Mi vida como nube (texto dramático, entrega 2)

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ESCENA II

 

En el mismo lugar.

 

ENRIQUE

¿Quién?

VOZ DE HOMBRE FUERA DEL ESCENARIO

¿Puedo hablar con usted?

ENRIQUE

Un momento, por favor.

 

ENRIQUE abre la puerta. Aparece GILES.

 

GILES

Buenas noches.

ENRIQUE

Buenas noches. Pase, por favor, señor Giles.

 

GILES frunce el entrecejo cuando descubre a CRISPÍN.

 

GILES (a CRISPÍN)

Así que aquí estás. (A ENRIQUE) ¿Se le olvidó que no se les permite a los inquilinos meter visitas a sus habitaciones?

CRISPÍN

Yo no soy ninguna visita.

GILES

Tú no hables hasta que se te pida tu opinión. ¿De acuerdo?

CRISPÍN

Sí, padrino.

ENRIQUE

Le pedí al joven que viniera a mi habitación porque quiero que me haga un trabajo de plomería.

GILES

No me diga. Así le llaman ahora: “Un trabajo de plomería”.

ENRIQUE

La tina del baño está tapada.

CRISPÍN

Y no hay modo de destaparla.

GILES

Dije que no hablaras.

CRISPÍN

Sí, padrino. Digo, no padrino.

GILES

¿Y por qué razón hace pasar a este chamaco a escondidas?

ENRIQUE

¿Escondido dónde? ¿Dentro de mis bolsillos?

GILES

No se haga el chistoso. Margarita me dijo que los vio atravesar el patio; y Crispín iba agachado como con temor a ser descubierto.

ENRIQUE

¿Por qué con temor a ser descubiertos?

GILES

Usted ignora que este jovencito es menor de edad, ¿verdad? Él no tiene la edad suficiente para hacer cosas ilícitas que usted ya debió obligarle a hacer.

ENRIQUE

¿Trabajar es algo ilícito?

GILES

No se haga, señor Enrique. Usted sabe a qué me refiero. ¿Cree que no me doy cuenta de que, cada noche, usted sale a la caza de muchachos para satisfacer sus instintos más sucios.

ENRIQUE

¿Usted asegura que este joven es mi amante?

GILES

Por no llamarle de otra manera, claro.

CRISPÍN

¿Qué pasó, padrino? Es la primera vez que vengo.

GILES

¡Dije que te calles!

ENRIQUE

Lo que usted está haciendo es faltarme al respeto. Es… Está levantando un falso testimonio tanto a Cris como a mí.

GILES

Ja, ja, has, ja, hasta le, ja, ja, ja, le llama Cris, ja, ja. ¡Ay, sí, Cris! Ja, ja, ja…

ENRIQUE

¡Y levantar un falso a unos ciudadanos inocentes es severamente castigado por nuestras leyes!

 

GILES para de sopetón la risa.

 

GILES

¿Qué ha dicho usted? ¡Me está amenazando! Eso que acaba de decir es una amenaza. ¡Vamos a ver quién de los dos resulta inocente ante el Ayuntamiento! Un tipo como los de su calaña, que seduce a chamacos, recibe el nombre de poderasta. ¡Avergüéncese, señor poderasta!

ENRIQUE

Vergüenza le debería dar a usted que no sabe ni hablar. Se dice pederasta. Y no soy ningún pederasta.

GILES

¡Ah! ¡Qué bien conoce la palabrita!

ENRIQUE

La conozco porque trabajo con las letras; usted, mejor que nadie, sabe cuál es mi oficio.

GILES

El oficio más antiguo del mundo.

ENRIQUE

Pues sí, soy un escribano. ¡Y usted es un grosero!

GILES

Ay, sí, “grosero”.

ENRIQUE

¿Y por qué me ridiculiza con esa vocecita? Ese gesto que usted acaba de realizar no es otro sino el de la homofobia.

GILES

Yo no soy ningún homofobia. Homofobia lo será usted.

ENRIQUE

Sí que lo es. Y esto ya es castigado por nuestras leyes mexicanas.

GILES

Ay, sí. Mire, cómo tiemblan mis piernas del miedo.

CRISPÍN

Padrino, ¿me permite hablar?

ENRIQUE (a GILES)

¿Cómo se atreve?

GILES (a CRISPÍN)

Habla.

CRISPÍN

Yo no soy un menor de edad.

GILES

Entonces, ¿me llamas mentiroso? ¡Este señor me acusa que estoy en contra de las leyes y tú me acusas de mentiroso! Bonita mancuerna esta.

CRISPÍN

Tengo veinte años.

GILES

Es lo que yo imagi… ¿Cómo que…? ¿Y por qué pareces un chamaco?

ENRIQUE

Seguramente tiene mala alimentación. Nuestro país tiene los índices más altos de desnutrición en el mundo.

CRISPÍN

Pus, doy mis tres comidas. Ya soy así de por sí.

GILES

Pero ¿no fue hace tres… o dos años que te llevé a la iglesia a hacer tu primera comunión?

