Dormimos con brújulas en las manos

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  1. Andamio

Lo demás de Robin Myers es un álbum de voces a falta de una historia que terminó y que sigue derrumbándose. Imágenes precisas, deslumbrantes para intentar una definición, una silueta. Nombrar cada uno de los objetos de un viaje y una estadía para fijar lo impreciso, lo que se pierde en el hocico del pasado.

¿De qué se trata en realidad, esta necesidad de compararlo todo,

de hacer que cada cosa se parezca a otra cosa, de abrirse paso a fuerza de metáforas

hacia un tipo de calma que no sea parecida a un andamio construido alrededor del aire, sino concretamente eso?

  1. Extraen petróleo del océano en tazas

La traducción del libro es de Ezequiel Zaindenwerg que desde hace tiempo ha encontrado un registro que le permite la contundencia y la maleabilidad. Sus versiones no son propiamente al argentino, sino a una franja del castellano que él explora como alguien que construye un túnel.

Una vez, vi a un borracho tambaleándose por las vías del tren.

Una vez, escuché caer un vaso, que se quebró

mientras el saxofonista sostenía una nota grave y dulce por tanto tiempo

que me quedé esperando que volviera a respirar

o que se le parara el corazón.

  1. Lo que hay / lo que hubo

Habitaciones con el cabello que te han cortado desde los quince años. Cada uno de los condones que has usado y que colocas en el lavabo antes de arrojarlos a la basura. Los sellos del pasaporte como frascos donde guardas tu saliva. Los cigarros que compartiste con uno de tus amantes, al que sólo recuerdas en playera y con los calcetines a las rodillas. Aquella película llamada Principiantes donde el personaje principal recuerda a sus padres y exparejas por medio de fotomontajes, objetos que estuvo a punto de extraviar y de recuerdos enmarcados en el desajuste.

Apenas nos tocamos en todo el día.

Ya en la casa de Akiva, tomamos el café de a sorbos y comemos la torta con cuchara,

y Akiva cuenta anécdotas en el patio, mientras la sombra va cayendo

cada vez más espesa, de Tel Aviv y las primeras guerras,

de la época en que trabajó en un buque de carga que lo llevó a New Jersey;

del LSD y el prodigio de percibir sus propios pies tan lejos

como se nos aparece el mundo desde arriba del Empire State;

de su fervor por proteger un insecto que encontró

mientras meaba, todavía drogado, en un mingitorio de Londres;

de una mona japonesa de nombre Yazmin (“Ésta es Yazmin, mírenla

cómo me acicala”), inmortalizada en celuloide en el acto

de sacarse una costra de la parte de arriba de la cabeza.

Akiva se levanta en busca de un CD de Pink Floyd.

Me duelen los ojos. Shadi está en silencio. Tiene puesta la camisa blanca

que yo asocio a la época en que me empecé a enamorar de él.”

  1. Cartas

Mudanzas, cada lugar y casero. un trapo lleno de humo. Incomunicación, extraviarse en el idioma materno y en el que se aprende. Enfermedad y disminución del deseo. Separaciones y rituales:

Buscamos, cada vez que nos peleamos,

elegantes comidas extranjeras:

ensalada de algas, traslúcidas,

con engarces de sésamo;

espesos ñoquis a la crema de zapallo,

tan dulces que a la vez me calman y me caen mal;

carne argentina, su delicada sangre apenas más clara

que el vino.

Tomamos.

No tomamos lo suficiente.

Nos amamos,

pasamos hambre,

somos mezquinos.

Irrelevante la comida, extravagante,

prescindible, cara.

  1. Piel, pegamento y lienzo

Archivo de nuestros ruidos: “Cuerdas vocales. 2010-2014. Técnica mixta. Colección particular.” Sucesión de presagios: “Dormimos con brújulas en nuestras manos. Plata sobre gelatina. Colección W. S. Merwin.” Detalles de un periodo histórico: “ Tus caballos escuálidos, tus frutillas improbables. Piel, pegamento y lienzo. Museo de Arte Negev.” Almacén de confusiones: “S. Cartas y video instalación. R.M.”.

Yo no entendía nada, es decir, no podía procesar lo que escuchaba, solamente observar con mis oídos las palabras que al unirse formaban un objeto visible, aunque misterioso. Escuché a un relator deportivo jordano que chillaba por un gol errado, pero no pude captar que estaba hablando en árabe. Después sintonizamos otra radio en ruso y pregunté: “¿Ruso, no?”, y S. me dijo: “No, árabe”, sin inmutarse. Yo, un poco desilusionada, le creí. Dejó un rato largo un programa en hebreo que se negó a traducir.

  1. Lo que haya

Myers al delinear una imagen encuentra un lugar y una dolencia que nos describe, un sentimiento que no logra comprender pero que representa en su brevedad y sinsentido una especie de radiografía de nuestras vidas.

Vi a un chico con uniforme de la escuela caer de rodillas

con un gesto de plegaria

o de traición,

o de cartílago roto en un partido de fútbol,

yo qué sé.

Vi a una mujer entrada en años retorcerse

después de un abrazo,

con un gesto de rencor

o de dolor,

o de deseo ignorado,

o de artritis reumatoide,

o de extrañar a su madre,

o de antiguos terrores renovados,

¿y nosotros, Nina, qué podemos hacer?

Hacemos lo que podemos.

No:

conozco

a un tipo que,

hace unos años

caminaba por la banquina de la autopista

para sentir cómo, al pasar, los camiones con acoplado

le arqueaban el cuerpo hacia atrás, para sentir el campo minado

entre la línea amarilla y sus propios pies.

Robin Myers.

Lo demás.

Traducción de Ezequiel Zaidenwerg.

ZIndo & Gafuri.

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Written by Jorge Posada

Jorge Posada

Jorge Posada (1980). Autor de La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, España, 2013), Adiós a Croacia (Zindo & Gafuri, Argentina, 2012) y Costa sin mar (UAM, México, 2012) En 2014 publicó los cuadernos Desglace (Aguadulce, Puerto Rico) y Canciones de la dependencia sexual (Bongobooks, Mexico). Es coautor junto a la fotógrafa Vanesa Capitane de Youthland (Clickpress, EU, 2015). Colabora en Playboy, Punto en línea (UNAM), Transtierros, Poesía Mexa y VozEd.