No hay sociedad sin policía, no hay sociedad sin crimen: Bef

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Proveniente del mundo del diseño gráfico y el cómic, Bernardo Fernández Bef se dio a conocer en el género noir en 2005, cuando ganó el concurso Otra vuelta de tuerca con la novela Tiempo de alacranes; título con el que también obtuvo, al año siguiente, el premio Silverio Cañadas de la Semana Negra de Gijón. Pese al éxito de la que fue su primera novela policíaca publicada, él no se considera “un debutante prodigioso”.

–Pasé 10 años intentando publicar –relata–. En 1996 empecé haciendo fanzines de ciencia ficción. Lo primero que publiqué fue un libro de literatura infantil [Error de programación, Conaculta, 1997] que ganó una mención [en el concurso de cuento de la Feria Internacional de Libro de Guadalajara]. La primera novela que escribí fue Gel azul, que es un noir cyberpunk. No me la quiso publicar nadie, la mandé a todos lados y me la rechazaron, hubo un editor que la tuvo dos años y luego me mandó a la secretaria a decirme que no tenía la calidad para publicarla. Entré a un montón de concursos con un montón de cosas que había hecho, que no se quedaban. Era el señor mención honorífica, porque gané varias menciones. Entonces vino el concurso de novela policíaca y finalmente pegó. Eso me abrió las puertas, pero estuve perreándola en concursos, con novelas que me rechazaron de muchos lados. Me hubiera gustado ser un debutante prodigioso, pero ese no fue mi caso. Me acuerdo que había una chica de mi generación que con la primera novela ganó un concurso de medio pelo y enloqueció; se volvió súper arrogante, sangrona, pedante y nunca volvió a publicar. Yo creo que eso me hubiera pasado a mí; si yo hubiera tenido un éxito así, no lo hubiera sabido manejar.

BEF

Tiempo de alacranes es una novela negra protagonizada por un sicario que busca retirarse. Lo apodan el güero, no por su color, sino por que es peligroso como los alacranes amarillos. Los problemas del güero inician cuando decide no cumplir con un asesinato encomendado por el Señor y por pura mala suerte se ve inmiscuido en el asalto de un banco que le impide regresar el anticipo que recibió por el trabajo. Sabe que a partir de ese momento es un hombre sentenciado. Su huída se da en medio de una ola de violencia generada por la lucha postelectoral y el narcotráfico.

–Cuando hice Tiempo de alacranes –recuerda– eso no había pasado. Cuando llega Calderón todo eso se desató. No es que como novelista predigas el futuro, haces prospectiva. Eso es lo que pasa con la novela policiaca, es una observación, un análisis muy cuidadoso de lo que sucede en el entorno. Por lo menos las cosas que yo hago tienen una raíz muy profunda en la realidad, se nutren de ella. Pero no es buena idea jugar carreritas contra la realidad, porque se te ocurre la novela y luego pasa algo más brutal que rebasa con creces todo lo que se nos pueda ocurrir. Es muy mala idea jugarle carreritas a la realidad porque siempre vas a perder. Aunque se te ocurra la ejecución más terrible, siempre habrá alguien que invente algo que te deje como niño de pecho.

Aunque menciona que es una exageración decir que la novela negra es una válvula de escape ante el horror que se vive todos los días; sí considera, dice, que produce cierto alivio ver “todas estas cosas horribles traspasadas al papel”, porque es una manera de exorcizar los demonios cotidianos que nos amenazan, como la corrupción, el narcotráfico, la impunidad, que son temas que atraviesan toda la novela negra en México; y, en su caso particular, un demonio a exorcizar es la violencia de género.

–Siendo papá de hijas, eso es una cosa con la que hay que lidiar, yo creo que incluso inconcientemente ha habido un reforzamiento de roles femeninos poderosos en lo que yo escribo porque me interesa que cuando mis hijas crezcan el respeto a la mujer sea aún mayor que el que hay en este momento. Pero también la impunidad, creo que es un gran tema que ronda la novela policiaca mexicana, es algo que compartimos, la impunidad es algo que nos indigna. Además, la novela policíaca también permite un compromiso grande, no puedes ser indiferente ni frívolo.

A Tiempo de Alacranes le siguieron Hielo Negro (2011) y Cuello Blanco (2013), en las que Bef retoma a dos personajes femeninos que aparecieron de manera incidental en la primera novela: Lizzy Zubiaga, la excéntrica heredera de un cártel criminal; y Andrea Mijangos, la robusta policía obsesionada con atrapar a la capisa. Convertidas en protagonistas de una saga –de la que este año recibimos la tercera entrega con Azul Cobalto–, estos caracteres replantean el papel de la mujer en la literatura negra. La villana y la heroína que hacen de la confrontación entre el mundo criminal y el policíaco un terreno femenino. La decisión de que sus protagonistas fueran mujeres se debió a dos circunstancias.

