Weekend: Jean-Luc Godard

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“Se adelantó el regreso de Mao,

El hijo de Mao -el Mao blanco-“

Patricio rey

 

En esta película en particular —pero su obra toda es espiralada—, Godard solía decir que improvisaba con materiales muy meditados, por eso la improvisación como acepción usada en forma coloquial es errónea al hablar de su obra. Godard es un agente del caos, pero su teoría del caos esta anunciada en su propia obra “caos =orden”, por eso si bien a primera vista Weekend parece un caos, no hay que olvidar la relación dialéctica que el director nos propone en su obra, como oposición, como antagonismo, como triada: tesis+ antítesis = síntesis.

Weekend va a mostrarnos lo que había al final de la ruta en Sin aliento. Belmondo se preguntaba qué había al final del camino, y Weekend le responde: al final del camino hay caos, al final el camino, el Mayo Francés, al final del camino está el “fin de cinema”. Este film bisagra en la obra del autor cumple un doble rol: por un lado, cierra la etapa de su cine de “cinéfilo” , luego de La china, y Pierrot le fou, y se introduce en lo que se conocerá como sus años Mao, y por otro lado, Godard, siempre un corruptor del formalismo cinematográfico, en este film llevará al límite los elementos del dispositivo, de la narración; toda transgresión anterior parecerá vana comparada con este film, toda actividad cinemática anterior será snob frente a un manifiesto de clase que se planteará en este film.

En Pierrot decide eliminar una noción de personaje y Belmondo se vuela la cabeza con una pila de dinamita; en La china, rompe con un tipo de militancia, la militancia panfletaria de buró( no es menor que para esto use al actor fetiche de Truffaut), se ríe de los revolucionarios de salón, los eleva a la categoría de tigres de papel, para usar una parábola maoísta. En Weekend, romperá con un tipo, de narración, de estructura, de independencia, romperá con una forma de filmar.

La nouvelle vague cimentó su ascenso en la destrucción del status quo del cine de calidad, pero en su lucha por la política de autor, se convirtieron en el nuevo star system, y de la política de autor sólo quedó la autoría como nuevo modo de evaluar y calificar a una obra y al cine todo. La política dormiría el sueño de los justos y el cine que se reclamaba vital, para el 67 ya era parte de las clases dominantes que pretendía combatir.

Por eso Godard llega a Weekend con una conciencia plena del fin de una era, de un paradigma. El travelling ya no era moral, el cine todo debía ser moral, la lucha por la forma se había llevado el contenido, e igual que en La china, tras el triunfo de la revolución, era necesaria una nueva revolución, una revolución cultural. Godard la trasladará su vida, su ideología y su pensamiento, a una obra cinematográfica.

El no relato, la no narración, ¿una historia? Godard influenciado por la teoría del distanciamiento brechtiano [i] llegará en esta película al extremo de las apropiaciones, pero por más influenciado que pueda ser por la literatura, la pintura, el teatro, no hace un uso lineal ni parasitario de otras artes. Godard eleva el discurso del cine nutriéndose de disciplinas varias y encausa la realización como proceso interactivo y vinculador de las artes todas. El cine es la superación dialéctica de todas las artes, Godard lo entiende y lo ejecuta, de forma majestuosa mediante la sincronización del dispositivo en elementos que cuestionen la puesta pero que conserven la unidad y no una unidad narrativa propiamente, sino una unidad temático- ideológica; el dispositivo tanto en forma como en contenido sirven en ultima instancia a la finalidad de la obra.

La obra pretende transmitir el caos, el caos y el orden de la multiplicidad de discursos, de la multiplicidad de situaciones, y la forma de plasmarlo en el cine no puede ser otra que de manera múltiple, Godard hace un cine en base a las condiciones materiales de existencia de la obra y de Francia, por eso la película al fin de cuentas, logra fundirse con la realidad y terminar vaticinando el futuro inmediato de Francia, el caos y el orden.

El caos del sistema que corrupto se ahoga en su ineficacia, y el orden espontaneo de los obreros, de los estudiantes, de los revolucionarios, que se unirán para decirle a De Gaulle que su estado de bienestar ha fracasado, que las medallas de la segunda guerra ya no cubren el desempleo, y que en Francia “todo no va bien”. Por eso Weekend se enmarca en las peripecias de una pareja pequeño burguesa que trata de abrirse paso en el caos de una maraña de situaciones de tipo surrealista, con un auto, auto como representación de las aspiraciones pequeñoburguesas, como representación del capitalismo fabril, auto como estándar de vida de la burguesía metropolitana.

Intentará esta pareja recorrer de forma lineal una historia no lineal, pero la historia no se los permite: los protagonistas pretenden ante todo mantenerse en el cause, en el orden, en las normas, pero la realidad se ha salido de cause, y por mas estado de derecho que invoquen, el de una herencia, el de la prioridad de paso, el de el orden, el del poder de su dinero, nada les valdrá, el estado se tambalea, y el derecho se ha vuelto un izquierdo.

Tras asistir a interminables embotellamientos, a enfrentamientos constantes, a discursos a cámara sobre la situación de clase en Francia, a planos fijos de tipo fotográfico pero a 24 cuadros por segundo, a planos secuencia iterativos, a situaciones arbitrarias como la lucha entre una joven de clase media y un campesino, tanto a diálogos de personajes literarios que enumeran soliloquios con el tiempo propio de la ausencia de orden, el tiempo virtual, un tiempo y una interacción que no busca raccord, por eso de forma más extrema que en el Ángel exterminador, podremos ver que un burgués privado de su entidad social, de su estatus, de su poder de alienación, no es más que un animal dispuesto a corromperse, y pisara la cabeza de quien sea necesario para sobrevivir.

Godard levanta el telón de la elegancia francesa en particular y de la europea en general, y como si fueran hormigas de granja, manipula el destino de esta pareja que por vivir de reflejos no se reconoce frente al espejo de la realidad. Por esto y por mucho mas, no es de extrañar que el final, el de una guerrilla foquista con practicas caníbales, nos resulte adecuado, porque lo único que le faltaba a esta realidad era que empezaran a comerse unos a otros, y así fue el Mayo Francés, un estallido del sentido y el orden.

Weekend es entre la holgada filmografía de Godard quizás su película más necesaria. Puede que Sin aliento, Banda aparte, sean de las más recordadas e incluso de las más accesibles, pero sin duda Weekend es la que capitaliza todos los elementos del discurso godartiano y lo elevan a una obra clásica, “clásica = moderna”, clásica, moderna, actual.

[i]Esta cuestionaba el rol pasivo del espectador, introducía carteles y rupturas en su diégesis. Las trasgresiones de orden eran la norma, y se pretendía que el espectador al ser parte de la obra como observador activo, la resignificara y saliera de esta habiendo sido parte crítica y constructiva. Brecht pretendía quebrar el discurso lineal del teatro clásico, y pretendía darle al espectador el poder de transformar y transformarse.

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Written by Mauro Zanier

Mauro Zanier

Mauro Zanier es fotógrafo, camarógrafo, editor de vídeo y director de fotografía egresado de Realización Integral de Cine y Televisión en Centro de Investigación Cinematográfica (CIC), Camarógrafo Gaffer CFP SICA, fotografía analógica en Foto Club Buenos Aires y Guión en el Taller de cine Raúl Perrone, Buenos Aires, Argentina.