«Asia Récord» (texto dramático para niños, última parte)

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Personajes

 

Lucía (9 años)

Eduardo (8 años)

Crescencio (52 años)

 

IX

Noche. Dos cuartos semi-habitados de una casa en ruinas. En medio de la penumbra, se alcanza a vislumbrar un enorme mapa de China con posibles rutas marcadas, dibujado sobre la pared. En un rincón, varios retratos velados y cámaras de todo tipo; todas ellas inservibles y rescatadas de algún basurero. También una pequeña tornamesa. Crescencio enciende la luz y deja a Lucía en un rincón. Toma un trapo y comienza a frotar la herida de Eduardo, él grita.

Lucía: Perdón. ¡Perdón, Lalo! ¡Yo no quería!

Crescencio: ¡Silencio! Escuchan, rastrean. Todos buscan. La zona sucia. Todos preguntan.

Eduardo: Me. Me voy a morir.

Crescencio: No. Imposible morir. No así. Nunca.

Eduardo: El Sope lo dijo, “si te corto las venas, rotoplás, te juro que te mueres”.

Lucía: Ésas no.

Eduardo: ¿No? (Crescencio traza con sus dedos, un camino sobre su muñeca.)

Lucía: Perdón. No quería lastimarte.

Crescencio: ¡Ustedes dos! ¡Juntos! ¡Ahora!

De un rincón, Crescencio toma una cámara. Toma una foto y se encierra en el cuarto contiguo; un pequeño espacio que funciona como cuarto de revelado.

Eduardo: Tenemos que irnos. (Pausa.) Está cerrado.

Lucía: (Observa el mapa.) ¿Ves? Sabe cómo llegar.

Eduardo: (Susurra.) Tenemos que escapar. Mira. (Señala su mano.)

Lucía: No quería.

Eduardo: Tú te enojaste y mira. ¿Sabes qué nos va a pasar si él se enoja?

Lucía: (Pausa.) No me crees.

Eduardo: Tenemos que salir. Por favor.

Lucía: Sabe cómo llegar. Lo vamos a lograr. ¿Qué haces?

Eduardo: Tenemos que encerrarlo.

Lucía: No es malo.

Eduardo: Prometiste que ya no me ibas a pegar. (Susurra.) Y él está loco.

Crescencio abre la puerta. Conforme habla, comienza a seguir a Eduardo. El niño toma una de las muletas. Lucía se mueve con cautela, intentando llegar al cuarto de revelado.

Crescencio: Buscan por todos lados. Sonidos. Luces. Saben. Preguntan. ¡Fueron ustedes! ¡No sé nada! ¡Dejen de interferir!

Lucía: ¡La conseguí! ¡No miento! ¡Una igual!

Crescencio: no creo.

Eduardo llega hasta Lucía, entran al cuarto y se encierran. Crescencio trata de abrir.

Crescencio: ¡Salgan! ¡Juntos! ¡Ahora!

Lucía: ¡Ay! (Se escucha el caer de varias cosas.)

Crescencio: No. ¡Mis cosas no! Es detector pero es trabajo. ¡Deja! ¡Mis cosas no! ¡Salgan!

Lucía: ¡La conseguí! ¡Está en mi mochila! ¡Es igual!

Crescencio revisa en el cuarto, encuentra la mochila y dentro de ésta, una cámara instantánea. Busca los rollos entre sus cosas, comprueba que la cámara sirve.

Lucía: Vendí mis cosas: walkman, discos de colección… ¡era una sorpresa!

Crescencio: Buscan por todos lados. Saben los planes.

Lucía: Mi película original y mis disfraces. Tomé todo el dinero del cajón de mi mamá. ¡La encontré, Fotos! ¡Es igual!

Eduardo: Es mi culpa. Pensé que mi papá estaba en el barrio chino. Encontramos una foto y pensé que podía preguntar. Sólo (pausa.) quería que estuviera allí. (Por la ranura de la puerta, le pasa la fotografía a Crescencio.)

Crescencio: ¿Puedo confiar?