CRISPÍN

Uy, no. Eso fue hace diez años. Todavía vivía mi mamá.

GILES

¿Hace diez años?

CRISPÍN

Sí, padrino.

ENRIQUE

Entonces, señor Giles, ¿quién de los dos está faltando a la ley?

GILES

¡Usted! ¡Esto no es motivo para que usted resulte inocente!

ENRIQUE

Pero ¿ahora por qué razón? El muchacho acaba de decir que no es menor de edad.

GILES (a CRISPÍN)

¿Ya sacaste tu cartilla?

CRISPÍN

Hace un año, padrino.

GILES

A ver, enséñame los dientes.

ENRIQUE

¡Ay, ni que fuera caballo, por favor!

GILES

¿Tienes novia?

CRISPÍN

No, padrino.

GILES

Pues ¿cómo vas a tener novia si prefieres a los señores?

ENRIQUE

¡Señor Giles! Eso también es una gesto homofóbico.

CRISPÍN

Híjole, padrino.

GILES

¿Lo van a negar? ¡Los agarré con las manos en la masa!

CRISPÍN

¿Cuál masa, padrino?

ENRIQUE

Ya le dije que el joven está aquí porque la tina está tapada. Deje esos pensamientos morbosos y mejor póngase a restaurar este cuarto. Aprovecharé la ocasión para decirle otras incomodidades que descubrí. Aparte de que la cama no tiene una pata, y el techo está húmedo porque debe de haber una fuga en el tinaco, hace unos días apareció una rata. Sí, así como lo oye, la descubrí mientras trabajaba. El animal entró por la rendija de la puerta; aprisa se desplazó por esta parte; paró su carrera y me miró la muy cínica. Me miró con la misma expresión de alguien que mira a un monstruo. Yo me horroricé, la rata se horrorizó, y los dos pegamos un chillido. ¡Ay! Sólo de acordarme se me enchina el pellejo. ¡Así no se puede vivir!

CRISPÍN

Yo le hubiera lanzado un zapatazo. Así maté una rata una vez.

GILES

Yo ya sé por dónde va usted, señor Enrique.

CRISPÍN

También puede comprar veneno; lo embarra en un pedacito de queso; el ratón se lo come, y muere. También hay unos como caramelitos.

GILES

Ahora dirá que por esas razones no pagará tampoco este mes. ¡Ya son seis meses los que me debe! A ver, señor Enrique, míreme a los ojos… ¡Míreme a los ojos! (Enrique obedece) ¡Aaaaaahh! Yo también chillo ante su mirada.

ENRIQUE

¡Me está llamando rata!

GILES

Ni más ni menos. (A CRISPÍN) ¿Conoces la forma de exterminar a una de este tamaño?

ENRIQUE

¡Señor Giles, usted insiste en insultarme! ¡No es modo de dirigirse hacia mí!

GILES

¿Ah, no? Entonces, ¿cómo hay que hablarle a alguien que está viviendo aquí de gorra? ¡Págueme la renta!

ENRIQUE

Se la voy a pagar.

GILES

¡Pero ahora! ¿O piensa pagármela el próximo año? ¿El próximo año para qué? ¿No ha visto los noticieros? La juventud está corrompida; hay manifestaciones a todas horas, el gobierno nada puede contra la delincuencia y el crimen; por si fuera poco han comenzado a caer asteroides, los rayos de sol son cada vez más intensos porque pronto se habrá de apagar, y entonces será el chillar y crujir de dientes. ¡El mundo está por acabarse! Estamos viviendo los últimos días.

CRISPÍN

¿Quién dice eso, padrino?

GILES

Los diarios y el noticiero de la noche. Así que quiero ahora mismo el dinero de la renta porque mañana todos habremos de desaparecer.

CRISPÍN

Pues si vamos a desaparecer, no tiene mucho caso que le pague.

ENRIQUE (cogiéndose la cabeza como si estuviera a punto de desmayarse)

Estoy… Yo…

CRISPÍN

¿Se siente mal?

GILES

¡Qué mal va a estar! ¡Le hace al teatro!

ENRIQUE

Tengo… la boca reseca.

CRISPÍN

Le voy a servir un poco de agua.

ENRIQUE

Por favor.

 

CRISPÍN sirve un vaso de agua y se lo entrega a ENRIQUE. ENRIQUE lo bebe. Se nota recompuesto.

 

ENRIQUE

Ya le había dicho que le pagaré el próximo mes que empiezan las vacaciones. Han venido dos chicas interesadas en que les dé clases de inglés.

CRISPÍN

¿Sabe inglés? Yo también quiero aprender.

ENRIQUE

Y por otro lado… (Coge un paquete de cuartillas que estaban sobre la mesa). Mire.

GILES

¿Qué es esto?

ENRIQUE

Es el manuscrito de mi novela.

GILES (coge el manuscrito; lee en la primera página del manuscrito) “Mi vida como nube.” Por Enrique de los Santos. Está bastante choncha.

ENRIQUE (le arrebata el manuscrito a GILES, y se lo entrega a CRISPÍN)

Haz el favor de leer la introducción.

