Un culo y una trompeta: Dante en Joyce

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Los personajes que transitan —nunca mejor dicho— y conversan en la novela Ulises (1922) de James Joyce, son lectores a conciencia de los clásicos de la literatura. En el capítulo IX de la obra maestra del escritor irlandés –número, por cierto, de alto valor simbólico en la Commedia de Dante− se habla de Goethe y su Wilhelm Meister, de Milton y su Paraíso perdido, de Shakespeare y su Hamlet al igual que de otros poetas, filósofos y escritores de épocas gloriosas. En el comienzo del citado capítulo, en el diálogo entre Stephen Dedalus y John Eglinton surge un verso extraño, y hasta cierto punto cómico, de la autoría del poeta florentino citado por Joyce, en el toscano de principios del trecento en el que fue escrito:

Ed egli avea del cul fatto trombetta.

¿Cómo se traduce dicho verso? No hay demasiada complejidad en términos de sintaxis o, incluso, de musicalidad, para verter al español o al inglés o al francés esas once sílabas estruendosas. Se trata del último verso del Canto XXI del Infierno; allí, Dante y Virgilio se encuentran en el octavo círculo entre diablos que torturan y persiguen a las almas pecadoras que hicieron fortuna especulando y traficando bienes. Por varias razones, lo que sucede aquí, en esta caminata por el primer reino de ultratumba, tiene un giro categórico: un elemento bufo y grotesco surge de pronto y desvanece por unos instantes la pesadumbre trágica, plena de terrores y angustias que el poeta italiano nos comparte en su altísimo libro. Al final de dicho canto, Virgilio convence a los demonios del destino celestial de la misión y pide que los dejen seguir su camino. Una decena de diablos, entonces, escolta a los dos poetas que avanzan con pavor y sospechas de traición; los demonios, toda malicia e ingenio arrabalero, atemorizan con burlas y amenazas principalmente a Dante. Así, como si fuera una clave entre ellos, el jefe de los ángeles infernales alerta a sus compinches para iniciar otra oleada de espanto y para eso:

él usó el culo a modo de trompeta.

(versión de Ángel Crespo)

En una novela como el Ulises, criticada por obscena y escatológica, el verso en cuestión vino como anillo al dedo. Sin embargo, algunos traductores de la Commedia tradujeron el singular verso con eufemismos ridículos cargados de moralina. Por ejemplo, en la edición de Aguilar, Juan de la Pazuela Conde de Cheste lo tradujo en 1865 con estas palabras: usando del de atrás como trompeta. Con la misión de mejorar y rectificar la versión del Conde de Cheste, el argentino Bartolomé Mitre dedicó buena parte de su vida, entre campañas de guerra y de política, en traer a un castellano más universal el poema dantesco; a todas luces, su traducción del endecasílabo citado goza de mejor música y estructura: y el jefe de su culo hizo trompeta. Más próximos a nuestros días, Abilio Echeverría, en la edición de Alianza de 1995, arrastrando una posible errata, traduce el verso celebrado por Joyce de esta forma: que a su vez de su culto (sic) hizo trompeta. En la otrora célebre Ediciones Carlos Lohlé, con motivo del séptimo centenario del natalicio del poeta toscano, Ángel J. Battistessa emprendió la misión de traer a nuestra lengua la obra maestra de las letras italianas; sin comprometerse con la rima y la métrica, el argentino se apegó al sentido del poema y tradujo el verso en cuestión en formato dodecasílabo: y el jefe de su culo hacía trompeta.

Es curioso que en la edición prosificada del poema, en las Obras completas de Dante Alighieri (1994), de la Biblioteca de Autores Cristianos, su traductor, Nicolás González Ruiz (1897-1967), periodista católico de filiación franquista, traduzca sin tapujos —y con añadidos— el verso 139 del Canto XXI de esta forma: y él dio la señal de partida usando el ano como trompeta. En la edición vasconcelista de La divina comedia (1921), que no anota el crédito del traductor, adornado con bellas viñeta y capitulares —apuesto que son de Roberto Montenegro—, el verso bufo se traduce vía esta oración: y este se sirvió de su ano a guisa de trompeta. En 1993, a iniciativa de James Merrill y Peter Hooten, se convocó a 20 poetas de lengua inglesa para traducir los 34 cantos del Infierno, con el propósito de reunir dichas versiones en un volumen publicado, ese mismo año, bajo el sello de The Ecco Express; entre los que aceptaron el llamado dantesco se encontraba Seamus Heaney, Galway Kinnell, Mark Strand, Charles Wright, Robert Pinsky, W.S. Merwin, Robert Hass y otros más; Susan Mitchell fue la encargada de traducir el Canto XXI y, en consecuencia, el verso que hemos venido citando en sus múltiples variantes del castellano; la versión de la poeta neoyorkina se materializó en la lengua de Blake de esta forma concisa y sin ambigüedades: As reply he made a bugle of his ass.

Como quiera que sea, el célebre poema de Dante reúne lo sublime y lo mundano, lo muy mundano de los hombres que aspiran a vivir bajo el milagro del sol y de las demás estrellas; a no dudarlo, la cercanía con Ezra Pound, dantólogo irredento, alentó en el tráfico de influencia de James Joyce, la presencia de la Commedia como una de pasiones humanas —divinamente humanas— que siguen presentes en las interrogantes y encrucijadas del hombre moderno.

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Ernesto Lumbreras (Ahualulco de Mercado, Jalisco, 1966). En el 2008 aparece Caballos en praderas magentas. Poesía 1986-1998, (Aldus), en el 2010, Numerosas bandas (Mantis Editores) y en el 2012, Lo que dijeron las estrellas en el ojo de un sapo (Bonobos). En 1992 obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por el libro Espuela para demorar el viaje (Joaquín Mortiz-INBA, 1993), en 2007 el Premio Nacional Testimonio Chihuahua por La ciudad imantada. Vida de Milton Vidrio (Ficticia, 2008), en el 2013 el Premio Nacional de Ensayo Literario Malcolm Lowry por el volumen Oro líquido en cuenco de obsidiana. Oaxaca en la obra de Malcolm Lowry (UNAM, 2015) y en el 2014 el Premio Internacional de Ensayo Siglo XXI por el libro La mano siniestra de José Clemente Orozco (Siglo XXI/UAS/Colegio de Sinaloa, 2015). Desde el 2009 circula su antología Intersecciones. Doce poetas peruanos (Calamus-INBA). Es autor del libro El ojo del fulgor. La pintura de Arturo Rivera (CNCA, 2001). En el 2013 publicó Coordenadas para una inminente catástrofe. Cinco pintores mexicanos (Filodecaballos). Ha traducido del italiano los libros Museo de sombras de Gesualdo Bufalino (Aldus, 2009) y Antes no había nada. Después comencé a imaginar mi propio jardín de Chiara Carrer (Petra Ediciones-Conaculta, 2015) Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 2004.