Eduardo: Sólo quería que estuviera allí. A veces. A veces imagino que si él estuviera, todo sería… a lo mejor no sería así…

Lucía: Prometiste llevarnos.

Crescencio: Salgan. ¡Ahora!

Lucía y Eduardo: No.

Crescencio: Pueden confiar. Prometido.

La puerta se abre, Eduardo y Lucían usan la muleta como escudo.

Crescencio: (Toma una foto con la cámara instantánea. Unos segundos y comprueba que salen bien en la foto.) La zona. Todos saben. Rastrearon el plan y las coordenadas.

Eduardo: Lucy, ¿y si mi mamá está preocupada? A ella sí le importo.

Lucía: ¡A tu papá también!

Eduardo: ¿¡Y por qué no me busca!? ¡No lo encontré! ¡No importa! (Pausa.) Sólo quería verlo. Aunque fuera de lejos. (Pausa.) Saber cómo es.

Crescencio: Yo sé. Hace mucho. La foto. Fui yo. Sólo trabajo. Sin Ellos y sin ondas. Yo la hice. No era detectora, sólo trabajo. (Pausa.) Él… es… tierra amarilla.

Lucía: ¿Ves? Es como mi sueño. ¡Lo sabía! Estábamos en medio de un montón de bambús, de repente, se nos acerca un oso panda y nos dice, (pausa.) “Estoy… en la tierra amarilla”.

Eduardo: Estás mintiendo.

Lucía: Nunca me dejaste decírtelo. Es verdad.

Crescencio: Yo sé dónde. Yo vi. Siempre de la mano con ella. Chino. Sé quién es. Está allá. Es tierra amarilla. Sólo duerman. Sean silencio. Mañana estamos allá. Sin ondas ni frecuencias. Otro lugar. Lo prometo.

Los niños se acomodan en el cuarto y tratan de dormir.

 

X

Madrugada. El cuarto está casi vacío. Crescencio, en un rincón, recorta varias fotografías. Observa el mapa. Lucía se levanta.

Crescencio: ¿Interceptan? ¿Sientes ondas?

Lucía: No puedo dormir. (Pausa.) Cuando estemos allá me voy a quedar contigo. Un tiempo.

Crescencio: No. Hay mucho peligro. No.

Lucía: Es peor estar con (pausa.) ella. Siempre me encierra y me da de chanclazos. Quiero estar contigo. (Crescencio niega.) No me puedo quedar con Lalo. Después de resolver su caso, tengo que encontrar… al mío. Es más fácil. Sólo tengo que esperar a que toque allí otra vez. (Busca en su mochila, le enseña un recorte de Ringo.) Es (pausa.) mi papá. (Crescencio observa la foto.) Ella no quiere que lo vea.

Crescencio: Regresa. Es tu mamá.

Eduardo se despierta, los observa sin que se den cuenta.

Lucía: (Niega.) Ahora sí me va a sacar de la escuela. Me va a encerrar y nunca voy a poder salir. No la conoces. (Pausa.) Con él no va a ser así.

Crescencio: A veces. A veces nunca hay nadie. Estás solo. Está bien pero a veces no. Antes no estaba bien. Ella te cuida.

Lucía: Sólo me lleva al doctor. No hace nada bonito.

Crescencio: ¿Nunca?

Lucía: Quiere que vaya bien en la escuela y no me explica de quebrados.

Crescencio: Puedes. Tú sola. Entender sola.

Lucía: Ringo me va a enseñar todo eso.

Crescencio: (Señala sus fotos.) Aprendí. Solo. (Ella lo observa sorprendida.) Pones atención. Miras cómo hacen. Preguntas. Sin Ellos rastreando. Es bueno cuando hay alguien. Sí. Mucho. Y lo debes cuidar.

Lucía: No quería lastimar a Lalo.

Crescencio: Ella puede no estar. Pero sí está.

Lucía: No sirve. Todas son unas brujas.

Crescencio: Me hubiera gustado. Mucho. Sí. No importa si es bruja. Es mejor que solo. Pero aprendes. Aprendes solo. Está bien.

