Lo sonoro de una creación onírica

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Balam Rodrigo

Iceberg negro

Atrasalante, México, 2015

116 pp.

Qué podríamos abstraer de la imagen de un iceberg? Al mostrar sólo una parte de su conformación es fácil pensar en incertidumbre o misterio y desplazarnos después a lo que esencialmente es, y el hielo nos plantea, la idea de invierno. Si el color que lo distingue es el negro, las posibilidades de elucubración presuponen un derrotero distinto, podríamos decir que opuesto. Según el diario de la BBC, un iceberg negro fue visible en enero del 2013 y viralizado en redes sociales. Los escépticos contra los crédulos ante un fenómeno natural que se explica por las presencias rocosas en el hielo. Este es el motivo que elige Balam Rodrigo (Villa de Comaltitlán, Chiapas, 1974) y parece que un ejercicio mental parecido es el que lo lleva al desarrollo del poemario con el que, en 2014, obtuviera el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines.

Desde la elección de títulos y epígrafes se nos presenta el ambiente concebido de una manera impecable, para adentrar al lector en la atmósfera por la que se irá desarrollando el libro: un paisaje frío que congrega innumerables imágenes que, al proceder de distintos campos semánticos y con aproximaciones alcanzadas por la intensidad con la que han sido colocadas, consiguen la unidad para formar un solo bloque (de hielo). El misterio de este trabajo imaginativo está en lo que no es visible: el lector tendrá que intuir o imaginar, ya que los textos se resuelven en la ejecución retórica. Se trata de textos atmosféricos que proponen una imagen: en el escenario de Balam Rodrigo no ocurre otra cosa que un invierno (negro). El artificio está en la construcción del escenario que es, además, una construcción musical que irá ampliándose en los espacios que van desde las “Lembranzas” a las “Teologías”. Esta imaginería podría encontrar en lo onírico su mejor adjetivo y en la musicalidad su mayor atributo.

He visto a los idólatras arrancar la pureza de las yerbas en la nieve, y buscar la luz y la sed en honda sábanas de alcohol y pitillos de alquitrán y de anestesia. Y los he visto podar con el odio las púrpuras lenguas de los pájaros y morder la niebla con los ojos en la esperanza de orinar músicas y luz como los ángeles, pero el vómito y la náusea han mutilado su garganta con lujuria.

El talento con el que se llega a la exuberancia en las imágenes es incuestionable en la escritura de Balam, quien puede conseguir la atmósfera, la musicalidad y la contundencia en poemas como el señalado líneas arriba y que forma parte del espacio titulado “Teologías”. El interés que me genera, salvando la postura moral, es la forma en la que eleva el tono y expone la intención que consigue deslumbrarme.

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Gustavo Iñiguez (Valle de Guadalupe, Jalisco, 1984) es licenciado en Turismo por la Universidad de Guadalajara. Textos de su autoría han aparecido en diversas publicaciones periódicas. Dirigió la revista literaria Quiescencia. Es coordinador editorial y editor adjunto de Mantis editores. Es autor del cuaderno de poesía Dromedario (2008). En 2013, con el apoyo del CECA Jalisco, publicó el libro de poemas Espantapáramos. Fue becario del PECDA en 2015. Junto a Luis Armenta Malpica es compilador de Equinoccio. 50 poemas ecuatorianos del siglo XX (Mantis editores, México, 2015). Una parte de su libro Vocación animal (Mantis editores, 2016) se traduce al alemán para su publicación bilingüe en una muestra de poesía mexicana reciente (traducción de Rike Bolte).