“Ay de nosotros, los nostálgicos”

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Ya me lo decía mi abuela cuando criticaba mi espíritu romántico: tú aquí llorando por el fulano y aquél ya ni se acuerda de ti. Unos cuantos años después, parece que el llanto enamorado se ha transformado en el penar de las deudas y las oportunidades perdidas; la nostalgia por los derechos del trabajador: un rumor que se irá deslavando en la genética milenial hasta llevarnos a un anacronismo bestial: de vuelta al pasado. Pero no cambio, me cae. Yo aquí llorando por Tierra Adentro en mis tiernas columnas, y la institución no me responde ni una llamada, ni un correo: nada. Y es que tras la última publicación sobre la desaparición parcial del Fondo Editorial TA, surgió el esperado destape. A la madriguera llegó información de más proyectos que no fueron respetados en tiempo y forma, autores a quienes, como si de un premio de consolación se tratara y contrario a lo estipulado en la convocatoria oficial, se les ofreció el espacio de la revista en lugar de la publicación de un libro, la razón: falta de presupuesto.

Ahora que varios autores comienzan a manifestarse en contra del desmantelamiento editorial, en el transcurso del fin de semana pasado comenzó a circular la convocatoria de publicaciones. FETA sustenta: “publica(r) y difund(ir) una oferta editorial enfocada al fomento a la lectura, fomento al libro y a promover e incentivar la creación literaria en todo el territorio nacional”, para menores de 35 años: convocatoria permanente abierta a dictamen…¿Entonces?

Ante tan disparatada confusión, me vi en la penosa necesidad de amputarle la parte ultracorrecta a mi política roedora: hubo que hurgar entre los conocidos. Un interno me contó que las declaraciones de Rodrigo Castillo, quien fuera director titular del proyecto, expresadas en el Encuentro de Poetas Jóvenes en Morelia, no eran ciertas. FETA continuará editando más libros que los títulos premiados (aunque se desconoce cuántos), pero la selección buscará “mejores apuestas” y se pretende que la difusión de dichos títulos tenga un impacto no sólo nacional, sino internacional. A este respecto, en su cuenta de Twitter la Dirección General de Publicaciones (DGP) declaró que: “El Fondo Editorial Tierra Adentro seguirá publicando la obra de los escritores menores de 35 años. Este año, se publicarán 22 títulos”. “La revista @TierraAdentro, en su versión impresa, seguirá publicándose. Aparecerá, además, una nueva versión digital hacia finales de año”. Contrario a lo que publica el community manager de la DGP, el editor de la revista TA, Joaquín Guillén Márquez, relata en un correo en http://www.razon.com.mx/spip.php?article314452&var_mode=calcul a Carlos Velázquez la buena nueva: “dejamos de hacer la revista impresa para enfocarnos en hacer una revista literaria en línea con los mismos criterios y esfuerzos que le poníamos al impreso, pero también aprovechando el formato web que nos permitirá hacer muchas cosas nuevas (entre ellas tener más dinero para pagar colaboraciones e incursionar a lo multimedia)”…¿Entonces sí era cierto?

No es una dulce casualidad que la Secretaría de Cultura justamente tenga como uno de sus objetivos poner en alto la aparente estabilidad del Narcoestado mexicano ante los ojos internacionales, a través de capitalizar sus apoyos a creadores, es decir, el fomento a las industrias culturales y la exportación de sus productos; en ocasiones, todavía incluidos aquellos que poseen un discurso de protesta. Las estrategias que pretenden sistematizar la cultura en el país para optimizar (¿o limitar?) los recursos públicos que obtiene, están planteadas y son públicas: el plato ya está roto; lo que resulta interesante es la manera en que estas violentas transiciones son desempeñadas por el personal que dirige nuestras instituciones. Por muchos motivos, incluida la falta de empleos rentables en la cultura, se repite el fenómeno de los artistas y escritores que ponen su retórica al servicio de burocracia. En un país en crisis, no hay mucha cabida para los juicios morales hacia los individuos, pero sí una extrema necesidad de combate a la inercia que corresponde por igual a trabajadores del Estado y a ciudadanos de a pie. Dicho de otra manera: funcionarios del Programa Cultural TA, ¿para quién van a trabajar?