Lucía: A veces canta. (Pausa.) Lo hace horrible. Have you seen little piggies/ Crawling in the dirt? Siempre dice que soy su puerquito.

Crescencio: Está pero puede no estar. ¿Entiendes? (Busca entre sus cosas y encuentra un disco. Se lo muestra a Lucía.)

Lucía: A todos les gustan los Beatles.

Pone el disco en la tornamesa y suena A day in the life. Eduardo se acerca. Crescencio toma todas las fotos, ilumina el mapa trazado de China. Sobre éste, pega el recorte de Ringo. Comienza a rodearlo de fotografías que muestran paisajes orientales tomados de la ciudad; pagodas coreanas de Chapultepec, el parque Masayosho Ohira de General Anaya y el jardín del Atrio de San Francisco. Pandas y leones de papel capturados en el barrio chino comienzan a poblar el paisaje.

En éste, se traza la historia de un viaje.

Crescencio toma una fotografía velada y sobre ésta escribe su propio nombre. Las fotos de los niños también entran a escena y comienza la travesía: esquivan leones y osos pandas. Una foto velada sobre la que Crescencio escribe “papá” aparece al otro extremo. La foto de Eduardo atraviesa el paisaje y llega hasta él. La foto de Lucía también hace un recorrido hasta encontrarse con Ringo. Con el plumón, Crescencio dibuja alrededor notas musicales y ninjas abatidos tras el camino de Eduardo. Deja que los niños observen el mural y luego, apaga la luz.

 

XI

Primeras horas de la mañana. El cuarto está vacío. Sobre el mapa está escrito una nota: “Coordenadas: Parque. Túnel a las 6:00” Ambos niños miran sorprendidos.

Lucía: Tenemos que llegar.

Eduardo: ¿Y si vamos a mi casa?

Lucía: ¿Qué?

Eduardo: Él dijo que tomó la foto. ¿Y si me mintió? Tengo que buscarla.

Lucia: No.

Eduardo: Por favor. Agarro el álbum y nos vamos. (Pausa.) Así no va a poder decir que no soy su hijo.

Lucía: ¡Si dejas una carta o les avisas, ahora si te voy a…! ¿Todavía te duele la mano? (Eduardo niega.) Sólo vamos por eso y ya.

XII

Tarde. Condominio habitacional. Del otro lado de la calle, Lucía y Eduardo observan con dirección a sus casas que son contiguas. Little piggies suena a todo volumen.

Lucía: No puede ser.

Eduardo: ¿Qué haces?

Lucía: Tenemos que irnos.

Eduardo: Entro y busco, ándale, busco y ya…

Lucía: ¡Sht! Escucha. Sabe que estamos cerca.

La madre de Lucía sale de su casa; es una mujer joven de apenas unos veintisiete años. Se para frente a la puerta y mira en todas direcciones; fuma compulsivamente y aferra su mano izquierda a un saco militar color rosa, idéntico al que usa Ringo Starr en la portada de Sgt. Pepper’s….

Lucía: (Susurra hacia su madre.) Ni creas que con eso me vas a convencer. (Pausa.) Vámonos, Lalo.

Eduardo: Necesito encontrarla.

Lucía: ¡No necesitamos una tonta foto! Estamos a un paso. Te doy tres. ¡Piensa en él! ¡Por fin vas a conocerlo! ¡Una! (Tira las muletas y brinca a la espalda de Eduardo.) ¡Dos…!

Eduardo: ¡Tres! (Corre a toda velocidad con Lucía a cuestas.)

XIII

Tarde. El parque. Lucía y Eduardo llegan agitados a la banca.

Lucía: Ayúdame. Tenemos que hacer el túnel. (Desesperados, comienzan a remover la tierra.) ¿Les dijiste? (Eduardo niega.) Nos están buscando.

Eduardo: ¿Y si están muy preocupadas?

Lucía: Me dijo que había tirado ese saco.

Eduardo: ¿No la vas a extrañar?

Lucía: (Pausa.) Nada

Eduardo: (Pausa.) ¿Por qué quieres que lo encuentre?