–Yo asistí a una escuela religiosa de puros hombres desde los 10 años hasta que llegué a la universidad, con el descubrimiento de lo femenino mi mundo cambió totalmente. Es como estos soldados japoneses de la Segunda Guerra Mundial, que después de que sobreviven a la muerte de todo su escuadrón se refugian en una isla y, como un Robinson Crusoe moderno, se quedan 30 años allí sin saber que la guerra se acabó; entonces, cuando alguien descubre al tipo allí perdido, sale a un mundo del que ya no entiende nada. Así fue para mí el mundo femenino. Es decir, desde esta visión de alguien que no tuvo contacto con lo femenino en años cruciales, es que lo femenino me parece un misterio fascinante. Eso por un lado, por el otro, creo que la mujer no está del todo bien representada en la literatura policíaca.

9786077356912

Bef explica que parte de su propósito era romper con los modelos hegemónicos de belleza, difundidos por los medios de comunicación, que proponen a una mujer frágil, extremadamente delgada, rubia y de ojos claros como representación de lo femenino. “Toda esta cosa del modelo de la Barbie”, que no corresponde a la realidad de muchas mujeres, no sólo en México, y que “genera en ellas inseguridades muy fuertes”.

–Y cuando son mujeres de balazos –agrega–, son mujeres como la de Matrix o la de Terminator, estas mujeres esculturales poderosísimas, que a mí me parece una idea hasta fascista; incluso creo que estas mujeres rudas de las películas son una extensión de la fantasía masculina, del hombre sobre sí mismo. Yo no quería repetir los esquemas, las convenciones de los medios audiovisuales, no quería a los ángeles de Charlie. Una mujer policía en México no puede parecer Linda Hamilton. Yo quería que fuera una policía gorda y ruda. Entonces aparece Andrea Mijangos, es mi homenaje a las mujeres grandes. Es una mujer muy bonita, pero ella es la única que no lo sabe. Y creo que es la condición de la gran mayoría de las mujeres que no se ajustan al canon de belleza, porque descubrí además que mujeres bien diferentes entre sí, lectoras de muchas ciudades mexicanas, en contextos totalmente distintos, incluso de culturas distintas, se identificaban mucho con este personaje.

Aunque sus historias abrevan de las circunstancias sociales del país, tocando temas como la fabricación y tráfico de drogas sintéticas en Hielo negro, el lavado de dinero en Cuello blanco, y ahora el mercado negro del arte en Azul cobalto, Bef reconoce que sus personajes están construidos tomando como punto de partida a los supervillanos de los cómics; así, por ejemplo, Lizzy Zubiaga tiene más de Harley Quinn o Poison Ivy que de la reina del Pacífico.

–Un día escribió Robert Crais, que a mí me gusta mucho, que el género del investigador privado era más cercano a los superhéroes que a la crónica policíaca, y me gustó mucho eso, entonces asumo que Lizzy es como una supervillana de Batman, y eso me ha dado mucha libertad porque, claro, hay personajes reales, como la reina del Pacífico, por ejemplo, pero que a mí no me resultan lo atractivos que me resulta el Guasón de Batman o Hiedra Venenosa. Por eso es tan peculiar, porque [Hielo negro, Cuello blanco y Azul cobalto] son libros que tienen mucho de cómic y de ciencia ficción disfrazados de novela policíaca.

En este sentido, dice Bef, su llegada a la novela policíaca desde la ciencia ficción fue sólo “un cambio de carril”, porque al final, uno de los encantos que comparten, agrega, “es que promueven el pensamiento profundamente racional”, de allí que la primera inspiración para sus novelas haya estado en parte en las ciencias forenses y en la criminología, particularmente la lectura de El Criminólogo, un libro que da cuenta de los casos del doctor Alfonso Quiroz Cuarón, pionero de la criminología en México, involucrado en la resolución del asesinato de León Trotsky y la captura de Goyo cárdenas; y Notas de un anatomista, de Francisco González Crussí, donde el patólogo cuenta anécdotas peculiares de autopsias que le tocó realizar. Aunque también estuvo influida por su contacto con científicos forenses de carne y hueso.

–Unos amigos míos en diseño gráfico –relata–, que se la daban de punks, hicieron su tesis sobre la metodología del diseño aplicada al peritaje forense. Todos los domingos se iban a la sala de medicina forense del hospital de Xoco, un hospital muy sórdido del gobierno de la Ciudad de México. A ese hospital llegaban baleados, quemados… Yo fui con ellos un par de veces, me tocó ver a una anciana que se había suicidado con pastillas y a un muchachito al que le habían pegado un balazo. Allí conocí al doctor David Trejo, que era el jefe de patología y tenía una mente prodigiosa de narrador. Mientras nos iba explicando por dónde había entrado la bala, empezaba a cortar y daba con la bala, también iba reconstruyendo la historia muy sabroso, cosas como “este era un tipo que engañaba a su mujer, un día llega y lo encuentra con su amante”. Es una pena que ese cuate no haya escrito, porque hubiera sido un gran escritor. Un día le pregunté cual era el asesinato más cruel que le había tocado, y me contó de un tipo al que con una navajita le hicieron una incisión quirúrgica, le perforaron los pulmones por la espalda y lo desinflaron, y así matan al amante de Andrea Mijangos en Hielo negro, entonces tengo una gran deuda con el doctor.

