«Asia Récord» (texto dramático para niños, primera parte)

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En este quinto número de Terraplén iniciamos la serie de entrega del texto dramático para niños Asia Record, de la joven dramaturga Laura García. Ella misma nos introduce a esta obra a continuación:

Hace mucho tiempo jugaba con niños mucho menores que yo, por entonces acababa de cumplir la mayoría de edad y ellos estaban entre los siete y diez años. Una tarde, uno de ellos preguntó por qué no podía tener un papá como el mío y reparé en que la mayoría de ellos había crecido sin padre.

Esta obra es la respuesta tardía a una pregunta que me hice desde ese momento: qué se hace con la ausencia y cuáles son los caminos que uno se traza en la infancia para explicarla. Meses antes de decidir estudiar teatro, trabajé para una ex vedette y conocí a su hermano: un vagabundo que siempre llevaba un walkman y al que me gustaba escuchar. Asia Récord es también un homenaje a aquella breve amistad que sostuvimos. Una ficción compuesta de realidades que transformaron mi mirada a lo largo del tiempo.

Queda el lector frente a la historia de dos niños que se preguntan: ¿Quién es él y dónde estará? El encuentro con un fotógrafo vagabundo y The Beatles como fondo musical son las posibles pistas para encontrar la respuesta y quizás, algo más.

 

Personajes

 

Lucía (9 años)

Eduardo (8 años)

Crescencio (52 años)

I

Tarde. Un condominio habitacional. Del otro lado de la calle, Lucía y Eduardo observan con dirección a sus casas –que son contiguas–, escondidos detrás de un árbol. Little piggies suena a todo volumen.

Lucía: (Lleva una férula en el pie y muletas.) No puede ser.

Eduardo: ¿Qué haces?

Lucía: Tenemos que irnos.

Eduardo: Entro y busco, ándale, busco y ya…

Lucía: ¡Sht! Escucha. Sabe que estamos cerca.

II

Tarde. El parque. Crescencio está sentado en una banca y escucha música en su walkman, hurga en el bote de basura. Del otro lado, Lucía lo observa y cuida no ser vista por él.

Lucía: (Susurrando.) Ahí no. Del otro lado. Más. (Cierra los ojos.) A la derecha. (Los abre.) No. La puse a la derecha. (Toma un cuaderno y hace anotaciones. Se coloca unos audífonos y canta entre dientes Lucy in the sky with diamonds.)

Eduardo: ¿A… Ana? ¿Ana? ¡Ana!

Lucía: ¡Ah! ¿¡Qué!?

Eduardo: ¿Ana? ¡Ay! ¡Qué te pasa!

Lucía: ¡Lucy!

Eduardo: Ay, ay, ay, mi brazo.

Lucía: ¡Lucy, idiota, me llamo Lu-cy!

Eduardo: ¡Ay! ¡Tu examen decía…!

Lucía: ¡Ah! Eres el tarado que copió mi examen con todo y nombre.

Eduardo: Sí, sí. Ay, no. No. Mis deditos. ¡Suéltame!

Lucía: Di las palabras.

Eduardo: ¿Qué?

Lucía: Las palabras.

Eduardo: ¿Discúlpame? ¡Ay, ay, ay!

Lucía: “Por favor, Lucy”.

Eduardo: Sí. Ay, sí. Discúlpame. Por. ¡Por favor, Lucy!

Lucía: Me vuelves a decir… así… y te parto la cara. (Pausa.) Qué ves. Vete. Te perdono. ¿¡Qué!? ¿Quieres que te agarre a patadas? Te doy tres: una, dos…

Crescencio se sienta, saca unas tijeras pequeñas y dos fotografías; comienza a recortarlas.

Lucía: (Cambia la cinta de su walkman y graba, susurrando.) Treinta minutos y no la encontró. Conclusión veinte: es más difícil de lo que pensé.

Eduardo: ¿Qué haces?

Lucía: ¿Quieres que te reviente la cara? Vete.

Eduardo: ¿Por qué no les pegas así a ellos?

Lucía: Son unos… (Pausa.) Me acusan.

Eduardo: ¿Te da miedo la maestra?

Lucía: Mi mamá me dijo que si me corren de la escuela otra vez, estoy muerta.

Eduardo: ¿Y si tú les pegas y yo me echo la culpa? (Pausa.) A mí nunca me dicen nada.

Lucía: Ni siquiera puedes copiar bien un examen.

Eduardo: Sacaste seis.

Lucía: Es “mi seis”. Déjame pensar. No.

Eduardo: También a mí me molestan por eso.

Lucía: (Sin comprender.) Yo no soy gorda.

Eduardo: No eso. Lo otro. Y soy llenito.

Lucía: ¿Qué?