Lucía: Para que te enseñe cosas.

Eduardo: Quiero la verdad, lucy. ¡Deja de mentir! ¿¡Por qué quieres que lo encuentre!?

Lucía: (Pausa. Observa a su alrededor.) ¡Lalo! ¡Ahí está! ¡Fotos! ¡Fotos!

Eduardo: ¿Por qué viene con mi…?

Lucía: ¿¡Qué!? ¿Es tu mamá?

Eduardo: ¡Nos mintió!

Los niños observan a su alrededor.

Lucía: Nos tienen rodeados. (Eduardo la toma de la mano, se esconden debajo de la banca.)

Lucía: ¡Maldito Fotos! (Ambos niños miran expectantes.) Pensé. (Pausa.) Quería encontrarlo porque pensé que si resolvía tu caso… también iba a poder resolver el mío.

Eduardo: Y yo creí que sí lo íbamos a resolver.

Lucía: ¿Qué haces? ¡No lo necesito! ¡Suéltame!

Eduardo: (Canta.) Hey, Jude, don’t make it bad… (Observa la reacción de Lucía.) Si no te gustan los abrazos… Hey, Jude, don’t make it bad…

Lucía: Take a sad song and make it better… (Pausa.) ¿Por qué ésa?

Eduardo: Es la única que me sé. (Pausa.) Remember to let her into you heart…

Lucía: Then you can start to make it better…

Lucía y Eduardo: Hey, Jude, don’t be afraid… (Se abrazan.)

 

XIV

Tarde. Habitación de Lucía. Montones de cajas por todos lados; fuera de éstas, únicamente queda un espejo. Lucía entra a su cuarto, lleva puesto el saco militar color rosa y sostiene un walkman. Lo enciende y se escucha la voz de Crescencio a todo lo que da el pequeño aparato.

Crescencio: Lucy. (Pausa.) Lucy.

Lucía: ¿¡Qué!? (Busca entre las cajas. Con un plumón, dibuja en el espejo algo parecido al rostro de Ringo.)

Crescencio: Tuve que hacerlo. (Pausa larga.) Tengo que ir allá. Solo. Siempre así. Solo. Un día. Otro lugar. Todo está bien. Tengo una detectora. Gracias. Gracias, Lucy. (Ella, resignada, sonríe.) La zona no es segura. Perdón. Tú no. Pareces sola pero no es así.

Lucía: Ya sé. (Intenta que su nariz coincida con las líneas del espejo.)

Crescencio: Cuida. Cuida eso. ¿Sí? Cuídate de Ellos. Sí. También. Éstos son detectores. Póntelos. Ayudan y alejan. (Pausa.) Escucha. (Pausa larga.) Adiós. (Comienza a sonar Dear Prudence.)

De una caja, saca varios casetes; reproduce uno en el walkman. Escucha su voz.

Grabación: “Conclusión uno: todos los niños del mundo, cuando no tienen papá, crecen, viven en la calle y buscan basura”.

Lucía: (Detiene la grabación. Pausa. Graba nuevamente.) “Eres lo único que tengo… A… Ana Lucía”. Eso… eso dijo ella. (Pausa. Observa el espejo.) A ella también le hubiera gustado que fueras tú.

Detiene la grabación. Se mira en el espejo. Regresa la grabación, se escucha “…eres lo único que tengo”. Detiene la grabación. Varias piedras chocan contra su ventana.

Eduardo: ¡Lucy! ¡Abre! ¡Soy yo!

Lucía: ¡Lalo, pensé que…!

Eduardo: Toma. ¡Agárralo bien! Voy a sacarte de ahí.

Lucía: Mañana me voy.

Eduardo: ¡No! Podemos esconderte en el clóset. Te subo comida sin que nadie vea y te presto ropa. Sólo un mes. ¡Tenemos que ver a Ringo! ¡Toma!

Lucía: ¡Ay! ¡Qué te pasa! ¿¡Me quieres matar!?

Eduardo: Es un regalo de (pausa.) mi papá.

