El triste y el melancólico

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“La nación es el más hollado y a la vez el más impenetrable de los territorios de la sociedad moderna. Todos sabemos que esas líneas negras en los mapas políticos son como cicatrices de innumerables guerras, saqueos y conquistas; pero también sospechamos que, además de la violencia estatal fundadora de las naciones, hay antiguas y extrañas fuerzas de índole cultural y psíquica que dibujan las fronteras que nos separan de los extraños.”

Roger Bartra, La jaula de la melancolía 

“Odio los viajes, y los exploradores.”

Claude Lévi-Strauss, Tristes trópicos

Pensaba ayer la forma exacta de nombrar sentimientos, sentimientos en el sentido de ‘lo sentido’ y como ‘sentido’ sentido por los sentidos, estética. Los sentimientos son estéticos, pa’ Kant: el sentimiento de lo bello y lo sublime, y más acá: “sentir feo” (—Ay, sentí bien feo) o “sentir bonito” (—Ay, sentí bien bonito). Lengüar sentimientos es un asunto estético.

Pensaba en los sentimientos de Ciudad Violencia, en particular sobre el asesinato de alguien ‘cercano’ (y en el ‘cercano/lejano’ hay todo un asunto de proxémica que es mejor dejar a los semiólogos) en fin, que ese sentimiento, o al menos como lo he escuchado de su lengua (si es que la lengua es responsable de las palabras, y si fuera ‘responsable’, que ‘responsable’ sólo quiere decir quien da respuesta, ¿no es la lengua la responsable humana, es decir la que da respuestas?) ese sentimiento, es una mezcla agriazul que más o menos dicen así: “—Siento como dolor, tristeza, enojo, rabia, frustración”, y el problema es desde el “siento como…” porque desde ahí se sabe que lo que vendrá no es el sentimiento, sólo es un “como”, un “quasi”; en el “—Siento como dolor, tristeza, enojo, rabia, frustración” hay por lo menos 4 sentimientos de diferentes tonos, ¿cómo conviven todos (tan diferentes) en un mismo momento? Y sobre todo, ¿por qué “no hay palabras” para ciertos sentimientos? Y por qué a veces dicen: me quedé sin palabras” o “no tengo palabras”. Qué extraño no saber lo que se siente, pensé, qué siento, ‘tristeza’ como los trópicos de Lévi-Strauss o ‘melancolía’ como la jaula de Bartra.

Lo primero es escuchar cómo enunciamos y la enunciación es más o menos: —soy melancólico o —x es melancólico; y por el lado de la tristeza: —x está triste, —estoy triste, —la niña está triste; no podemos “ser tristes”, sólo José José, pero fuera de él hay algo de ruido en “ser triste” o en “estar melancólico”; Juan está triste porque es melancólico, no es triste porque está melancólico.

Entonces, si uno es melancólico suena a largos pedazos de melancolía, como neblina o bruma; un barco es melancólico, el desierto es melancólico, una jaula es melancólica, y jaula, barco y desierto tienen todos, un extraño salir-del-tiempo; por otro lado, la tristeza y el estar triste es pasional, una caída, un golpe, un tocar fondo del que si te estás por más tiempo, eres melancólico, pero en el instante de caer hay tristeza. ¿Qué prefieres, estar triste o ser melancólico? Estar triste es fuerte e intenso como balde de agua. Ser melancólico es menos intenso pero de larga duración. Estar triste es un repentino apagar la luz, ser melancólico es ver en cataratas.

Pienso en los muertos, cuando recién muere alguien se está triste, después, cuando pasa la tristeza, se es melancólico. El recuerdo triste se llora, el recuerdo melancólico se suspira. La tristeza es presencia, presencia de muerte, de fatalidad, de destino, de ruptura, un vector interrumpido. La melancolía es ausencia, ausencia de destino, de emoción, de alegría, y aunque en la tristeza también hay ausencia de alegría, no es la ausencia su signo presente; en la melancolía no hay presencia porque es vacío, el hueco que queda es melancólico, un sillón mojado es triste, un sillón viejo es melancólico, el mojado se seca, el viejo no vuelve a ser el de antes; ausentes, el melancólico es un ausente, no se sabe dónde está, flota en algún lugar de su memoria del que hay que sacar con soga antes de que la use para ahorcarse. El triste no es ausente, el triste llora, berrinchea, se ahoga en alcohol, grita, golpea, gira en la cama y sangra; la cicatriz melancólica no duele ni sangra. El triste sufre y el melancólico pena. Lo triste es decirnos adiós cuando adorábamos más, después, melancolía.

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Written by Oliver Terrones

Oliver Terrones

Oliver Terrones (Ciudad de México, 1992) es bloger, diseñador editorial, gráfico y artista del bricolaje. Estudió Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, propone la comunicación de cibernética, arte procesual y artesanía, acercando de maneras de-generadas Arte y Antropología Social.