Imágenes de Michel Tournier

sin titulo - Imágenes de Michel Tournier
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

La primera vez que supe de la existencia de Michel Tournier (París, 1924-Choisel, 2016) fue gracias a un libro de poemas de Francisco Hinojosa, sí, de versos, titulado Robinson perseguido y otros poemas (Cuadernos de La Orquesta, 1988); en ese texto lírico de varias estancias su autor colocó, como parte del cuerpo del poema, unas líneas de una de las novelas más conocidas del autor francés: Viernes o los limbos del Pacífico (1967), su primera novela escrita a las 43 años de edad. Se trata de una bella y desasosegada oración que arranca con este furor verbal: “Sol, libérame de la gravedad. Lava mi sangre de los humores espesos que me protegen, es cierto, de la prodigalidad y de la imprevisión…” Ahora que vuelvo a leer el poema adánico de Hinojosa pienso en los poemas de Álvaro Mutis, un poeta que mi generación leía con cierto fervor y que, actualmente, su literatura toda, atraviesa una temporada de purgatorio en los gustos veleidosos de la moda literaria. Por supuesto, como en la de Tournier, en la obra de Mutis y en el poema de Hinojosa se hace literatura de la literatura. ¡Pero qué portento el de las piezas que escribió el narrador galo bajo esta poética demasiado literaria! Por otra parte, pronostico que libros como Caravansary, Los hospitales de ultramar y Las nieves del almirante, del poeta colombiano, habrán de regresar con mayor brío y hechizo para sorpresa de las nuevas generaciones de lectores y escritores.

No recuerdo por dónde empezó mi adición irrestricta por este escritor, alumno de filosofía de Gastón Bachelard y de antropología de Claude Lévi-Strauss, especialista del arte de la fotografía, amigo de Gilles Deleuze y Pierre Boulez, a quien sólo se le podría recriminar que arribara a la literatura “un poco tarde” por andar perdiendo el tiempo en la radio y en la televisión. Además de autor de novelas exitosas y exigentes en sus planteamientos narrativos, Michel Tournier es ameno, lúdico y brillante ensayista. Tal vez mi iniciación ocurrió con la citada novela, su primera de una larga colección, por la que recibirá en 1967 el Premio de la Academia Francesa; el tema de la obra es una reescritura al Robinson Crusoe (1719) de Daniel Defoe, con variantes y añadidos que enriquecen la trama del náufrago por excelencia y, muy particularmente, por el protagonismo dado a su compañero de soledad, el aborigen Viernes, dotado para este ramake de nobleza y de malicia.

¿Escribiría Michel Tournier su ópera prima como una respuesta al cuento “Pierre Menard, autor de El Quijote” (1939) de Jorge Luis Borges? La literatura como un juego de espejos, sí, “el juego angustioso de un espejo frente a un otro” diría Villaurrutia. Después del Robinson de Robert Louis Stevenson, vendría el poema “Imágenes de Crusoe” de Saint-John Perse, citado a modo de epígrafe por Francisco Hinojosa en su libro citado donde el lector se encontrará “el cuerpo de Crusoe recalar en las orillas, cercano a un pez que había iniciado ya su ciclo vegetal. / Flotaba sin sus gruesas pieles de cabra, / desnudo ya de tres milenios de lunas occidentales.” Escribo sobre estas vivificantes derivas literarias y pienso en el cuadro El guitarrista ciego del español Pablo Picasso que dio la pauta para que Wallace Stevens escribiera los poemas de El hombre de la guitarra azul los cuales, tiempo después, llamaron la atención de la musa visual del pintor inglés David Hockney al grado de comenzar una serie de aguafuertes que titularía con el mismo nombre que la serie lírica del poeta norteamericano; ante ese ir y venir de los valores y prestigios consolidados, me atrae escribir una poemas en prosa alrededor de las piezas de Hockney esperando que en el futuro inmediato se han tomados como impulso por otro artista plástico. Cuando lo haga pondré un aviso de ocasión en El segunda mano.

Tal vez la obra de mayor difusión de Michel Tournier sea El rey de los alisos (1970) con la que se hizo merecedor del Premio Goncourt en 1970. Una novela ambientada en los años de la Alemania Nazi sobre la vida de un reclutador de las juventudes hitlerianas, una suerte de gigante-ogro que arrebata jóvenes y niños a las familias mientras recorre las pequeñas ciudades alemanas. La novela trae a cuento un poema de Goethe y un lieder de Schubert sobre la leyenda popular en torno de un espíritu maligno que habita los bosques pantanosos donde crecen los alisos. En 1995 el director germano Volker Schlöndorff hizo una adaptación cinematográfica al libro de Tournier bajo el título de El ogro teniendo en el papel del monstruoso reclutador de infantes a John Malcovich.

