Así fue. poemas para Juan Gabriel

Juanga1 - Así fue. poemas para Juan Gabriel
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En este número de Terraplén celebramos la memoria de Juan Gabriel, recientemente fallecido, publicando una selección de poemas del libro Querido. Homenaje a Juan Gabriel (Mantarraya, 2010) homenaje ideado y dirigido por Luis Felipe Fabre, Inti García Santamaría y Karen Plata hace seis. Querido surgió como una celebración y una oportunidad de exploración del entramado de vivencias que perviven en entorno a las canciones de este importantísimo personaje de la cultura popular hispanoamericana. Agradecemos al editor de este libro, Antonio Calera-Grobet por permitirnos reproducir aquí algunos poemas y reconocemos a la familia Calera-Grobet el esfuerzo que significó publicar y costear esta compilación. Agradecemos, por supuesto a los poetas Karen Plata, Yaxkin Melchy, Iván Ortega López, Luis Felipe Fabre, Dolores Dorantes y Juan Carlos Bautista. Agradecemos igualmente a Horacio Warpola quien nos prestó su imagen para ilustrar la cabecera de esta selección.

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No me vuelvo a enamorar

No me vuelvo. No vuelvas. No quiero ir. No me vuelvo para no. Aunque no sé qué es el olvido. Muñeca fea, ya no sirves. Muñequita rota. No vuelvas. No me vuelvo. Los mapaches no te tocan, las agujas sí. Tengo tres en la espalda y una en el corazón. Tengo al diablo cerca. Ya no hay vacas en mis sueños ni nieve ni nada blanco. Me queda una casita sin muebles y dos pares de ojos tristes. Me queda un diablo sonriendo en el patio porque no tengo paciencia. Me acostumbraste a verte mucho. Yo pude ignorarte toda la vida. Tú, lo mismo. Muñeca reza. Dime, cuantas veces debo irme para no volver. Di, dime, muñequita tonta. No te vuelvas a enamorar. No vuelvas.

Karen Plata

El corazón del Norte

(Querida)

Juan Gabriel se llama una estrella, me lo dijo mi madre

JG es una estrella escrita por una máquina que escribe estrellas.

Me da las buenas noches y no le hago caso

en mi corazón su corazón está ahogándome.

Tengo miedo de Juan Gabriel, estrella de la muerte

acercándose a mi galaxia,

aunque sé que está en Estados Unidos bailando como una estrella blanca con la espalda azul

y me adueño de sus canciones

porque nadie es tan egoísta para estar muy triste

de que la hayan robado las palabras como las flores de un estante.

Canciones con los trozos de mi madre que vive en un ataúd

y para poca mi vida en el espectro de las fuentes

y en los fantasmas del colegio

y los perros se abalanzan a mí, pero yo sigo dando vueltas

y tomo el bus que va de mi casa chiquita al pueblo chiquito.

Juan Gabriel se llama una estrella, me lo dijo mi madre.

Querida

querida corazón

querida repartida de mi corazón

querida que dirá que me vio dormir

querida salitre

querida eterna

cuándo vuelves

querida en mi corazón espina

querida amor bazuka

soledad amor querida ven

querida estrella de la muerte

cuando llegue la madrugada

no me olvides querida sol

Yaxkin Melchy

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Sour Times

(Costumbres)

Aunque ya no sientas… El tic-tac de los tic-tac chocando con los dientes. Me cuesta mucho trabajo peinarme los domingos. Ya no sientas más amor por mí (take a ride). Sólo rencor yo. Y suelo estar lejos mirando cómo tomas tu helado sentada en la sombra. Un escorpión que brilla como pasta de hojaldre (take a shot now). Rencor yo tampoco tengo. Durante el desayuno me gusta ver el mundo a través del agujero de los froot loops. Una cortina de papel. Quiero un mundo donde todos los granos de arroz tengan su código de barras (cos’ nobody loves me). Yo tampoco tengo nada (it’s true). Y quiero que sea verano sin que me despierten los ladridos de los perros. A veces necesito que vengas a recordarme si mi cabeza es un frasco de vitaminas o solamente un poste de luz en un sábado por la noche. Me haces sentir como un invertebrado. Nada qué sentir (not like/you do). Un tumor de leche como postre.

(Aunque ya no sientas más amor por mí.

sólo rencor,

yo tampoco tengo nada que sentir

y eso es peor.

Pero te extraño,

cómo te extraño)

Iván Ortega López

Glamour eterno

(Amor eterno)

Sale Rocío Durcal en la tele cantando “Amor eterno”.

Lo que no sale en la tele:

una botella de whisky en el camerino.

Canta Rocío Durcal:

“… que tus ojitos / jamás se hubieran

cerrado nunca y estar mirándolos…”

Canta Rocío Durcal

y su vestido de infinitas lentejuelas

chispea bajo los reflectores

como un vestido de infinitas lágrimas.