Eduardo: Llenito, no gordo. Eso dice mi mamá. (Lucía ríe.) ¡Cállate! ¡Ya!

Lucía: ¡No sabe nada! Nunca vayas a decir en el salón lo que dicen las mamás. Se van a burlar.

Eduardo: Siempre lo hacen. Aunque no lo diga. Pensé que juntos… Tú les pegas y yo me echo la culpa. Así ya no tienes que inventar lo de ese Ringo. ¡Ni saben quién es!

Lucía: Todos saben quiénes son los Beatles.

Eduardo: El Sope y el Res, no.

Lucía: Esos tarados dijeron eso, porque esto, los dejó con la cara así. Mira.

Eduardo: Están amarillos.

Lucía: Fíjate bien. Son únicos: recortes de colección.

Eduardo: Cualquiera los puede tener.

Lucía: Puedo conseguir su autógrafo.

Eduardo: Si fuera tu papá, iría a la escuela y ya.

Lucía: Tiene mucho trabajo.

Eduardo: Los Beatles ya ni existen.

Lucía: ¿Los conoces? (Eduardo asiente.) ¿Sabes quién es Ringo?

Eduardo: El de la narizota.

Lucía: ¿Ves? Yo también la tengo así.

Eduardo: ¿Y por qué le dices Ringo y no papá?

Lucía: ¡Así le gusta más!

Eduardo: Tu examen decía Ana Lucía Sánchez Sánchez, no Ana Lucía Starr.

Lucía: ¡Porque soy de México!

Eduardo: ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Está bien! ¡Déjame! ¡Por favor! ¡Creí que juntos nos podíamos defender! ¡Suéltame! ¡Pensé que también te decían de cosas por no tener papá!

Lucía: (Toma su walkman y graba, susurrando.) Unas semanas y ya surgió otro caso. ¡Oye! ¿¡A dónde vas!? Espera. ¡Puedo ayudarte!

Eduardo: (Pausa.) ¿Les vas a pegar?

Lucía: A encontrarlo.

Eduardo: Eso. Eso no se puede.

Lucía: ¿Por qué? (Pausa.) Déjame ver mis apuntes. (Pausa.) Me equivoqué, ¿verdad? Aquí lo tengo: tienes los ojos así porque… “cuando un papá se muere, sólo dan ganas de dormir”.

Eduardo: ¡Así nací!

Lucía: ¿No se…?

Eduardo: No.

Lucía: ¿Sabes guardar un secreto?

Eduardo: Sí.

Lucía: Dime uno que hayas guardado.

Eduardo: No. Es secreto.

Lucía: Bien, pasaste la prueba. Te juro que si dices algo, te hago carnitas. (Pausa. Susurra.) Soy detective. Me dedico a investigar casos como los… como el tuyo y el de él. Mira. (Toma su walkman y pone una cinta.)

Eduardo: ¿Y esa cosa, qué?

Lucía: Es “de colección”, no puedes escuchar a los Beatles o ser detective sin uno así.

Eduardo: Está viejo.

Lucía: Como tu mamá.

Eduardo: ¡Oye!

Lucía: Pon atención y escucha. (Le pone los audífonos, Eduardo mueve la cabeza al ritmo de la música.) ¿Qué haces? (Toma uno de los audífonos y escucha; cambia de lado la cinta.)

Eduardo: (Observa a Crescencio y trata de ocultar su sorpresa.) Eso qué. Sabes todo eso de él porque lo sigues. A todas horas. A veces, cuando no te ven, hablas con él.

Lucía: ¿¡Me copias y también me sigues!?

Eduardo: No. Yo. Yo también soy detective.

Lucía: Ni siquiera tienes uno de éstos. (Pausa.) ¡Sí!, no es tan fácil. Mi mamá apenas lo encontró. (Pausa.) Demuestra que eres uno: ve y hazle una pregunta que sólo un buen detective puede hacer.

Eduardo: ¿Y por qué a él?

Lucía: Para que tú solito saques tus propias conclusiones. Yo he investigado mucho. Todas las tardes. Mira. (Le quita los audífonos al walkman; pone play y la cinta suena a todo lo que da el aparato.) “Conclusión uno: todos los niños del mundo, cuando no tienen papá, crecen, viven en la calle y buscan basura”.

Eduardo: Pero tengo casa.

Lucía: ¿No escuchaste? Dije cuando crecen. Ve con él. Un detective de verdad nunca se queda con dudas.

Eduardo camina decidido hacia Crescencio, ella lo sigue. Al estar frente a él, ninguno de los dos sabe qué hacer. Crescencio esconde sus fotografías. Lucía muestra su walkman.

Lucía: Lo conseguí. Es igual.

Crescencio: (Asiente.) Bien. Muy bien. Póntelos. Ayudan y alejan.