En México, el poeta José Luis Rivas tradujo para el FCE una serie de ensayos reunidos en el volumen El vuelo del vampiro (1988) donde el francés escribe sobre aquellas obras y aquellos autores esenciales en su formación literaria, Flaubert, Mann, Sartre, Calvino… Otra colección ensayística relevante por su ingenio y seducción es, sin duda alguna, El espejo de las ideas (1994), publicado por la editorial española Acantilado; aquí Tournier reúne una serie de realidades antagónicas y/o complementarias, contraponiéndolas en la búsqueda de sutiles y sorprendentes correspondencias; bajo este planteamiento nos encontramos “el careo” entre el tenedor y la cuchara, la poesía y la prosa, el sauce y el aliso, la izquierda y la derecha, la hélice y la aleta… Bajo este planteamiento binario, el narrador nos propone ahondar en las categorías del pensamiento y del lenguaje llevados por el impulso inventivo de la metáfora y el símbolo, realidades siempre inacabadas.

Después de recorrer, entre el vértigo y la fiebre de una prosa sugestiva y minuciosa, sus cuentos de Medianoche de amor y sus novelas Juana y Gilles o El Urogallo me encontré tiempo después con la portentosa novela Los meteoros (1975), con personajes entrañables como el empresario de la basura Alexandre Surin y sus sobrinos gemelos, Jean y Paul, a lo largo de un discurrir sobre la sexualidad, lo monstruoso, el doble y otros asuntos altamente sugestivos. Posiblemente Surin sea una versión sublimada del alter ego de Tournier; personaje escurridizo ante cualquier clasificación, mordaz, incómodo y políticamente incorrecto, de una lucidez demoníaca, pero también, de una nobleza franciscana. En el París de la ocupación alemana sobrevive Alexandre Surin con cierto glamour, siempre a la caza de “lo prohibido” que él tiene perfectamente identificado: “Los heterosexuales son mis mujeres. No quiero otras. Tal es mi imperativo exogámico.”

El pasado 18 de enero, de este 2016, murió Michel Tournier, el escritor insignia de la novela francesa, candidato al Premio Nobel de la literatura en varias ediciones. Año cruel para las letras francesas dado que, seis meses después, moriría también su poeta mayor, Ives Bonnefoy (1923-2016). Como ya no habrá una nueva novela de Tournier, no obstante que algunas me decepcionaron con honores —Eleazar o el manantial de la zarza, por ejemplo, guardo para un futuro que ya asoma la coronilla una obra que ya su título es una invitación al viaje y al mito: Gaspar, Melchor y Baltasar (1980); anoto el íncipit de la novela como una posible carnada para un potencial lector: “Soy negro, pero soy rey. Tal vez un día haré grabar en el tímpano de mi palacio esta paráfrasis del cántico de la Sulamita Nigra sum, sed Formosa.”

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Ernesto Lumbreras (Ahualulco de Mercado, Jalisco, 1966). En el 2008 aparece Caballos en praderas magentas. Poesía 1986-1998, (Aldus), en el 2010, Numerosas bandas (Mantis Editores) y en el 2012, Lo que dijeron las estrellas en el ojo de un sapo (Bonobos). En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por el libro Espuela para demorar el viaje (Joaquín Mortiz-INBA, 1993), en 2007 el Premio Nacional Testimonio Chihuahua por La ciudad imantada. Vida de Milton Vidrio (Ficticia, 2008), en el 2013 el Premio Nacional de Ensayo Literario Malcolm Lowry por el volumen Oro líquido en cuenco de obsidiana. Oaxaca en la obra de Malcolm Lowry (UNAM, 2015) y en el 2014 el Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI por el libro La mano siniestra de José Clemente Orozco (Siglo XXI/UAS/Colegio de Sinaloa, 2015). Desde el 2009 circula su antología Intersecciones. Doce poetas peruanos (Calamus-INBA). Es autor del libro El ojo del fulgor. La pintura de Arturo Rivera (CNCA, 2001). En el 2013 publicó Coordenadas para una inminente catástrofe. Cinco pintores mexicanos (Filodecaballos). Ha traducido del italiano los libros Museo de sombras de Gesualdo Bufalino (Aldus, 2009) y Antes no había nada. Después comencé a imaginar mi propio jardín de Chiara Carrer (Petra Ediciones-Conaculta, 2015) Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2004.