En cuanto a los detectives de ficción, Bef reconoce entre sus favoritos a los del escuadrón del Precinto 87, Steven Carella, Meyer Meyer y Anthony Parker, creados por Ed McBain, en una serie de novelas que relata los casos atendidos en la comisaría del distrito 87 de una ciudad ficticia inspirada en Nueva York. También Elvis Cole y Joe Pike, creados por Robert Crais, que en conjunto o por separado protagonizan una serie de novelas ubicadas en Los Ángeles. Eso, además de la influencia de Raymond Chandler en la escritura de Crais, convierte a este dúo en una suerte sucesores de Philip Marlowe.

–Me gusta mucho también Miguel Ángel Morgado, el detective de Gabriel Trujillo, que es un abogado, defensor de derechos humanos y tiene como tres o cuatro novelas, que luego las compiló todas en un librito que se llama El festín de los cuervos, escribe en Mexicali. Y Belascoarán. Yo sí creo que Taibo es un antes y un después en la literatura policíaca en México.

Hielo-negro-final

Y aunque es lector asiduo del género, reconoce que el policial clásico no le generan el mismo entusiasmo.

–Las [historias] del padre Brown [de G.K. Chesteston], Sherlock Holmes [de Arthur Conan Doyle], Hércules Poirot [de Agatha Christie], me parecen muy frustrantes. Estos detectives tan poderosos, de mente analítica, desde [August] Dupin [de Edgar Allan Poe], tienen esta cosa horrible de que te hacen sentir tonto siempre. Tienen capacidades de observación sobre humanas que a mí me chocan. Quizá porque la idea del detective a la Sherlock Holmes o Hércules Poirot es algo que ya fue. Es algo que ya está muy atrás, es como si le dijeras a alguien que te dice que toca rock, “entonces tocas como César Costa”.

En cuanto al policíaco contemporáneo confiesa que tampoco es un gran fanático de los fenómenos mediáticos, como el de la ola escandinava, que proyectó a autores como Stieg Larsson, quien a decir de Bef “no sabe plantear el misterio y lo resuelve de la manera más chaqueta que te puedas imaginar”. Aunque reconoce que se trata de estrategias que han posicionado al género entre un mayor número de lectores a nivel global convirtiendo a muchos de ellos en fenómenos de ventas internacionales.

–Yo soy muy reticente a la cosa de las modas, pero de repente fue como buena onda leer novela policíaca. No me parece coincidencia que Élmer Mendoza, escritor de novela policíaca, militante de la novela policíaca, sea uno de nuestros autores más proyectados hacia el resto del mundo en un montón de traducciones. No puedes hacer eso con un autor mainstream. Trata de hacer eso con una novela de quien tú me digas, de estos que escriben cosas intimistas, retratos de la angustia existencial de no saber si tomarte un Starbucks o un Cielito Querido, no se puede. Sin ir más lejos, ¿Cuántos novelistas griegos contemporáneos conoces? Nomás a Petros Márkaris, que escribe novela policiaca. Quitando a Henning Mankell y a todos esos, muy poco de la literatura escandinava se exporta al resto del mundo, trata ahora de encontrar un cuentista escandinavo costumbrista. A mí, por ejemplo, no me gustan los novelistas policíacos españoles, pero los que he leído tienen el encanto de pintar retratos sociales muy precisos de sus contextos, ahí hablo de Andreu Martín, de Vázquez Montalbán, Juan Madrid, son autores muy precisos en el retrato social que no siempre está en otras formas de literatura. Yo creo que es eso, que es muy atractiva la novela policíaca, y que además son temas que no tienen nacionalidad, el crimen es un fenómeno global, y la policía también, no hay sociedad sin policía, no hay sociedad sin crimen.

Iris García Cuevas (Acapulco, 1977) es autora de la novela 36 Toneladas (ZETA, 2011), del libro de cuentos Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009), y de la obra de teatro Basta morir (Teatro de la Gruta VIII, Fondo Editorial Tierra adentro y Centro Cultural Helénico, 2008). Cuentos suyos han sido publicados en una docena de antologías. Fue nominada al premio Silverio Cañada 2012 a mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón, en España; obtuvo el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano 2008; mención honorifica en el Concurso Nacional de Cuento Joven Alejandro Meneses, 2008; Mención especial en el Concurso Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo,  2008.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn