¿Acaso ya no creen en el sonido? Una reseña no especializada de Darmstadt

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El Darmstadt Internationalen Ferienkurse für Neue Musik (Curso Internacional de Darmstadt para Música Nueva), llamado también simplemente Darmstadt, es un festival de música que fue creado en 1946 por Wolfgang Steinecke, musicólogo y crítico musical alemán con la intención de poner al día a la música alemana, cuyo desarrollo, junto con el de otros ámbitos, fue suprimido de manera sistemática por el régimen Nazi.

Los cursos de verano de Darmstadt fueron el primer foro de música nueva en Alemania y gracias a las ideas radicales acerca de la música y estética de personalidades que visitaron el curso tanto del mundo de la música como de la filosofía, como Theodor W. Adorno, Carl Dahlhaus, Edgard Varèse, John Cage, Karlheinz Stockhausen, Pierre Boulez y Luigi Nono, adquirió relevancia internacional y se considera hoy en día uno de los eventos más vanguardistas en el ámbito musical.

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Este año el evento duró 17 días y estuvo lleno de actividades que incluyeron conciertos, lecturas, conferencias, mesas redondas, clases de composición, de interpretación y los llamados open spaces, espacios donde los participantes pueden organizar todas las actividades antes mencionadas en un contexto más pequeño. La oferta de actividades es tan grande que resulta imposible experimentar cada una de ellas. Intentaré nombrar las más importantes.

Una de las características más notables del festival este año fue la poca cantidad de conciertos de música puramente instrumental. En contraparte, las obras multimediales, o bien, las que pertenecen a lo que la compositora irlandesa Jennifer Walshe llamó durante su lectura en Darmstadt “La nueva disciplina” están ganando terreno. Esta vertiente, que supone ser nueva, parece más bien una especie de continuación del Fluxus de los años setenta sólo que incorporando tecnologías y medios más modernos, como el internet, smartphones, laptops, entre otros.

El festival comenzó con un concierto donde el ensamble Ictus interpretó de memoria la pieza “Vortex Tempurum” de Gerard Grisey a la que se le añadió una coreografía de Anne Teresa De Keersmaeker, que no estaba a la par ni del nivel de los músicos ni de la música. Esa característica fue predominante en el festival, ya sea que los performances e instalaciones no estaban a la par de la música a la cual acompañaban o viceversa.

Uno de los grandes eventos del festival fue el concurso de teatro musical que se organizó en colaboración con el teatro estatal de Darmstadt, donde los participantes podían enviar obras de musikteather de máximo 15 minutos, de las cuales seis fueron seleccionadas para su interpretación de entre más de 150. Después del estreno de las obras, estas fueron sometidas de nuevo a la valoración de un jurado que discutió frente al público qué obra debería ganar el primer premio, el cual consistía en una comisión de una obra de 90 minutos para la edición 2018. Después de un largo espectáculo, el jurado d y no pudo ponerse fácilmente de acuerdo. Finalmente, después de una larga discusión se declaró ganadora a la compositora israelí Sivan Cohen Elias por su pieza “.onion”.

Otra gran producción fue la opera “KOMA” del compositor austriaco Georg Friedrich Haas, interpretada en el teatro de la ciudad. Esta opera, como otras obras de Haas, se tiene que interpretar en absoluta oscuridad, lo que requiere que los músicos se aprendan largos pasajes de memoria. Para lograrla, se necesita de un permiso especial del gobierno de la ciudad, pues hasta los signos de salida de emergencia se apagan. La ausencia de luz es interrumpida en intervalos que, a pesar de ser irregulares, rápidamente permiten al público predecir con cierta certeza cuándo volverán a encenderse las luces del escenario. A pesar de ello, la música y los efectos visuales y teatrales son suficientemente interesantes para mantener la tensión en el público.

La compositora Ashley Fure, quien fue la ganadora en 2014 con el premio Kranichstein, presentó la obra “The force of Things”, que compuso por encargo del festival. Ella define el género de su obra como una opera para objetos y “una investigación de ideas de entropía y el drama innato de los fenómenos naturales, en donde se escenifica una serie de eventos músico-dramáticos centrados en objetos y no en humanos”. Esta obra fue catalogada por algunos como feminista y causó cierta polémica por su contenido visual, que incluía tres triángulos de tela que eran manipulados por medio de los instrumentistas a través de unas cuerdas y que algunos asistentes interpretaron como unas “vaginas voladoras”, además de ver la curva dramática de la obra como un orgasmo femenino.CON_527832356_58811_M.jpg.29669225

Independientemente de su interpretación extramusical/-visual, la profesionalidad de la ejecución de la obra que corrió a cargo del ensamble ICE de NY fue de primer nivel. Lamentablemente la búsqueda de la novedad en la forma dramática no estuvo a la altura de los sonidos y la manera de producirlos, los cuales, si bien, no fueron necesariamente un descubrimiento, sí son parte del lenguaje actual de la música.