Luis Felipe Fabre

El Noa Noa

Esto no es poesía. Un día intenté (como intento siempre) fundar una revista que se titulaba Adán Luna en el Bum Bum. Pretendía ser una revista temática (como tantas otras revistas temáticas: brillante idea). El tema del primer libro era la misoginia (una planta que ustedes conocen muy bien) y empezaba con un relato de Peter Sotos. El relato describía (en primera persona) a un obsesivo que obligaba a “su mujer” a masticar navajas de afeitar. Pensar en que aparecería una revista reflejando una época en este desierto (y a la vez un insulso homenaje a los mejores tiempos del verdadero cabaret) me hacía recordar las fotos del álbum de mi amiga Lupe, que hojeábamos al regresar de la secundaria. Lupe tenía fotos de su tía con Juan Gabriel (no me pregunten quién era su tía, muy apenas recuerdo a Lupe y Mabel —ambas huérfanas y maltratadas por su padre—. Esto es

En Ciudad Juárez siempre hay alguien que tiene fotos con Juan Gabriel. Juan Gabriel caminaba por la avenida Juárez (en paz descanse la avenida Juárez, la Mariscal y su desnudista de una sola pierna —esa prótesis que nos quitaste, Calderón) con su cuerpo perfecto, su rostro perfecto: (un Dios)

Adán Luna en el Bum Bum nunca vio la luz. La estaba produciendo junto al amante imbécil que intentó estrangularme en un par de ocasiones y a quien, después de una especie de asfixia sexual (de rodillas) le pedí matrimonio. ¿Hay otra manera de relacionarse en “este lugar de ambiente”, querido Juan Gabriel? lo que dictan las circunstancias

Nos haces falta, falta

Yo no nací para amar

Ciudad Juárez. Chihuahua. Abril 2009.

Dolores Dorantes

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Yo no nací para amar

A mis dieciséis anhelaba tanto un amor que no llegó

I

Juanga, has venido por mí

me sacudes del hombro, me dices levántate

Traes la Andrómeda como capa

y una corbata que es una serpientes de rubíes

Toda la rabia es tuya el dolor toda la vida

Pero yo, tan pequeña, tu hija trémula

Pero yo, nacida de patanes ignotos

y conjeturas urdidas desde el sopor

no puedo no: yo no nací para amar

Y giras

estás girando

derramas tu fuego tus gotas de miel tus lágrimas

Me dices levántate

el rímel te chorrea

la sangre

te azota la música

el viento de la memoria te azota

Y giras

estás en tu tercera estación

intacta para la barbarie

me dices levántate

Pero yo (mi mano lenta mi cuello duro mi visión adormecida)

te lo repito madre mía:

Yo no nací para amar

II

Tres veces caí

y mil veces volví a hundirme en ese gozo

Tú me enseñaste el corazón del huracán

estábamos bailando una cosa que dolía

y mil lunares gitanos se pintaron en mi cuerpo rojo:

Madre, te dije,

yo sé que soy una mala perra

que mis erecciones me pegan a otros perros

que soy mala y peor que mala: soy aburrida

Pero también sé que tu me cantas

sabré del dolor y sabré del olvido

sabré de mi cuerpo

Antes de que cese la música

antes de que pare tu melena

y tus manos se detengan en el aire

antes que toda tu locura sea nada

dímelo

dímelo:

¿Yo no nací para amar?

III

Vinieron de los pueblos y de las ciudades,

vinieron de los arrabalesy las colonias elegantes

para verificar el milagro de mi cuerpo

pues de mi pecho

desde mi pubis

de mis brazos y de mi cuello

me nacía una jota bella y alta como un árbol

de mi cuerpo destruido de mi mala cadera

una loca florecida estallaba

rápida y caliente como un viento

hija del grito, desde las mejillas

y con los pies negros de tierra buena

Tú dijiste levántate

y fui hasta la rocola, hice girar las selecciones musicales

eché una moneda

y otra vez viniste a mí, Madreterna

a poner

en mi corazón

furia y tristeza en porciones exactas

IV

Yo no nací para amar

                           nadie

                   nació para mí

tansólofui

                               Un loco soñador nomás                 yo no

nací para amar

                                                                    nadienacióparamí

missueñosnuncanuncanunca

s e   v o l v i e r o n   r e a l i d a d

V

¿Oyes madre

cómo el viento de la noche viene

arrastrando mi corazón y mi cabeza

mis huesos y mi hígado? ¿cómo se enredan

mis cabellos en los cables y tiemblo?

¿cómo empequeñece mi sexo y se quema y es ceniza

otra vez para mi frente?

¿oyes mi sangre su ruido su mala sintonía, madre?

Tú también cantas, estás cantando,

ay de mí

esa cancioncita que es como un rencor

que me corroe como si me conociera de siempre

IV

De un lado las locas

recargadas en la pared como floraciones

colgándose unas de otras

hombros enloquecidos

De un lado las locas

con los cuellos trenzados, las caderas secas,

y esas manos tan así

Y enfrente

(la casa era pequeña

y nos separaba apenas una salita de formaica)

enfrente, los mayates torvos

los oscuros mayates con sus manos de plomo

sus labios mordidos y sucios

y ese bultazo del terror

Tanto nos odiábamos que el deseo

crecía entre nosotros como una maleza

Yo era una niña

y mi cuerpo tierno

era un conejito

Bailábamos y bailábamos

hasta que el junco de nuestros cuerpos

se doblaba de sudor

Bailábamos y bailábamos

La noche quemándose viva

hasta que tú te erguías, ya al amanecer,

y cantabas:

Cantabas esa cosa amarga

maricona

esa dulzura llena de sal y tierra

Y hasta los mayates temblaban, ¿los viste?

con su jugo sacaroso escurriendo a lo largo de la piedra

las locas abrazándose en el lloro

por sus hijos muertos por su locura inminente

sus cuerpos doblándose

como negros pirús

ay

como reinas enjoyadas por la desgracia

IV

La noche aullando

luego el silencio

el beso del alcohol

—entonces Juanga vino hasta mí y me dijo:

mírate: estás acabada

tanto dolor no puede ser cierto

un dolor así, de escaso talento,

sólo te dejará, hija mía, costumbres de vaca

Sacúdete

deja de canturrear

deja que la rabia te estalle entre los dientes

y su sabor te escosa el borde azul de los labios

El long play no era tan largo, después de todo

Estás vieja ya

ven, amorcito

vamos a caminar hasta caer rendidas

y entonces decidiremos

Juan Carlos Bautista

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