Post-experimentalismo, escritura y lucha. Entrevista con Heriberto Yépez

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Heriberto Yépez en los últimos años se ha convertido en un referente ineludible temas culturales en el país. Ninguneado y elogiado a la par tanto en México como en Estados Unidos, no puede negársele su agudeza para leer ciertos temas fundamentales en el ámbito de la cultura. Sus dos últimas grandes intervenciones, por un lado su serie México conceptual (donde hace una crítica del arte contemporáneo en y desde México), y por otro sus denuncias a partir de la antología México 20, sólo reafirmaron su condición incómoda para muchos y estimulante para otros. En Terraplén platicamos con él sobre algunos temas de poesía mexicana que se hicieron visibles a raíz de la antología México 20.HY

 T: En varios momentos has mencionado la idea de que la poesía mexicana ha terminado. ¿Qué quiere decir esto? ¿Desde tu punto de vista no hay poetas vivos valiosos en México? Si los hay, ¿quiénes son?

HY: No me gusta especular con listas de escritores recientes. Prefiero preparar estudios de textos literarios. Recientemente se publicó un análisis extenso que realicé sobre la primera página de Pedro Páramo, por ejemplo. Ahí exploré cada una de esas frases rulfeanas y cómo funciona su genial juego constelatorio. Analizar a Rulfo en detalle complementa la teoría de Theodor Adorno sobre la forma estética. Rulfo es el gran poeta mexicano.

En lo que se refiere a la “poesía” mexicana actual, creo que la falta de una entrega al espíritu poético ha ocasionado una interrupción. Uno de los autores que más marcó mi visión de la poesía cuando yo era joven fue Milan Kundera. Su novela La vida está en otra parte fue para mí un momento decisivo de mi comprensión del ballet totalitario entre la lírica y la política; una crítica devastadora contra los poetas, no sólo en el mundo soviético sino también en lugares como México, en la relación entre la poesía de Octavio Paz y la política del PRI, digamos, y aún más claramente contra lo que hoy vemos con poetas y narradores lirizando mientras el gobierno aplasta.

A los jóvenes poetas les recomendaría leer a Kundera. Leer cada uno de sus libros, hacer un programa personal de lectura sistemática. Kundera tenía a Paz y Fuentes en buen lugar porque no entendía el mundo cultural y político mexicano. Pero nosotros podemos ampliar la visión kunderiana. Por principio, se debe leerlo en lugar de leer las novelas reaccionarias, mediocres, de la clase intelectual mexicana.

Cuando lleguen a la teoría de la novela de Kundera, por cierto, se toparán con la idea de que la literatura no obedece a una historia lineal, continua. Hay discontinuidades, periodos en que la poesía y la novela cesan. Ahora, en México, por ejemplo, estamos en un periodo en que la poesía no está ocurriendo. Hay mucha gente escribiendo versos. Pero hacer versos no vuelve a nadie un poeta. Muchos menos hoy después de tantas revoluciones que la poesía sufrió y gozó en los siglos XIX y XX. Estar pensando en las novedades hace que perdamos de vista la poesía, 99% de la cual pertenece a muertos. Es el orden neoliberal el que nos hace sentir, fisiológicamente, que lo más importante son las novedades, especular sobre quiénes, qué fotografías, nombres, hay que seguir. Hace una década todavía, los más jóvenes me preguntaban cuáles eran los grandes poemarios o novelas que debían leer. Ahora no pasa una semana sin que alguien me pregunte qué leer de la mesa de novedades. Esta pérdida de visión es un triunfo del capitalismo editorial y el networking.

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T: ¿Qué crees que es lo que está pasando en la literatura mexicana y que las discusiones entorno a la antología México 20 ha destapado? Sin duda hay una crisis, pero esa crisis ¿qué revela y hacia dónde puede llevarnos?

HY: El gobierno mexicano está creando una falsa literatura mexicana. Escritoras y escritores que saben que su obra no podría sostenerse por sí misma, consecuentemente, se hacen cómplices del gobierno para crear una imagen artificial de la importancia de su literatura personal y la literatura nacional.

