De cómo conocí Luvina (segunda parte)

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Pienso que este barrio es como Constitución. Camino tranquilo y tomo el metro. Como pueden comprender, esto no tiene sentido y no pretende tenerlo, estos son mis pensamientos desordenados, concatenados con alcohol, dirigidos por la pluma con la que amo escribir.

Lloro mucho, lloré mucho frente a la nueva democracia. Tengo una reproducción en mi casa de un metro de ancho por setenta de alto, pero aquí los rojos son tan vivos, tan saturados, son de sangre y huelen a milpa, “no se pueden tomar fotos joven“(me dice una mujer de seguridad) me disculpo mientras tomo la foto al tiempo que bajo la cámara.

La piba de los aretes en la nariz me explica como será la movilización desde Tlatelolco al Zócalo . El 26 de septiembre es la marcha por los 43. Si, ahí está la doble moral de este país cálido, atemporal, amable, que fusila por error a sus 43 estudiantes. No, no, yo odio las moralinas.

La prietecita que me decía mira “barbacoa de chivo” y el oro, el puto oro que inunda este país y sus iglesias (la única iglesia que ilumina es la que arde decía mi padre, quien lo escuchó de su madre). Félix Cuevas lleno de joyerías. En Coyoacán, buscaba la casa de Buñuel, PERO ahora la casa museo la compró un privado. Me siento a fumar en la vereda y pienso en Archivaldo. Me voy de allí, no soy de allí, vos tan Frida y León, yo tan Diego y el Pepe, me voy a Chabacano, es menos fresa y comienza a llover. En septiembre siempre llueve por la tarde.

El verde de las rutas de Chilpancingo y un chingo de militares que en sus patrullas hacen de cuenta que gobiernan en tierras del narco. Las dos camareras bien indias nos miran a mi amigo y a mí.

Sí se va contigo me dice él.

Aparece una mulata por el costado. sonríe en blanco y lo mira a él; pudiera ser un día, pero es otro. nos vamos donde los pescadores a comprar un poco de mota.

-Oye, Quique, ¿tú qué haces aquí?

-¿Yo? De todo.

-¿Y la poli?

-Siempre molesta pero si uno se esconde cuando vienen, no te fichan.

Vamos de jaleo y los pinches pedos que te piden un cigarro, las chavas güeritas que nos miran sin mirar, las Silvia Pinal que no se van con estos Caifanes.

Y es que México me cae chido, así sin filtros, con los dedos amarillos de los cigarros Faros que fumo compulsivamente. Este ispa es tan naif por momentos, y no lo digo mal, sino que me resulta tierno, amable y mestizo, pero coño cómo le gustan las escaleras a los condenados, resabios aztecas, supongo .

Ruy me cuenta del 68 como si hubiese estado allí, y no sabe que pasó; él vive lo que pasó. Pero nos gana la música y los taquitos de suadero, nos metemos en su especialidad. Me habla del rock nacional como si fuera argentino, y llueve aquí siempre llueve de tarde en estas épocas (seguro ya lo escribí antes).

Vamos por la costera de Acapulco pedos y sin problemas. Ya soy un poco menos yo, empiezo a mutar. Caminamos entonados de caguamas. “Aaaaay”, grito mariachi de mi compadre, que repite ocasionalmente más fuerte o más quedito, como un Tin Tan moderno. “Yo siempre trato con amor a las niñas”. Es mentiroso y ladrón porque es esa es su profesión, es poeta de carne y de vida porque escribe y vive, porque vive y escribe, eso lo hizo poeta.

¡Qué calor hace aquí coño! Veo las caras duras de los vendedores (como en “La fórmula secreta”, ellos se inspiran en Rulfo), las caras duras que me miran, uno, dos, tres, cuatro y sonríen, nuen día y buenas tardes, esto es solo la mitad. André Bazin decía en su ontología de la imagen cinematográfica que la fotografía evolucionaba de las mascaras mortuorias para convertirse en cine, porque la fotografía es verdad y el cine es verdad veinticuatro veces por segundo.

No puedo escribir una crítica de cine sobre una de todas las películas que vi aquí, porque México es cine veinticinco horas por día, aunque México no notara mi paso por su tierra, y ustedes que leen esto mucho menos han de saber de mi, como poco o nada se de ustedes y su tierra, todo es tan eternamente efímero, como decía el bardo inmortal Nezahualcóyotl:

aunque sea de jade se parte

aunque sea de oro se rompe

aunque sea plumaje de quetzal se desgarra

no para siempre en la tierra

solo un poco aquí

desde las costas del estado de Guerrero, borracho y feliz.

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Written by Mauro Zanier

Mauro Zanier

Mauro Zanier es fotógrafo, camarógrafo, editor de vídeo y director de fotografía egresado de Realización Integral de Cine y Televisión en Centro de Investigación Cinematográfica (CIC), Camarógrafo Gaffer CFP SICA, fotografía analógica en Foto Club Buenos Aires y Guión en el Taller de cine Raúl Perrone, Buenos Aires, Argentina.