«Un soplo en el corazón», álbum único en la música española

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En la película Un soplo al corazón (Francia, 1971), dirigida por Louis Malle, asistimos a ciertos momentos importantes en la vida de Laurent Chevalier, chico francés de 14 años: primeros cigarrillos y borracheras, primeros escarceos sexuales, una nueva realidad corporal y emotiva emergiendo con fuerza. Se trata del enfrentamiento entre un muchachito delgado con cara de niño y un mundo que comienza a revelársele. Laurent Chavalier nos recuerda sin duda al entrañable adolescente Antoine Doinel de Los 400 golpes, pero Laurent al final no escapa de un reformatorio de adolescentes problemáticos, sino que, enfermo de un soplo al corazón, pasa una temporada en un sanatorio, acompañado de su joven y atractiva madre, quien con un amor que viola el papel que en Occidente encarna la maternidad, le obsequia su primera experiencia sexual satisfactoria guiándolo en una relación incestuosa.

Un soplo en el corazón es el título del primer y único disco producido por la banda española Family. La referencia a la película francesa es evidente: las catorce canciones que componen el disco elaboran una tácita oda a la adolescencia atormentada y tierna, plena de devaneos cursis y profundas intuiciones, reconstruyendo con nostalgia estados emocionales a través de un sonido electro-acústico, adusto y minimalista que recuerda muchas veces a New Order, a The Smiths. Un silbido en las bóvedas cardiacas de un adolescente parece que es lo que intenta decirnos Family que son su canciones: nostalgia de la adolescencia.

“Hemos tratado de dar la mayor unidad posible al disco, que no fuera una simple reunión de canciones, y que el tema del amor hiciera de hilo conductor”, mencionó en una entrevista Javier Aramburo, quien junto a Iñaki Gametxogoikoetxea, formaba parte de esta banda entrañable, tan influyente para las generaciones posteriores (en 2003, por ejemplo, varias bandas españolas como Niza, Fangoria y Nosoträsh versionaron en su totalidad, a manera de tributo, Un soplo en el corazón). “Te imagino al volante de la nave espacial. / Yo volaré a tu lado como Peter Pan. // Déjame hacerte una foto con las nubes detrás / quiero tener algo tuyo por si un día te vas.” El amor y la juventud eterna de ese duendecillo que vuela y corta la mano del capitán Hook, que encarna la vida adulta, enemiga de los Niños Perdidos: “Cuando pesen demasiado la rutina / el trabajo y la vida en la ciudad / nos iremos en un viaje infinito / con esa tonta sensación de libertad”, se escucha en la canción “Viaje a los sueños polares”. Family no quiere envejecer, se detiene nostálgico, agridulce, cursi, profundo, melodramático en instantes donde el amor golpea como un montón de cohetes naranja explotando en el cielo o como un volcán en erupción que envuelve en llamas un pequeño avión que no pudo evitar el peligro.

En 1993, después de que ambos formaran parte de bandas como La insidia y El joven lagarto, y de que ya como Family, con el apoyo de Nacho Canut y Alaska, del colectivo Fangoria, editaran el demo Octubre 1991, Aramburo (voz y guitarra) y Gametxogoikoetxea (bajo y programaciones) publican Un soplo en el corazón y rápidamente se colocan como una de las mejores bandas pop en la historia de la música española. Y es que las melodías y las letras hablan directo al corazón enamorado y adolorido que todos llevamos dentro, tocan una sensibilidad soterrada (o francamente activa), una cursilería que muchas veces es difícil dejar correr debido a que hay que guardar la forma, seguir los estándares. Family parece reivindicar lo cursi apelando a la condición inmadura del adolescente, a la inmadurez de la que el escritor polaco Witold Gombrowicz dice: “Los hombres están obligados a ocultar su inmadurez, pues a la exteriorización sólo se presta lo que ya está maduro en nosotros. ¿No ven que su madurez exterior es una ficción y que todo lo que pueden expresar no corresponde a su realidad íntima? Mientras fingís ser maduros vivís, en realidad, en un mundo bien distinto. Si no lográis juntar de algún modo más estrecho esos dos mundos, la cultura será siempre para vosotros un instrumento de engaño.”

Así, pues, Un soplo en el corazón es una petición de escucha de lo adolescente que todos tenemos, una nostalgia que se apropia de la inmadurez y la presenta en un acto de reconocimiento y afirmación. Se trata de un disco que depara muchos momentos luminosos con tonos azules y destellos fosforescentes, donde el amor y el desamor se expresan con la profundidad de un niño de 14 años. La propia compañía del grupo define de una forma magnífica lo que significa este disco: “Con pasajes que van de lo preciosista a lo onírico (‘Dame estrellas o limones’), entre el júbilo melancólico y el agridulce desazón (‘Yo te perdí una tarde de abril’, ‘El bello verano’), melodías delicadas pero llenas de belleza y vitalidad (‘Como un aviador’), devaneando entre el pop electrónico (‘Nadadora’) y el folk-pop más orfebre (‘Portugal’), entre la vulnerabilidad que el propio título del disco emite (homenaje a Louis Malle) y el colorismo y la fantasía de ‘Viaje a los sueños polares’ o ‘La Noche Inventada’… de principio a fin, Un soplo en el corazón es una obra de culto única e irrepetible, de esos discos que siempre están a mano en casa, porque un día, quién sabe cuál, eres consciente de que lo puedes necesitar.”

Elvia Burns (Acapulco, 1993) es músico autodidacta y fotógrafa. Ha expuesto fotografías suyas en distintas exposiciones colectivas. Su serie fotográfica No me toques los cojones fue elegida como mejor obra en el concurso de fotografía Gabriel Figueroa en Chihuahua en 2015.  Es amante del Postpunk y del New Wave. Toca la batería y el bajo. Es un sueño para cualquier chico. Piensa que un día quemará todo y regresará a su planeta en un cohete naranja.

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