Surgimiento, transformación y momentos de la cumbia

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

En este sexto número de terraplén les compartimos un texto del investigador musical colombiano Ebiru Ojaba, creador de Colectivo de Comunicación Cultural, Cumbia Poder & Porro, centro de reflexión y difusora de la cumbia latinoamericana y su historia.

¿De dónde viene la cumbia? Ese es un misterio que jamás se va a resolver. Lo que es innegable es que la raíz de la cumbia es de la región Caribe colombiana. El lugar exacto es imposible saberlo con certeza. Hay mitos al respecto, pero sólo son eso, mitos que no se han podido comprobar. Personalmente, no creo que la cumbia sea la madre de todos los otros ritmos del caribe colombiano. Tuvo que haber otros ritmos con instrumentación más primaria antes de la cumbia. Lo que pasa es que la cumbia tiene un pulso rítmico binario muy sencillo que le da el tambor llamador y esa simpleza es lo que hace que sea tan fácil y natural el mezclarse con otros ritmos. Ese mismo pulso binario lo encontramos en nosotros mismos, en los latidos del corazón: la sístole y la diástole, en la respiración: la inspiración y la espiración. De hecho, todo nuestro actual y gigantesco sistema informático esta basado en eso, en un bit que es la unidad mínima de información, es la diferencia: el 1 y el 0, la luz y la oscuridad, encendido apagado. El bit es un digito binario que genera una diferencia y todo nuestro sistema sensorial capta esas diferencias. Entonces lo que podríamos decir es que el ritmo de la cumbia es natural y eso ha hecho que se hayan derivado de ella ritmos más modernos, entre los que cabe destacar el merecumbé, que inventó hacia mediados del siglo pasado Pacho Galán con los percusionistas de su orquesta, y que es una mixtura entre cumbia y merengue dominicano, dicen unos, o entre cumbia y merengue colombiano, dicen otros.

Aquí también es importante destacar la gaita orquestada de la que fueron grandes cultores Lucho Bermúdez, Edmundo Arias, Manuel Villanueva y muchísimos otros grandes músicos de la época de oro de la música tropical colombiana. Esta gaita es como una cumbia a la que se le introducen variaciones rítmicas en cada compás y el instrumento protagónico es el clarinete. Son muchísimas las variedades de cumbia que se han producido en Colombia y en el mundo y tendríamos que escribir un libro al respecto y aún así nos quedaríamos cortos. Se ha hablado mucho del porro como hijo de la cumbia, pero en nuestro criterio, si bien pudieron tener raíces similares ahora, son ritmos completamente diferenciados.

Las canciones fundacionales en Colombia no todas son cumbias, muchas de ellas fueron porros. Las populares lo fueron hacia mediados del siglo pasado. “La Múcura”, “Santa Marta”, “El hombre caimán”. Cumbias en acordeón como “La cienaguera” y “La Sampuesana”, llamada así en honor de Sampues, la capital del sombrero “vueltiao”, otro de los símbolos nacionales de Colombia. “Navidad negra” de José Barros. “Prende la vela” de Lucho Bermúdez. “Cosita linda”, el primer Merecumbé de Pacho Galán. “El cafetal”, de Crescencio Salcedo, “La pollera colorá”. Y la lista está incompleta, la mayoría de estas se hicieron populares porque fueron parte de bandas sonoras de películas.

A partir de este momento de auge, cada rincón del mundo se vio sacudido por una explosión de cumbia al toque de una innumerable cantidad de grupos musicales, ritmos, sones y sonsonetes, este ritmo se convirtió en el principal producto cultural de exportación colombiano por unos 15 o 20 años. Fue en ese momento cuando otros países se identificaron con ella y se apropiaron de ella (en el buen sentido), le dieron nuevos aires y la cumbia se convirtió en un género latinoamericano.

Yo diría que la cumbia es como una semilla, con una gran capacidad de adaptarse a cualquier terreno, en este caso un contexto cultural. Pero también es importante fijarse en las condiciones de la época en que se difundió por el continente, que fue hacia mediados del siglo pasado, una época de profundas transformaciones económicas y sociales en América Latina, cuando se dan grandes migraciones de población del campo a la ciudad. Esa población de migrantes en todas las grandes ciudades del continente fue la que se identificó con la cumbia, una población que llegaba a las urbes en busca de oportunidades, pero que también añoraba la vida campesina. La cumbia colombiana es de origen rural y por eso sus temas se refieren a las sabanas, al río, al mar, al canto de los pájaros, al pescador, al vaquero, al músico errante por los grandes campos y a las fiestas de pueblo. Eso es lo que logra la cumbia, que esa población de migrantes se identificara con esas letras sencillas y con esa música que era alegre pero también tenía un toque de melancolía.

