Lágrimas de San Lorenzo

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Las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo iluminan el cielo del hemisferio norte las madrugadas del 11 al 13 de agosto. Imaginamos centellas de fogatas cayendo sin control, más ligeras que el aire, apagándose antes de tocar tierra. Un par de toallas bajo el cielo cerrado esperando la caída de luces más grande de la historia. Cuerpos tendidos bajo nubes cargadas de relámpagos. Meteoros de alta velocidad. Pequeñas partículas de polvo que producen cometas y asteroides y que van dejando a lo largo de sus órbitas alrededor del sol pensamientos que ocurren a la espera de luces extraterrestres.

El cuerpo progenitor de las Perseidas, el cometa 109P/Swift-Tuttle, tiene un diámetro de 26 kilómetros y una órbita alrededor del Sol con un período de 135 años. Guardamos silencio. Una estrella oculta entre las nubes, una luz inmóvil, sin ningún destello fuera de lo común. Observas la oscuridad intensamente. Guardo el tiempo de este instante concentrando toda mi atención en tu rostro, porque en realidad no importa el cielo, no importa que lluevan luces en el espacio. Hablas de la Llorona, la oíste gritar una vez erizando el contorno de todos los objetos a tu alrededor. A mí nunca me ha ocurrido nada. Al verte a los ojos pienso que lo verdaderamente sobrenatural es que estemos aquí juntos esperando una lluvia de estrellas.

Todo se debe a la influencia gravitatoria de los gigantes Júpiter y Saturno: la cauda que 109P/Swift-Tuttle deja en el espacio al pasar es atravesada por nuestro planeta, así las partículas de polvo que forman la cauda, se desintegran al entrar en la atmósfera terrestre. La oscuridad persiste. Nada brilla distinto. ¿Cómo pueden conocerse dos personas?, ¿cómo pueden no abandonarse nunca dos personas, no sentirse solas jamás dos personas?, ¿cómo pueden dejar de verse para siempre dos personas?

Por efecto de perspectiva, todas las trayectorias de las diferentes estrellas fugaces convergen en un punto en el cielo llamado radiante. Distancia en el universo. Espacio y vacío. Tendría que ocurrir una enorme explosión cada que vez que un cuerpo rompe su aislamiento. ¿Cómo dos personas desconocidas pueden tomarse de la mano y no amarse para siempre? Quedamos dormidos bajo el cielo. Los relámpagos persisten. Estrellas que no podemos ver. Estoy a tu lado, es todo. Mi padre me llevaba a ver las estrellas. Daba miedo estar inmóvil en la oscuridad con la vista clavada en el cielo. Era una caída suspendida. Era el asombro de sentir que la vida siempre es más grande de lo que creemos.

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Written by Raciel Quirino

Raciel Quirino

Raciel Quirino (Ciudad de México, 1982) es egresado de la Licenciatura de Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es autor de los libros Western y Ouija. Poemas suyos han aparecido en las revistas Tierra Adentro, La palabra y el hombre, Casa del tiempo, Crítica, Periódico de poesía, Metrópolis y El Universal. Fue becario del Programa Jóvenes Creadores, del Fonca, en el periodo 2013-2014. Es parte de Tsunami, colectivo acapulqueño de poesía expandida https://tsssunami.wordpress.com/