El medio literario mexicano ha llegado a tal insensatez que cuando algunos criticamos que funcionarios y escritores convenientes crearon listas oficiales de narradores y poetas para promoverlos aquí y en el extranjero, los incluidos alegaron que teníamos “envidia”, que nuestra crítica se debía a que nosotros también ¡deseábamos volvernos la literatura del gobierno de Peña Nieto! A este nivel llega su ceguera o idiotez.

La incapacidad de escucharse a sí mismos, de no darse cuenta, siquiera, de la ridiculez de tal alegato, sus repetidos falseamientos, por ejemplo, ocultar que otras veces hemos rechazado este tipo de invitaciones, y alegar que otros deseábamos viajar a Londres o París para participar de esa farsa oficial, es un retrato perfecto del colapso crítico de la literatura mexicana.

Hay un ensayo de Aldo Pellegrini que también ha sido muy importante para mí: “La acción subversiva de la poesía”, donde dice acerca de la poesía como expresión vital y la poesía como sumisión que “la solución […] la logran los detentadores del poder domesticando a los poetas, volviéndolos inofensivos, para que ofrezcan un producto falsificado… que con el título de poesía reciba los honores oficiales, las prebendas… la poesía ‘oficial’ y que es la negación total de la poesía. Así se alcanza el ideal de los carceleros: lanzar a los poetas contra la poesía”. Ese ensayo de Pellegrini, párrafo a párrafo, me marcó para siempre.

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Desde el inicio de mi escritura, yo le declaré la guerra a la literatura mexicana y creo que cada año, conforme me hago más viejo, me radicalizo más. Siento que es mi obligación como escritor combatir la destrucción capitalista de la poesía y en México y Estados Unidos puedo dar batallas concretas, que, año tras año, me separan más y más de mis colegas, invitaciones, publicaciones. Y eso me hace feliz. Quizá soy el escritor mexicano de mi generación (y otras) que más ha sido censurado, que más puertas tengo cerradas. Pero eso me gusta, porque así hago lo que quiero y me mantengo donde el escritor siempre debe estar: el riesgo. Toda mi obra nace de luchas.

Una buena parte de los escritores mexicanos se han olvidado o nunca se enteró, por ejemplo, que ser novelista o ser poeta implica, en nuestro tiempo, una resistencia permanente contra la mediocridad de las literaturas nacionales y los gobiernos autoritarios. Este compromiso ético y estético es algo que veo ausente en literaturas como la mexicana, que atraviesa un estado vergonzoso de sumisión. Para defender a la literatura, en este momento, hay que estar contra la literatura mexicana oficial.

T: En el siglo XX, el realismo soviético, las exigencias del partido para hacer un arte comprometido, los mismos surrealistas a su manera siguieron esta postura; al mismo tiempo se endureció la postura contraria: el arte como un territorio que no se ensucia con cuestiones mundanas, la torre de marfil, el arte introspectivo, etcétera. Poesía y política. ¿Cómo se da esta relación ahora? ¿Ya no basta para valorar una obra la dimensión estética? ¿Es determinante el cómo se sitúa ante ciertas realidades sociales?

HY: Primero que todo, creo que debemos releer las discusiones del siglo XX, porque cada vez que en México se rememora alguna de esta discusiones se hace ya desde la versión liberal, capitalista y priista de Octavio Paz. Las ideas de Paz sobre la literatura “comprometida”, por ejemplo, son muy rudimentarias, esquemáticas. Hay que releer directamente a Sartre y, sobre todo, hay que entender el tipo de compromiso postulado por Walter Benjamin, al pedir que leyéramos a contrapelo toda la historia, revisar todo el archivo y nos opusiéramos a que se extienda la violencia e injusticia (la “barbarie”), hasta hoy indivisible de la “cultura”. En este sentido, me siento muy cerca de la mezcla explosiva de marxismo y espiritualidad que hay en Benjamin, el Subcomandante Marcos o Malcolm X.