Habría que hacer una división que podría resultar conveniente. La cumbia colombiana es de origen campesino y su carácter urbano no llegó a cristalizarse del todo. Quizás es por eso, que en Colombia los jóvenes consideran que la cumbia es una música de viejitos y la asocian a lo rural, el pasado, en oposición a lo moderno, lo urbano que por ser moderno es más deseable. Pocas personas se devuelven al campo después de haber vivido en la ciudad. Mientras que las cumbias que llegaron a estos otros países ya fueron mediadas por tecnologías urbanas, la radio, los equipos de sonido, los discos, el cine. Las cumbias en esos países son urbanas y por lo tanto más modernas. Por ejemplo el instrumento principal de la chicha peruana es la guitarra eléctrica, un instrumento moderno y además electrónico; ya es una cumbia tecnologizada. Lo mismo sucede en México y en el resto del continente. A partir de ahí la difusión de las diferentes vertientes de cumbia sufren un proceso de aceleración y ahora existen miles y miles de variedades de cumbia en cada región y subregión del continente.

Más que los grupos, fueron las disqueras y los medios de comunicación masiva como la radio y el cine los que contribuyeron a que la cumbia colombiana se propagara por el mundo. La razón es porque es una música para bailar, tiene un ritmo hipnótico que te incita a moverte, es una música festiva y espontanea, que es capaz de invocar instantáneamente la alegría. La cumbia es uno de esos ritmos donde más que el virtuosismo musical lo que importa es la actitud. Es una música que se goza con el cuerpo.

Creo que la palabra clave es evolución, aunque los puristas lo consideran una involución. Es que se puede hablar de una cumbia tradicional, hecha con instrumentos de materiales orgánicos: flautas de cardón, flautas de millo y tambores de madera y cueros de animales. Después se adapta, especialmente el porro y el fandango, la banda de vientos con instrumentos europeos; aquí entran en escena los clarinetes, las trombones, las trompetas, los bombardinos y las tubas y en la percusión el bombo, el redoblante y los platillos. Simultáneamente llega el acordeón, también europeo y se inicia la música de acordeones que adopta un instrumento indígena la guacharaca y un tambor, la caja. Esta vertiente de acordeón tendría también varias vertientes como la sabanera en Bolívar y la vallenata en el Magdalena. Algunos dicen que hay una tercer que sería la del Atlántico y de esto también hay variedades estilísticas en regiones más pequeñas. De la banda se pasa a la orquesta, se incorporan saxos, bajo, congas y otras percusiones antillanas y el piano.

Lo interesante es que la cumbia es una música contemporánea y tiene hoy variedades vivas con estilos que provienen, por lo menos de hace 150 años, hasta variedades del siglo 21 como la chilombiana en Chile, la villera de Argentina o las cumbias digitales también iniciadas en Argentina. Por otro lado, alrededor de este ritmo siempre han existido unos imaginarios particulares, desde los paisajes de playas paradisiacas con mar y palmeras y chicas en bikini de las caratulas de los vinilos, pasando por los carteles coloridos de los sonideros mexicanos y de la chicha en Perú. La presencia gráfica de la cumbia es tan gigantesca como la misma música, pero se ha estudiado menos. Dentro de la iconografía característica abundan acordeones, tambores, maracas, sombrero vueltiaos, abarcas, banderas de Colombia, elementos que fueron adoptados como símbolos identitarios por muchos sectores cumbieros en México.

Me llama la atención los cambios de la imagen femenina. En el baile tradicional de cumbia, el vestuario es una púdica pollera amplia y larga cubierta hasta el cuello y hasta los puños que muestran muy poco del cuerpo femenino (en este vestuario se nota la influencia del catolicismo español colonial), mientras que cuando la cumbia llega a Perú, las bailarinas que acompañan a los conjuntos esconden muy poco su cuerpo, ataviadas con bikinis diminutos adornados con lentejuelas y colgantes en colores brillantes, medias de malla y botas altas hasta la rodilla. Hay un destape y sexualización del cuerpo femenino, algo que ya había sido utilizado por Toño Fuentes en las caratulas de su empresa, especialmente en la serie anual de los 14 cañonazos. El estilo peruano de imagen femenina fue adoptado en Argentina. Este vestuario está más cercano al del mapalé colombiano que al de la cumbia.

Ebiru Ojaba es investigador en etnomusicología en la Universidad de Medellín. Es autor de Cumbia. Canto de un pueblo, La soledad del río Magdalena, El tambor africano en América, entre otros.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn