Lo que se ve no se pregunta

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Las cinco letras del deseo

Antología latinoamericana de poesía homoafectiva del siglo XX

Compiladores Omar Ardila y Hernán Vargascarreño

Ediciones Exilio, Bogotá, Colombia, 2016

Homoafectiva es la palabra con la que los compiladores de una antología publicada en Colombia decidieron nombrar a la poesía de temática homosexual. Específicamente la escrita por poetas latinoamericanos en el siglo XX. Me sorprendió que fuera minutos después de que me enterará de la noticia del fallecimiento de Juan Gabriel (incluido en la antología en el espacio donde aparece la poesía mexicana), con su nombre de pila, por una estación de radio en Bogotá y en la cual los conductores discutían sobre los alcances de un cantante que sin ser abiertamente homosexual (repitieron la frase de que «lo que se ve no se pregunta») haya logrado la aceptación en un país como Colombia o México, para terminar diciendo que en toda Latinoamérica había un gran respeto por la identidad sexual del cantante. Este concepto también aparece en el prólogo de la antología donde se aclara que hay ausencias importantes de autores colombianos (se incluyen veintidós) de «quienes es conocida su homosexualidad [pero] que no reconocen en público su identidad sexual». Sin haber librado el disgusto por el eufemismo, aparece el poema de Raimundo de Moraes (Brasil) para confirmar la molestia y hacer, sutilmente, la negación de algo que presentaron con sencillez como afectivo:

¿Cuántas veces el tigre

me domó

con las patas en mi pecho y garganta

su boca abierta babeando en mi rostro?

[…]

¡Veo que el tigre me acosa!

Soy su espejo.

“Narciso”, escribe con garras

en mi vientre.

Y comienza a lamer lo que me queda.

Resulta claro, al ir avanzando en la lectura, que no es un libro de selección rigurosa. Primero, por la ausencia de poetas que han abordado la temática homosexual con indiscutible calidad, y después por el criterio ideológico en la selección de los poemas. Me sorprende, por ejemplo, la inclusión del poema “A unas muchachas que hacen eso en lo oscuro” de Gonzalo Rojas; considero la aparición de ese poema como un argumento contradictorio de lo que, según el prólogo, la antología intenta mostrar a los lectores: un acto reivindicativo. No le falta, por supuesto, calidad al texto de Rojas; sin embargo, me parece más que quien habla asume una postura vertical ante un acto lésbico y no la de quien lo comprehende. Y esto es notorio frente a textos como el de Pedro Lemebel (Chile) que, con altura de tono, rechaza una realidad que lo confronta:

No soy marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Mi hombría fue morderme las burlas

Comer rabia para no matar a todo el mundo

Yo no pongo la otra mejilla

Pongo el culo compañero

Y esa es mi venganza.

Y en este territorio doloroso («A veces me golpearon: es el precio de MY SHE1») en el que lo que menos aparece son poemas que celebren el apasionamiento entre homosexuales (también hay que resaltar el acierto de la inclusión de textos escritos por mujeres), consideraron las canciones de Juan Gabriel, firmadas por Alberto Aguilera Valadez: “Amor aventurero” y “Abrázame muy fuerte”. El hecho de que aparezca al lado de poetas como Pellicer, Villaurrutia, Novo o Bohórquez, más que perturbar mi visión casi exquisita de la poesía, ofrece un espacio para descansar de la tensión y melancolía que provoca asomarse, a través de estos poemas, a la realidad que se tiene que vivir como homosexual en nuestros países:

No sé si es un sueño aún

O es una realidad

Pero cuando estoy contigo es cuando digo:

Que este amor que siento

Es porque tú lo has merecido,

Con decirte amor que otra vez he amanecido

Llorando de felicidad.

En esta antología que lleva por título uno de los versos del poema “Nocturno de los ángeles” de Xavier Villaurrutia (México): «las cinco letreas del «DESEO» formarían una enorme cicatriz luminosa» me parece leer, justamente, esa claridad que emana de de una herida que se va sanando en el lenguaje. El esfuerzo, no sólo por ponerle palabras a esa dolencia sino de hacer pública esa cicatriz, reparte el peso y alcanza a recargarse en los hombros del lector. Hacia el final, podemos leer con mejor entendimiento los versos de Vanessa Nobile (Venezuela):

Al deshacer esa escultura de mujer heroica

siento que mi cuerpo se llena de ardor

ante esa fuerza que me colma.

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Gustavo Iñiguez (Valle de Guadalupe, Jalisco, 1984) es licenciado en Turismo por la Universidad de Guadalajara. Textos de su autoría han aparecido en diversas publicaciones periódicas. Dirigió la revista literaria Quiescencia. Es coordinador editorial y editor adjunto de Mantis editores. Es autor del cuaderno de poesía Dromedario (2008). En 2013, con el apoyo del CECA Jalisco, publicó el libro de poemas Espantapáramos. Fue becario del PECDA en 2015. Junto a Luis Armenta Malpica es compilador de Equinoccio. 50 poemas ecuatorianos del siglo XX (Mantis editores, México, 2015). Una parte de su libro Vocación animal (Mantis editores, 2016) se traduce al alemán para su publicación bilingüe en una muestra de poesía mexicana reciente (traducción de Rike Bolte).