Lo mismo puedo decir de la idea reinante de “estética” que opera en México: totalmente desfasada de la discusión contemporánea. Recomendaría, como inicio, el libro La estética como ideología de Terry Eagleton, como lectura mínima indispensable. El medio literario mexicano, simplemente, se quedó estancando en lecturas, en parte por filisteo y, en parte, porque el Estado, que controla prácticamente toda la circulación de materiales culturales, se aseguró de que el medio intelectual no creciera hacia la teoría crítica y otras literaturas.

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T: En tu texto “La poética de la contrainsurgencia mexicana”, hablas de poesía de derecha. ¿Cómo sería una poesía de izquierda?

HY: La poesía de izquierda ha sido como la de Brecht, Breton, Neruda, Rokha, Cardenal, Dalton, Vallejo, Cortázar, Baraka, Guillén, Anzaldúa u Oppen. Si comparas estas poéticas, para sólo mencionar una docena, notaremos que son muy diversas y que son momentos culminantes de la poesía mundial.

Eso es en lo que concierne a lo que ya ha sido de las poéticas de izquierda. En lo actual y sin hablar por otros, me limito a hacer mi propia obra y no dar recetas, porque eso es típico de la actual tendencia neoliberal: reducir la literatura a técnicas y preceptivas inmediatistas, proponer guías acerca de qué tipo de texto producir, reducir la literatura a “escritura creativa” y de ahí, sustituir la construcción de una obra con la promoción de carreras.

La literatura, por principio, ocurre en la praxis, no en los instructivos curriculares; ocurre en el combate de la forma con la literatura y la sociedad.

T: ¿Qué papel juega la crítica literaria en esta crisis? ¿La crítica literaria en México sufre una crisis similar a la de la poesía? ¿Qué críticos mexicanos consideras valiosos?

HY: La crítica literaria oficial está diseñada para evitar que la crisis crezca; es una crítica apagafuegos. Críticos como los de Nexos o Letras Libres funcionan como tasadores de qué literatura actual obedece mejor a los criterios anacrónicos imperantes. ¿Y qué une a todos estos críticos y comentaristas en revistas y periódicos? Que ninguno de ellos ha escrito una obra literaria relevante internacionalmente. Ninguno, siquiera, es investigador permanente de literaturas. Son opinólogos reaccionarios, al servicio de caciques culturales que, a su vez, son opinólogos del gobierno. Este círculo vicioso arruinó a la literatura mexicana, que ya es una perfecta réplica del PRI.

Los jóvenes escritores en México deben abandonar la literatura mexicana y leer otras literaturas. La literatura mexicana, sencillamente, no posee las claves para escribir literatura innovadora o profunda en este momento. En cuanto lecturas, las nuevas generaciones deben buscar en otras literaturas para tener un conocimiento más completo.

T: Es un hecho, está documentado, que Círculo de Poesía, ha actuado como un grupo que busca posicionarse en ciertos espacios de privilegios, en especial, de premios (ha habido situaciones penosas en varios casos donde miembros de este grupo han sido jurados). Ahora parece que también entran en la discusión a partir de la antología. Por un lado está el Estado y sus políticas culturales y por otro grupos como Círculo de Poesía. ¿Qué opinas de esta situación y de grupos como estos?

HY: Mantengo distancia crítica con todos los grupos. No soy un escritor que le interese formar parte de grupos. El único grupo al que he pertenecido ha sido la literatura de Tijuana. Fuera de esa tribu, que ya se dispersó, no he pertenecido a ningún grupo. Y me preocupan, especialmente, mafias como Letras Libres, que son el brazo letrado del gobierno en turno. Los grupos manipulan la literatura, colocan a autores serviles o, al menos, amigos, en puestos, premios, espacios, visibilidades. La larga historia de este proceso fue aniquilando a la literatura en México, porque se le fue enseñando a varias generaciones a valorar como buena o gran literatura lo que, en verdad, sólo eran dedazos y, entonces, se crearon lectores que al creer esas farsas ya no supieron distinguir, identificar, a la gran literatura.