 

CRISPÍN (coge el manuscrito y lee)

Introducción, punto y aparte. Si la reencarnación existe, coma, tengo la certeza de que en mi vida pasada fui nube, punto y seguido.

ENRIQUE

No tienes que mencionar la puntuación. Lee de corrido.

CRISPÍN

“Introducción. Si la reencarnación existe, tengo la certeza de que en mi vida pasada fui nube. Es por eso que en mi vida actual asumo las actitudes más insólitas. Mi espíritu adquiere formas caprichosas; y entonces soy árbol, soy ave, soy dragón, soy zapato de vagabundo. El aire me impulsa a los lugares más recónditos de la tierra. Las aves se columpian en mi cuerpo. Soy, pues, nube en pantalones.” ¡Eso está resuave!

ENRIQUE

Sí, ¿verdad?

CRISPÍN

“Soy nube en pantalones.” Me gusta.

GILES

Usted es de lo más imprevisible.

CRISPÍN

Pues como las nubes, padrino. Las nubes son imprevisibles. No sé si usted se ha dado cuenta, padrino, pero hay veces en que las nubes están negras que uno dice: “Se va a soltar una lluvia sabrosa.” Y no, ni llueve. Y otras veces están blancas como algodones y, ¡purrún!, se deja caer un aguacero como nunca. Lo que quiero decir es que, cuando usted menos se lo imagine, el maestro le dará su dinero en abundancia, como un aguacero inesperado. ¿Verdad, maestro?

GILES

Yo quiero tratar con personas; no con nubes; ¡mucho menos con fenómenos metereológicos! Así pues, le pido de la manera más atenta que me pague la renta en los próximos tres días; de lo contrario, me veré en la penosa necesidad de llamar a la policía para que lo castiguen y se lo lleven preso, señor Nube.

ENRIQUE

¿Hay acaso otra policía más agresiva que usted?

GILES

¿Qué dijo?

ENRIQUE

Digo que, el día de ayer, envié el manuscrito original a la editorial Utópica para que me lo publiquen. Allí publican las obras de los escritores más importantes de nuestro país.

GILES

De lengua me como un taco.

CRISPÍN

¿Y cuándo sale su libro, don?

ENRIQUE

Estoy seguro de que la respuesta la obtendré en esta misma quincena. Lo primero que me pedirá el editor es que me traslade a la capital para que firmemos el contrato. Pero antes me dará una fuerte suma como adelanto de las ventas. Y de allí, aunque usted no lo crea, los cinco meses de renta que adeudo, se los pagaré.

GILES

¡Júrelo!

ENRIQUE

No le voy a jurar nada. No acostumbro a jurar. Créame, simplemente.

GILES

“Créame, simplemente.” Estoy harto de esa cantaleta. ¡“Créame, simplemente” me viene diciendo desde hace cuatro meses!

ENRIQUE

Confíe en mí. Mañana tendrá su dinero.

GILES

Vamos a ver si es cierto. Mi ahijado está de testigo.

CRISPÍN

Sí, padrino.

GILES

Si el día de mañana usted no me paga, Crispín habrá de declarar en su contra.

CRISPÍN

¿Cómo, padrino?

GILES

¡Él y yo seremos sus enemigos que jamás ha tenido!

ENRIQUE

Mejor testigo no podría haber.

GILES

¿Ya oíste?

CRISPÍN

Ay, padrino.

GILES

Entonces, vámonos.

CRISPÍN

No me puedo ir. Tengo que acabar de arreglar el baño.

GILES

¿Y qué esperas? Yo te veo aquí chacoteando.

CRISPÍN

Voy, padrino.

 

CRISPÍN desaparece por la puerta del baño.

 

GILES

Buenas noches, señor Nube sin lluvia.

ENRIQUE

Buenas noches, señor ventarrón.

GILES

Lo que hay que aguantar.

 

GILES sale. ENRIQUE queda solo en el escenario. CRISPÍN hace ruido desde el baño en el intento de reparar el problema.

 José Dimayuga (Tierra Colorada, Gro.,1960) es escritor y dramaturgo. Estudió Filosofía en la UNAM. Autor de Afectuosamente, su comadre (Premio Nacional de Dramaturgia, que convoca la UANL, en 1992); País de sensibles (Primer lugar en el Concurso Nacional de Obras de Teatro convocado por la SOGEM y la UNAM, en 1994); Una mujer de tantas (Mención especial en el Concurso de Obras de Teatro convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el gobierno del Estado de Baja California, en 1995); Hotel Pacífico (Primer lugar en el Encuentro Estatal de Teatro, en Chilpancingo, Gro., en 1996). Sus textos dramáticos han sido escenificados en México y Sudamérica. El Gobierno de Guerrero le otorgó el premio estatal al Mérito Civil de Literatura Juan Ruiz de Alarcón, en Octubre de 2010. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, (ed. 2007). Su más reciente libro es La hora de los mosquitos y otros bichos dramáticos, Desliz Ediciones, en 2014. Fue Director Artístico del Festival Internacional La Nao Acapulco, 2013 – 2015.

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