Durante el festival hubo dos conciertos en los cuales el clarinete y el cuarteto de cuerdas eran de cierta manera extendidos, ya sea con el uso de la electrónica, video, performance, o bien, en el caso específico del clarinete, con la presentación de una nueva versión del clarinete contrabajo llamado CLEX. Este instrumento es una versión mejorada del clarinete contrabajo y fue desarrollado en Suiza por el clarinetista Ernesto Mollinari, los constructores de instrumentos de viento de madera Jochen Seggelke y Martin Suter así como por el ingeniero Daniel Debrunner. Probablemente pueda ser el principio de la próxima generación de instrumentos acústicos.

Además de la música hubieron otros temas que permearon el festival, entre ellos el papel de los géneros sexuales en la historia de Darmstadt. Esta acción llamada GRID (Gender Relationships in Darmstadt) fue iniciada por Ashley Fure quien, junto con otras compositoras y compositores, se dedicó a investigar y publicar por medio de estampas, blogs, páginas de internet y acciones, el papel que ha desempeñado la mujer en los setenta años del festival.

Uno de los personajes más interesantes del curso fue el compositor israelí radicado en Suecia desde hace 40 años, Dror Feiler, quien además de ser es el vicepresidente de la asociación Sueca de compositores es activista político. Feiler, que para muchos era un perfecto desconocido, se dio a conocer más por sus comentarios, malinterpretados como antifeministas, que por su música, en la primera mesa redonda del foro Filosofía y Arte, donde participaron entre otros Jennifer Walshe y Ashley Fure.

La música escrita de Feiler se encuentra en las fronteras de lo auditivamente soportable, es extremadamente ruidosa, disonante y prácticamente no tiene momentos de relajación, los cuales, juzgándola desde el punto de vista de la musical tradicional, buena falta le harían para balancear la cantidad del excesivo nivel de energía que tiene. Pero desde el punto de vista artístico/político, es perfectamente justificable y transmite el mensaje que se propone. Dror Feiler dice estar en contra del eurocentrismo en muchos aspectos y en particular de su manera de juzgar y crear música en la que el desarrollo del material y la forma juegan un papel fundamental.

Compositores como Stefan Prins y Johannes Kreidler también estuvieron presentes en el festival. Prins presentó el estreno del ciclo completo de su obra “Piano Hero” en el cual el papel del piano del siglo XIX es recontextualizado a la realidad del siglo XXI. Las cuerdas son tocadas por un pianista virtual, el teclado es electrónico, la computadora sirve como transmisor (en lugar del mecanismo de martillos del piano) y el cuerpo de madera resonante del piano es sustituido por bocinas. A diferencia de otras obras del mismo género, el nivel musical y el técnico están sin lugar en el nivel más alto.

Por último, uno de los highlights del festival fue la obra “Sideshow” en 5 movimientos para octeto amplificado y electrónica del compositor estadounidense Steven Takasugi, la cual estuvo a cargo del ensamble Talea, para quien fue escrita. La pieza está basada en actos de los parques de atracciones de Coney Island en la primera parte del siglo XX. A pesar de tener partes contrastantes tanto en textura como en tempo, la pieza es una intensa experiencia de 56 minutos donde las partes rítmicas en tempo rápido y un altísimo volumen juegan un papel fundamental. Al mismo tiempo seis aforismos del satírico vienes Karl Kraus están incrustados en la obra y pueden ser leídos en la nota de programa.

Esta ocasión fue la tercera vez que visité el festival y como lo fue en las dos ocasiones anteriores, la mayoría de las personas con quienes tuve contacto estuvieron descontentos con los conciertos presentados. Son pocos los conciertos en los que el público sale complacido. Tal vez, el único evento del que la mayoría de los participantes y maestros compartieron una opinión positiva fue el que sucedió el penúltimo día del festival, en el cual los participantes se trasladaron a Frankfurt para presenciar a la orquesta de la radio de Frankfurt tocando “AIR” de Helmut Lachenmann, “Firecycle Beta” de Brian Ferneyhough y “Bloodbeat” de Bernhard Gander.

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El festival está cada vez mas influenciado por la escena americana y las obras multimediales. Aunque el premio y las becas de interpretación se las dieron a músicos interpretando sus instrumentos y no haciendo algún tipo de performance, parece ser que un concierto donde el sonido es el actor principal no resulta suficiente para el público. La posible explicación es que “hoy en día estamos rodeados de medios” (frase que se escucha en todas partes) y necesitamos ser estimulados en más de una forma. Hacia el final del festival uno se sorprende al ver un concierto donde sólo hay músicos ejecutando música instrumental. Tal vez la tarea de hacer una obra sonora que sea autosuficiente requiera de un tipo de concentración al que las generaciones mas jóvenes ya no están acostumbradas o ¿es que, acaso, ya no creen en el sonido?

Jacques Zafra (Ciudad de México, 1986) es compositor, estudia actualmente el Meisterklasse (postmaestría) en composición en la escuela superior de música de Leipzig, Alemania, con Claus-Steffen Mahnkopf, y toma clases privadas con Stefan Prins. Es fundador del canal de Youtube Mexican Scores y es miembro fundador y codirector artístico del ensamble TEMPUS KONNEX. Estudió las licenciaturas de composición y teoría musical en el Centro de Investigaciones y Estudios de la Música (CIEM) con Víctor Rasgado y Enrico Chapela.

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