Haendel: “Aleluya” del oratorio El Mesías

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Luego de reunir textos escogidos de la Biblia y de pergeñar unos cuantos salmos por aquí y por allá, el hacendado inglés Charles Jennens envió en julio de 1741 un libreto de su autoría al compositor de óperas alemán asentado en Londres, Georg Friedrich Haendel, para que compusiera en base a él un oratorio en inglés: un canto y una reflexión sobre la relación entre el hombre y Dios, y que, de pasada, abordara el misterio de la Redención.

No era la primera vez que el rico hacendado colaboraba con Haendel, pero esta vez tenía una confianza enorme en el éxito de la empresa. Y así se lo hace saber a un amigo: “Espero que [Haendel] despliegue aquí todo su genio y habilidades. La composición debiera superar todos sus trabajos anteriores ya que el tema aventaja a cualquier otro. El tema es El Mesías.”

Cuatro años antes, Haendel había tenido que hacer frente al fracaso de su tercer emprendimiento como compositor-empresario. Todavía escribió algunas óperas italianas, pero aconsejado por amigos y conocidos ya venía poniendo alguna distancia con el género lírico italiano y adentrándose en el campo del oratorio en lengua inglesa, de modo que el libreto que recibió de Jennens le vino como anillo al dedo.

Según sus propias notas, el compositor comenzó a trabajar en el oratorio El Mesías el 22 de agosto de 1741 y veinticuatro días más tarde lo tenía terminado. Sin embargo, el oratorio más célebre de Haendel no se pudo estrenar en Londres con su título original, y tuvo que esperar a que el compositor viajara a Irlanda para ser estrenado en 1742 en el New Music Hall de Dublín como función benéfica en favor de presidiarios diversos y enfermos de toda índole.

A su regreso a Londres, a fin de paliar las críticas surgidas por el uso de un tema sacro en un entorno que poco y nada tenía que ver con la liturgia, el título hubo de ser cambiado por el de Sacred Drama. Su recepción, si bien cálida, estuvo muy lejos de despertar el fervor que alcanzará años más tarde.

El coro Aleluya

El oratorio está compuesto de tres secciones, en que se alternan coros, recitativos y arias. El célebre coro Aleluya, que el autor ya había utilizado en versiones menos elaboradas en dos composiciones anteriores, se canta al final de la segunda parte.

Si bien el oratorio no constituye propiamente una historia sagrada, se acostumbra representarlo para Semana Santa, o Navidad. No es el caso del video que aquí se presenta, en que la agrupación coral canadiense Niagara Chorus irrumpe un día cualquiera de noviembre –flashmob mediante– en un centro de comidas para sorprender con música del mil setecientos a las decenas de despreocupados parroquianos que disfrutan de sus contemporáneas hamburgers y french fries.

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Written by Terraplén

Terraplén, revista de arte y cultura