Lucía: ¿¡Qué!?

Eduardo: Me llevaron con él.

Lucía: ¿¡Lo conociste!?

Eduardo: Sí.

Lucía: ¿¡Y!?

Eduardo: No es chino. Sólo vive lejos. (Pausa.) Y es muy grande… y feo. Lucy, ¿tengo los ojos chuecos?

Lucía: ¿¡Qué!? No seas tonto.

Eduardo: No quiero parecerme a él. No quiero. No quiero.

Lucía: Tú nunca vas a ser feo.

Eduardo: No por eso. ¿Sabes qué me dijo? (Lucía niega.) “No podía. Tuve miedo, muchacho”.

Lucía: ¡Te lo dije!

Eduardo: ¿Miedo? Yo pensé que me iba a vomitar cuando lo viera.

Lucía: ¿Y lo hiciste? (Eduardo niega.) ¿Y lloraste?

Eduardo: ¿Qué?

Lucía: Dime que no lloraste.

Eduardo: Mi mamá le contó todo lo que hicimos. Lo veía y… Él me miraba como si nunca hubiera podido hacer algo así. Mientras comíamos, me preguntaba, “¿en serio hiciste eso?”. Quería pedirle que no me dijera muchacho y entonces le grité: ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué no estás!?

Lucía: Mejor hubieras vomitado.

Eduardo: Lucy, ya no le tengo miedo al Res ni al Sope.

Lucía: ¿No?

Eduardo: Nada. (Pausa.) Mira lo que hay en el libro. En la cuarenta y nueve.

Lucía: ¡Ringo!

Eduardo: Lo compró papá. Dijo que estaba bien si te lo regalaba. (Pausa.) ¡Lucy, él tenía tres años cuando su papá se fue! ¡Ringo! (Pausa.) ¿Sabes qué quiere decir? (Lucía niega.) ¡Señales!

Lucía: (Toma su walkman y graba.) Fin del caso. Cuando un niño no tiene papá. (Detiene la grabación. Inicia.) Cuando un niño no tiene papá.

Eduardo: ¡Aprende a tocar la batería solo!

Lucía: ¿¡Así de increíble!?

Eduardo: ¿¡Sabes qué es lo mejor!? (Lucía detiene la grabación.) El señor de la tienda de discos nos dijo que (pausa.) ¡Ringo va a venir!

Lucía: ¿¡Qué!?

Eduardo: Tenemos que sacarte de ahí para que podamos verlo.

Lucía: No puedo. (Pausa.) Prometí que no iba a dar problemas.

Eduardo: No quiero que te vayas.

Lucía: Hay cosas que tengo que cuidar. (Pausa.) ¿Sabes qué pasó con Ringo cuando se separaron los Beatles?

Eduardo asiente. Ambos sonríen.

Eduardo: Sólo vamos a verlo. Antes de que te vayas. Tú y yo.

Lucía: (Pausa larga.) Pásame el cable. Después de que lo veamos, tenemos que pedirle un autógrafo en mi nuevo álbum de colección.

Eduardo lanza un cable amarrado a una piedra. Ambos lo tensan.

Lucía: ¡Espera! (Observa el espejo, intenta nuevamente que su nariz coincida con la del dibujo. Comienza a borrar la imagen de Ringo sobre el espejo y con la mano hace un ademán de adiós. Va hacia la ventana y comienza a cruzar por el cable.)

 Laura García (Ciudad de México, 1987) estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas periodos 2012-2013 y 2013-2014. Su obra “Asia Récord” fue presentada como parte del ciclo de teatro emergente organizado por El Milagro en 2015. Sus obras “Inmarcesible” y “Seda para un pez dorado” fueron publicadas en 2014 por el Fondo Editorial Tierra Adentro de Conaculta. “Inmarcesible” se estrenó en Monterrey el 21 de noviembre de 2014, bajo la dirección de Brenda Tasil y el apoyo de CONARTE. En 2011 esta obra también formó parte del ciclo de dramaturgia joven “Ola Nueva” realizado en Acapulco, Guerrero.

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