Si criterios objetivistas como la rentabilidad o la calidad de exportación (que, ojo, no están explícitos en la convocatoria), se imponen en la curaduría de una colección literaria, es claro que seguirá siendo el criterio subjetivo del personal el que seleccione; únicamente que ahora se preocupará quizá no sólo por favorecer sus afinidades discursivas o estéticas como se ha criticado a gestiones anteriores, sino por falsear la ecuación para aplicar parámetros numéricos al dictamen de una convocatoria que solicita manuscritos literarios y no productos de entretenimiento. Quiero aclarar que, por más que nos quieran vender la idea de que estos factores son una contribución a la transparencia (inexistente por el momento), justo operan de forma contraria: si los proyectos educativos y de fomento cultural están generados a partir de valores neoliberales (la migración de la revista al formato digital es una prueba de esto) y no del planteamiento de herramientas críticas hacia la tendencia, estamos a merced de las convenciones editoriales de los funcionarios en turno y nos seguimos enfrentando a un empobrecimiento de los recursos destinados a la capacitación cultural de nuestro país; pues dichos funcionarios apostarán por aquellos títulos que les permitan rendir las cuentas esperadas y esa selección estará justificada en la ambigüedad de los nuevos “valores” culturales. Terminamos por sustituir la ninguneada crítica literaria por la especulación en torno al dato duro. Políticas públicas sí, pero cultura no. Sin duda una alquimia cuyos resultados serán difíciles de garantizar (mucho más sin un concienzudo estudio de mercado y la correcta segmentación de su target para los cuales seguro que tampoco hay presupuesto), como difícil será garantizar que ese posible déficit en el desempeño comercial de la literatura venidera no se convierta en un nuevo recorte a su fomento.

La pregunta urgente es ¿por qué una institución pública no da cuentas públicas? ¿Con qué derecho los responsables del Programa Cultural siguen “aguantando la noticia” cuando ya se encuentran solicitando colaboraciones para reflexionar sobre la migración del formato de la revista? Después de la falta de información y el tiempo de espera colgado a los autores, ¿es posible fiarse en declaraciones tuiteras?, ¿qué formalidad presenta un programa cuyo director declara información incierta en relación al futuro del proyecto?, ¿cuál es la finalidad de ponerlo en duda: desestabilizar? En serio, en serio, ¿unos tuits y ya? No es la primera vez que instituciones públicas recurren al manejo de desinformación como estrategia burocrática. Es una falta de respeto a sus autores: resta –por principio– credibilidad al proyecto, al manejo institucional y de secretarías, a sus criterios editoriales y al material que se publica; también es una falta de atención al lector.

Y a los humanos, ¿qué les queda por hacer? ¿Circular una carta pública para que la firmen todxs? ¿Presentarse en las oficinas de Reforma para exigir un comunicado de prensa respecto al estado actual del FETA? Quizá más automatizados que románticos, continuarán contemplando el paisaje conmovidos hasta las lágrimas como el manoseado caminante de Friedrich, inmóviles mientras todo se devasta. ¿Qué diría de nuestro caso mi abuela, la mujer práctica?: “A otra cosa, mariposa”.

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Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984) es maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la UAZ. Ha publicado Desparpajados 2013 (libro de artista), Verde fuego de espíritus 2014, Ese cuerpo no soy 2015; Voracidad, grito y belleza animal 2014 (ensayo). Sus poemas han aparecido en Periódico de Poesía de la UNAM, Nexos. Ha participado en encuentros literarios internacionales dentro y fuera del país. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014 y el Premio Dolores Castro de Poesía 2014. Poemas suyos se han traducido al francés y al portugués. Estudia el Doctorado en Artes (ocultas) en la Universidad de Guanajuato.

Tania Carrera (México, DF, 1988) ha publicado Espejos (Editorial Gato Negro, 2013) y Un dios lubricante (www.undioslubricante.com, 2015). En 2006 obtuvo el apoyo para jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos en el área de poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009-2010, así como de Jóvenes Creadores del FONCA y ganadora del premio Jaime Reyes 2010 de la UACM.