Lucía: Te toca.

Crescencio: Sí. Espera. Debo escuchar el sonido. Saber si es la misma interferencia. No escucho.

Lucía: Es… como un (pausa.) Fuuush. (Crescencio asiente.) Fuuushpaaa. (Crescencio asiente.) Fuuushpaaaguuuaaauuuu.

Crescencio: (Asiente, convencido.) Misma onda. Misma frecuencia. Sonido: muy poco.

Lucía y Crescencio: (Empatan sus sonidos y hacen uno solo.) Fuuushpaaaguuuaaauuu.

Eduardo: ¿¡Qué!? ¿¡Qué hacen!?

Crescencio: ¡Lo sabía! No se puede confiar. Nunca. Siempre preguntas y más preguntas. ¡Mientes! ¡Preguntas! ¡Rastreas!

Lucía: ¡Conseguí la detectora! (Pausa.) La encontré. Si fuera uno de Ellos, no te la daría.

Crescencio: ¿La tienes?

Lucía: (Asiente.) En ese bote. A la derecha. En la bolsa de papas.

Crescencio: (Musita.) Es detectora pero es trabajo, Lucy. Trabajo. (Hurga en el bote y encuentra una cámara desechable.) Baja frecuencia. No es.

Lucía: ¡Es nueva!

Crescencio: ¡No es! (La examina.) ¿Miras? Baja frecuencia. Ustedes dos. Juntos. ¡Ahora!

Eduardo: ¿Qué…? / Lucía: Sht, ¿No viste?

Crescencio: (Toma una fotografía y escucha el sonido. Repite el procedimiento.) Es de baja frecuencia.

Lucía: No me alcanzó para la otra. Podemos juntar. (Le extiende un billete.)

Crescencio: Nunca preguntas personales. Tres y eres uno de ellos. Quietos. Ahí. Sólo silencio. (De su bolsa de plástico saca una cámara estenopeica. Abre la caja el tiempo suficiente para que sea una buena fotografía.) Quietos.

Lucía: Él no quería preguntar… Está… (pausa.) confundido porque… También los escucha, ¿verdad?

Eduardo: ¡Ay! / Lucía: Sht. Sígueme.

Eduardo: Sí. Los. Los… escucho. (Crescencio lo observa, desconfiado.) Fush. (Crescencio niega.) Fush. (Crescencio niega.) Fuuushpaaa. (Crescencio asiente.)

Crescencio: Sí. ¡Sí! Son. Misma interferencia. Los escuchan. (Los niños asienten.) Interceptan, interfieren, preguntan. No preguntas personales. Jamás. A mí nunca. Puedo porque no interfieren, ¿entendido? (Los niños asienten.) Y puedo porque no interceptan. (Pausa.) Se puede confiar, pero hay que ir lento. Los rastrean y son unos niños. (Susurra a los niños.) Un día. Un lugar, donde las ondas no llegan. Lo tengo. Tal vez tú funcionas también como señal y tratan de interceptar. Sí. Eso. Entonces es la señal. Después un lugar donde Ellos no interfieran. Un día, otro lugar y todo bien. Hay peligro. Hoy hay peligro. Otro día. Pueden interferir ahora. Otro día. Tratan de rastrear. Corran. ¡Corran!

III

Tarde. Lucía se asoma por la ventana de su casa, mira hacia abajo tratando de calcular la distancia que hay al piso. Arroja una piedra a la ventana de enfrente.

Lucía: ¡Chino! ¡Descubrí algo! ¡Abre! Voy a romper la ventana a la de tres: una, dos…

Eduardo: ¡Hey!, ¿qué te pasa?

Lucía: Encontré algo, chino.

Eduardo: ¡Deja de jugar!

Lucía: Sólo así me haces caso. Y es verdad. Encontré algo muy importante.

Eduardo: ¡Ay! (Pausa.) ¿Una piedra y un cable?

Lucía: Amárralo a tu cama y estíralo bien para que puedas caminar por ahí.

Eduardo: ¿Y si me caigo?

Lucía: Voy a sacarte.

Eduardo: Me cachan y ahora sí me dejan aquí para siempre.

Lucía: Cuando se den cuenta, vamos a estar bien lejos. (Pausa.) Lalo, ¡nos vamos a China!

Eduardo: ¡No tenemos pruebas!

Lucía: Tuve un sueño y ahora estoy segura: tu papá está ahí. ¡Por eso tienes los ojos así! ¡Todo es una señal!

Eduardo: ¿Señal?

Lucía: Fotos me explicó. Nosotros somos la señal. ¡Esto es una prueba! (Avienta el calendario.) Y la dejaste caer. Es un calendario chino, ¡con un dragón! Estaba en el librero de tu mamá.

