Nuevos lugares y no lugares de Richard Brautigan

Sin título2 - Nuevos lugares y no lugares de Richard Brautigan
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1. Introducción a 30 de junio, 30 de junio

 

¿Cómo describirías a los norteamericanos si sólo existieran sus dibujos animados? ¿Colocarías en la misma balanza a sus cantantes de pop y a sus comandantes en jefe? ¿Cambiarías un pedazo de pastel de limón por una moneda de un cuarto de dólar acuñada en 1991, tu pantalón favorito por un párrafo de su constitución, el filo de tus uñas por saber el significado de sus agencias de seguridad?

Imagina los cuadernos de Historia de los niños de primer grado en el siglo XXIII, cuando en Japón hayan fundado Nueva Hiroshima y Nueva Nagasaki. Entre los datos que se derivan de las explosiones nucleares, aparecerán fragmentos de poetas y novelistas nipones y tal vez como una bella errata como este final de un poema de Brautigan:

Un día tomé un avión y volé a través de Océano Pacífico. Estos poemas son el resultado de lo que pasó cuando me bajé del avión y puse un pie en Japón. Los poemas tienen fecha y forman una especie de diario.

Son distintos de otros poemas que escribí. Aunque creo que lo son, pero probablemente soy la última persona en el mundo que puede decirlo. La calidad de los poemas es desigual pero los publiqué todos porque son un diario que expresa mis sentimientos y emociones en Japón y lo que uno vive a veces es desigual.

Están dedicados a mi tío Edward.
Están dedicados a todos los tíos Edward japoneses a los que se les quitó la vida entre el 7 de diciembre de 1941 y el 14 de agosto de 1945 cuando terminó la guerra.
Eso fue hace treinta y un años. Ya pasó casi un tercio de siglo. La guerra terminó. Que los muertos descansen en paz eternamente, esperando nuestra llegada.

 

2. El expreso de Hillary

 

La mujer a tu izquierda no te entiende, las aeromozas menos. En la aduana te dejan entrar sólo por las cartas de invitación. No logras pedir fuego o la hora. No sabes cómo parar un bus. En el hotel te dieron una habitación para una familia de 20 y te cobraron el triple. La primera noche no sales. Después de unas semanas sientes que tu extranjería disminuyó.

 

Acabo de pedir mi primera comida

arroz con curry

yo solo, en un restaurante japonés.

¡Qué triunfo!

Me siento como un chico dando

sus primeros pasos, tambaleante.

¡Monte Everest, cuidado!

 

3.Misteriosa historia a lo Dashiell Hammet

 

Mi mejor amigo vivió unas semanas en Tokio hace un par de años. En un bar de salsa conoció a una chica. No hablaban, él no entendía japonés, ella no sabía inglés, el francés y el italiano que conocían no los ayudaba. Improvisaron algunas señas y gestos. Sí, un parpadeo. No, dos parpadeos. Mi amigo temía que el tic de la infancia regresara en ese momento. Decidieron pasar la noche juntos. Mi amigo recordó que no llevaba condones. No lograba explicar ni a su amiga ni al taxista lo que necesitaba. La chica se durmió y la cifra del taxímetro era enorme. En la recepción del hotel vendían anticonceptivos, mi amigo compró dos paquetes que se convirtieron en uno de sus souvenirs más queridos.

 

Cada vez que salgo de mi cuarto de hotel

acá en Tokio

hago las mismas cuatro cosas:

me aseguro de tener mi pasaporte

mi cuaderno

mi lapicera

y mi diccionario inglés-japonés.

 

El resto de la vida es un completo misterio.

 

4. Cosas para hacer una noche aburrida en un hotel de Tokio

 

Subes y bajas en el elevador, apuestas tu dinero mental a que la niña con el vestido morado va al piso 42, que la pareja con patines al lobby y que el botones preguntará por tu salud. Pierdes. Vas a la piscina y el instructor está con un hombre que tiene una gran y reciente cicatriz en el pecho. En el restaurante la cajera que te gusta te dice hola y tú por los nervios no le respondes. Compras un paquete de cigarros que le regalarás a tu hermana cuando regreses. Antes de meterte a la cama revisas tu maleta.

 

saco mi pasaporte,

miro mi fotografía

(no muy buena, etc.)

 

sólo para ver si existo.

 

5. Publicidad

 

Le dije que de Coppola solo me gustaba Las vírgenes suicidas y el inicio de Lost in translation. Ella se terminó su trago y se puso a hablar con mi ex. Fui a la cocina donde encontré a un compañero de la universidad. Terminé cerca del baño, donde he vivido las fiestas desde mi juventud. Ella y mi exnovia entraron a una de las habitaciones, tardaron mucho en salir. Las imaginé en distintas posiciones sexuales. El departamento se convirtió en mi cabeza en un comercial de whisky. A las cinco am salí, en la esquina las encontré y les propuse que compartiéramos el taxi. Durante el trayecto nadie habló.

 

Me gusta este taxista,

que corre a través de las oscuras calles

de Tokio

como si la vida nada significara.

Me siento igual.

 

 

 

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Written by Jorge Posada

Jorge Posada

Jorge Posada (1980). Autor de La belleza son los aeropuertos vacíos (Liliputienses, España, 2013), Adiós a Croacia (Zindo & Gafuri, Argentina, 2012) y Costa sin mar (UAM, México, 2012) En 2014 publicó los cuadernos Desglace (Aguadulce, Puerto Rico) y Canciones de la dependencia sexual (Bongobooks, Mexico). Es coautor junto a la fotógrafa Vanesa Capitane de Youthland (Clickpress, EU, 2015). Colabora en Playboy, Punto en línea (UNAM), Transtierros, Poesía Mexa y VozEd.