toca la selva o cualquier lugar lleno de plantas pasa a un estado salvaje; la forma de rescatar a alguien de su infección de salvajismo es extrayéndolo del lugar. El salvaje, pues, está determinado por el lugar, el lugar lo devora y lo transforma; más que los humanos, es el lugar y su atmosfera contaminante e infecciosa lo que importa; mujeres van, hombres vienen y el sitio sigue igual, devorándolos. Así lo noir, lo noir es una situación-de-ciudad, lo noir ocurre en la ciudad e incluso podríamos arriesgarnos a decir que lo noir es la ciudad. Los signos mismos de lo noir en el cine son casi siempre los mismos: edificios, automóviles, carreteras, anuncios y situaciones callejeras; los personajes cambian, mueren, llegan, se van, da igual: el lugar queda, el lugar es maldito y ahí todo se ennegrece. El crimen es crimen por el lugar, hay lugares que permiten el crimen y la ciudad es uno de esos lugares; fábrica de criminales; no importa eliminar a uno porque siempre hay reemplazo. La ciudad es noir, y en ningún otro lugar se cometen más crímenes que en las ciudades; pero en fin, que todo esto suena muy bien hasta que nos cuestionamos si lo negro y lo ennegrecido ha sido malo, criminal y violento siempre; si lo noir es criminal, si lo negro es criminal, si “oscurecerse” es malo, pero sobre todo lo siguiente: si las almas se “oscurecen”, manchan y corrompen, parece sonar a que estas almas son más bien limpias, no-oscuras, y ¿blancas? Esto ya no suena tan bien.

Es curioso pensar que se utilice noir (negro en francés) como nombre para el norteamericano género criminal, recordando los conflictos de racismo en un país como EE.UU., y sobre todo lo paradójico que resulta utilizar noir en francés, la lengua del colonialismo africano por antonomasia. Pensar que lo negro hace alusión a la maldad-criminal es una asociación graciosa si la pensamos creada por, no sé, tal vez Camerún. No imagino en Camerún el nacimiento de un género artístico afirmando en similitud al arte negro con lo criminal, o incluso a Nigeria, Kenia o Uganda, describiendo en sus enciclopedias sobre el cine negro: “[…] las películas caracterizadas como de cine negro giran en torno a hechos delictivos y criminales“.

Leyéndolo así, es imposible no relacionar lo negro a procesos coloniales, y aunque todavía existen quienes afirman que la estética se cuece aparte, sin moral y sin política, la realidad parece muy diferente. Una experimentación rápida, como pasar de “cine negro” a “cine blanco”, de “sentimiento negro” a “sentimiento blanco”, de “novela negra” a “novela blanca” o de “negras intenciones” a “blancas intenciones”, nos hace pensar en la inyectada maldad, violencia y crimen del color negro. Aunque esto, parece muy lejos de ser real.

Inmediatamente alguien afirmaría que lo negro es inherente a la muerte, recordando, por ejemplo, la repugnancia que nos ocasionan los alimentos negros, color de lo podrido; sin embargo lo blanco también está asociado a la descomposición y en específico a los hongos que crecen sobre lo muerto, e incluso al color blanco del pus, cercano a la infección o a lo podrido.

Podemos traer a colación, que entre los rarámuris del norte de México, el color de la muerte no es el negro sino el blanco, asociado al color de los huesos, y siguiendo con la muerte blanca rarámuri, imaginemos que se nos dijera que para “sanar” alguna enfermedad, debiésemos entrar a cuartos pintados de negro con gente vestida de negro. Tal situación nos parecería mortal y empezaríamos a sentir miedo, cuestionando si de verdad nos van a curar en medio de tan negra situación o si más bien vamos a morir; este ejemplo es más o menos lo sucedido entre rarámuris y las primeras aproximaciones con la clínica occidental, clínica de paredes blancas y hombres vestidos de blanco, los curanderos occidentales: médicos; fue también el mismo problema para que los rarámuris comieran arroz (que es blanco), entendiéndolos con el ejemplo de la desconfianza occidental hacia los alimentos negros (recordando que el huitlacoche, el frijol y el cacao son alimentos de color negro, pero todos americanos).

Hay pues en lo negro cierta maldad, muerte y violencia que no se le atribuye a lo blanco, donde incluso podemos llegar más lejos hasta el movimiento afroamericano BLM (Black Lives Matter / Las vidas negras importan) en contra de las violencias hacia las personas negras y la brutalidad policial; no dejemos de pensar también, que en Ciudad Violencia produce más temor una persona cercana a lo negro (morena, prieta) que una blanca, o pensemos en el racista refrán popular: “el frijolito en el arroz” (en lugar de “el arrocito en el frijol”), y andando en estas, las declaraciones del presidente de México: “A veces esos ‘prietitos’ que pasan en todas partes del mundo dan motivo para que se hable de México”, haciendo evidente alusión al “frijolito negro en el arroz”. Hay pues todo un discurso que asocia lo negro a la criminalidad, al delito y a la violencia, aun cuando lo nombremos en francés, lengua no sólo artísticamente avant-garde, sino por excelencia, la lengua de la colonización africana.

El cine noir/negro, incluso, comenzó con tramas exclusivas de personajes blancos donde los negros ocupan un papel secundario o nulo. Sería interesante hacer un recuento de personajes negros en las artes noir, es decir, en las artes “negras”, para ver qué tan negro es lo negro, o para confirmar qué tan blanco es lo negro.

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Written by Oliver Terrones

Oliver Terrones

Oliver Terrones (Ciudad de México, 1992) es bloger, diseñador editorial, gráfico y artista del bricolaje. Estudió Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, propone la comunicación de cibernética, arte procesual y artesanía, acercando de maneras de-generadas Arte y Antropología Social.