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Un escritor comprometido con la literatura y su mundo debe quedarse fuera de los grupos. No le será nada fácil navegar a solas, pero esto lo forzará a alcanzar un nivel literario alto, porque sólo así podrá mantenerse a flote. Si perteneces a un grupo, tu literatura puede ser mediocre y, sin embargo, tener una buena posición, presupuestos, carrera. Si no perteneces a grupos y eres crítico hacia todas las direcciones, en cambio, vas a tener que hacer una obra que se defienda sola, que tendrá que resurgir en el futuro después de ser otra más de los desaparecidos del oficialismo. Desde esa convicción y fuerza hay que escribir. Sin dejar jamás de leer y aprender. Sin ningún miedo.

T: Has señalado que la poesía mexicana no lleva una dirección clara, sufre de un conservadurismo rampante y disfrazado, elusivo a lenguajes críticos radicales. ¿Qué chip habría qué cambiar, qué fantasmas habría que extirpar? Qué caminos, qué actos podrían darle salud a la poesía mexicana? En otro lugar has mencionado que un post experimentalismo podría ser un opción, ¿qué quiere decir esto?

HY: Por mi propia dinámica fronteriza y mi relación con el experimentalismo en Estados Unidos, he escrito una parte de mi obra en inglés. Ahí es donde he escrito algo más sobre lo post-experimental. Pero si tuviera que decirlo de modo sucinto ahora, me gustaría decir que el experimentalismo históricamente ha seguido ligado al imperialismo y al colonialismo. No ha podido romper con el eurocentrismo, en general, y los valores leucotrópicos de esta civilización de muerte [http://www.mexiconceptual.com/2016/05/08/satelite_25/]. El experimentalismo ha dependido de métodos, tácticas, recursos retóricos, así ha modificado la figura estética, su “shape” o “gestalt”. De alguna manera, el experimentalismo (que podemos fechar a partir de los 1950’s) resultó de la gradual despolitización, des-izquierdización, des-radicalización de las vanguardias.

Lo que distingue a los actuales poetas conceptualistas de Estados Unidos y Canadá de John Cage o Jackson Mac Low, ya no digamos Oppen o Ginsberg, es que ya no tienen una política radical, al contrario son abiertamente derechistas, son el grado retro-Warhol de la literatura, es decir, el conceptualismo-Nafta está cincuenta años detrás de 99% y Black Lives Matter.

Al pensar en grupos radicales no pienso, entonces, en Fluxus sino en los Black Panthers y el EZLN. Creo que esos son los modelos interesantes, las verdaderas vanguardias culturales de la época reciente.

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¿Dónde va a cambiar la forma? No va a cambiar por recetas, como las que recicla Goldsmith del arte contemporáneo inofensivo. Goldsmith ya caducó por completo, sólo las literatura auto-colonizadas, neo-criollas, pueden interesarse en Goldsmith y el retro-conceptualismo de esos chicos diletantes blancos. La forma va a cambiar en la lucha.

En mi caso, escribo luchando, por ejemplo, contra la literatura nacional, y junto con dos o tres colegas más inventamos una literatura, la literatura fronteriza de Tijuana, que hicimos tanto en libros impresos como en Internet, una literatura que luego otros han imitado y tratado de ocultar.

En la actualidad, lucho contra ciertos dominios estéticos neoliberales en Estados Unidos y creo que he podido desarrollar una forma de escritura distinta a las del experimentalismo norteamericano; luchando en México, por otra parte, digamos contra la crítica oficial, la literatura de derecha y el propio gobierno recientemente he escrito y auto-publicado un tipo de ensayo, de crítica, que ha roto con los moldes.

Recientemente hice una pieza serial llamada Mexiconceptual [http://www.satelitemx.net/mexiconceptual/], que a la vez que fue una forma de escritura post/poética electrónica, removió el suelo de la historia del arte y literatura en este panorama. Todo esto lo he hecho fuera del radar oficial, incluso de las editoriales, que ya son parte fósil del sistema gubernamental.

Ya no será en experimentalismos sino en luchas donde la forma estética sufrirá y gozará cambios significativos y radicales. El experimentalismo cambiaba el aspecto del texto a través de instructivos o fórmulas. Lo que yo denomino post-experimentalismo, en cambio, es una escritura que lucha; una literatura cuya forma muta por esos combates.

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