Eduardo: Estás mintiendo.

Lucía: Te lo iba a enseñar cuando la muy bruja llegó.

Eduardo: ¡No es…!

Lucía: No te dice nada de él. Te encierra. ¡Es una bruja y mi sueño es la señal!

Eduardo: Lo dices por lo que nos contó Fotos.

Lucía: ¡No! Que él quiera llegar ahí por culpa de los Ellos, sólo quiere decir que nosotros somos su señal. Está listo para irse, ¡y nosotros también! Mi sueño es lo importante: estábamos entre un montón de bambús y de repente, se nos acerca un oso panda y nos dice…

Eduardo: Los osos panda no hablan.

Lucía: ¡Es un sueño! Señales, Lalo: cosas que te dicen que eso que imaginas, sí es verdad. Las tenemos. (Pausa.) Y también tenemos un plan: allá abajo hay unas cajas. Nos metemos, ¡y nos vamos por correo!

Eduardo: ¡Fotos está loco!

Lucía: ¡Eres un grosero!

Eduardo: Tú siempre le dices bruja a tu mamá.

Lucía: ¿Le has visto la cara?

Eduardo: Es. Es bonita.

Lucía: Está llena de… ella dice que son barros. Tiene verrugas como una bruja. (Pausa.) Entiende. Sólo Fotos nos puede ayudar porque es (pausa.) como nosotros.

Eduardo: No sabemos si tampoco tiene papá.

Lucía: ¡que yo sí…!

Eduardo: Ya sé. Ya sé: “tú sí tienes y yo soy un maldito envidioso por no aceptar que es una súper estrella de rock”. (Pausa.) ¿Y por qué es como nosotros?

Lucía: A ti nadie te habla por ser un tambo.

Eduardo: ¡Oye!

Lucía: Y a mí por “loca-demente-saca-mocos”. Tampoco a él se le acerca nadie.

Eduardo: (Pausa.) No entiendo lo de “saca-mocos”.

Lucía: Sólo es diferente. En su cabeza hay unos Ellos que no lo dejan trabajar. Por eso habla así. Es una clave.

Eduardo: ¿Y le crees?

Lucía: Lo de la caja, sí.

Eduardo: Así no vamos a llegar ni a la esquina.

Lucía: ¿Recuerdas mis conclusiones? Cuando estés como él, no te voy a ayudar.

Eduardo: ¡No sabemos si es por eso!

Lucía: Está bien, Lalo. Olvídalo. (Pausa.) Quería encontrarlo para que te enseñara cosas: hacer bolitas de arroz, figuritas de papel, ¡clases de kung-fu! No quería que estuvieras tan solo. (Pausa.) Imagina tener a alguien para andar en la bici.

Eduardo: Yo ni sé.

Lucía: Él te enseñaría. Nunca lo verías enojado contigo porque vas mal en la escuela, te diría cómo hacer quebrados y eso. Seguro hasta te compra uno de esos sombreritos chinos y picudos para que te parezcas más a él. Imagina. Sabrías un montón de cosas…

Eduardo: Increíbles.

Lucía: Ser de allá tiene muchas ventajas.

Eduardo: (Pausa larga.) ¿Sólo cruzo y ya?

Lucía: Sí. Toma (Le pasa un tubo de metal.) Te va a dar equilibrio. Úsalo como niño del circo chino de Pekín, al fin eres de allá. ¿Aún no sabes la diferencia? Horizontal, vertical. Vertical, horizontal.

Eduardo: Me voy a caer.

Lucía: ¿Ves? También te va a enseñar a no ser miedoso.

Eduardo: Primero tú. Es más fácil.

Lucía: Nos vamos a quedar encerrados.

Eduardo: Ven primero y luego nos vamos juntos. Por favor.

Lucía: Dame eso. Te voy a enseñar. El sueño quiere decir algo. Estábamos entre un montón de bambús y de repente, se nos acerca un oso panda y nos dice… (Comienza a caminar por el cable.)

Eduardo: No seas tonta, Ana. Los osos no…

Lucía: ¿¡Cómo me…!? ¡Ahhh!

Laura García (Ciudad de México, 1987) estudió Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Fue Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas periodos 2012-2013 y 2013-2014. Su obra “Asia Récord” fue presentada como parte del ciclo de teatro emergente organizado por El Milagro en 2015. Sus obras “Inmarcesible” y “Seda para un pez dorado” fueron publicadas en 2014 por el Fondo Editorial Tierra Adentro de Conaculta. “Inmarcesible” se estrenó en Monterrey el 21 de noviembre de 2014, bajo la dirección de Brenda Tasil y el apoyo de CONARTE. En 2011 esta obra también formó parte del ciclo de dramaturgia joven “Ola Nueva” realizado en Acapulco, Guerrero.

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