La mentira de la pintura

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“Los mosaiquistas pintan con mármoles o maderas de color. Se ha mencionado que un pintor italiano pintaba con materias fecales; durante la Revolución francesa, alguien pintó con sangre. Se puede pintar con lo que se quiera, con pipas, con sellos de correos, con postales, con naipes, con candelabros, con trozos de hule, con cuellos postizos, con papel pintado, con periódicos. A mí me basta con ver el trabajo, hay que ver el trabajo, se evalúa el valor de una obra de arte por la cantidad de trabajo realizado por el artista.”

Guillaume Apollinaire, Meditaciones estéticas, los pintores cubistas

“El arte hay que hacerlo con la cabeza y no con los pinceles.”

Juan Camilo Uribe

La pintura entendida por las masas es una ficción. La pintura de masas es un cuadrado en el que se coloca una mentira enmarcada. La mentira tiene que estar pintada de manera tal que el espectador mediocre piense: “Vaya, qué bonita pintura”. El arte de masas son paisajes folclóricos y bellezas románticas, cosas que una familia de clase media podría colgar en su antesala sin problemas, una pintura que no incomode a algún miembro de la familia, algo así como un filme en sepia del viejo cine mexicano, soso, aburrido, con muchos paisajes, pero sobre todo, moralmente correcto, sin pezones y sobre todo sin genitales, nada que haga alusión a que además del matrimonio heterosexual de los padres, todos los demás miembros (ancianos, hijxs y mascotas) tienen sexo. Un Manual de Carreño Ilustrado, ese es el arte de masas.

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Cuando la pintura transgrede esta mentira y se hace evidente la mentira, el espectador medio reclama y afirma que la pintura no es bella, que no es bonita, que es una “mala pintura”. Claro, es “mala” porque el juicio que se hace es desde la moral, se le coloca un valor “moral”: mala pintura, mala como el diablo; se recalca su “mentira” y se le juzga moralmente por mentirosa, mala muy mala. Aunque es cierto que la otra pintura, la buena (pensemos en algo bondadoso y humanista como…. ¡El renacimiento italiano!), esa pintura también es mentirosa, también es mala, la perspectiva es una mentira. Llamémosla más bonito: una ilusión.

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Desde el momento en que se acepta el contrato de ficción de la pintura, es decir, desde el momento en que aceptas comerte todo lo que esté enmarcado, aceptas que estás ante una pintura, el primer paso para ser pintor es aceptar no salirte del cuadro, si te sales te expondrás como mentiroso y como “mal” artista, por lo menos para las masas. Y ya que estamos en asuntos morales, pasemos a los fines y medios. La pintura es un medio que permite un fin (el fin artístico), cuando la pintura no alcanza un fin, sólo es un medio, un medio como la publicidad, el diseño gráfico y la comunicación. Pero el arte no es un medio, es un fin, un fin en sí mismo.

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¿Hay pintores que toman a la pintura como fin y no como medio? Sí, aunque también hay aquéllos que dándose cuenta de la mediatez de la pintura decidieron denunciarla, ¿Cómo quien? Como Roy Lichtenstein, un artista pop norteamericano que nos dio una de las más interesantes reflexiones sobre la pintura dentro de la pintura con sus Stretcher frame, donde decide pintar la parte trasera de la pintura, es decir, el bastidor del marco, la estructura misma de la pintura, las tablas de madera sobre las que se coloca el lienzo para formar el cuadro en el que se plasmará la mentira. Los Stretcher frame denuncian la estructura de la pintura, una estructura invisible y normalizada que sólo un artista que va más allá de la pintura podría ver, un Roy Lichtensten que dentro de la pintura se salió de la pintura.

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Otros ejemplos de denuncia de la pintura, pero con casi un rompimiento con élla son los tagli nella tella (cortes en la tela) de Lucio Fontana, donde acuchillaba los lienzos en una postura de rompimiento con el lienzo para devolver la pintura a la realidad y que no quedara sólo en ese espacio de mentira. El caso de Fontana es distinto pues sus acciones traerían un movimiento italiano llamado espacialismo, un movimiento que comenzó con la denuncia de la pintura, pero no desde dentro sino acuchillándola y atravesándola para traerla de vuelta a la realidad. Realidad y realismo no es lo mismo, el realismo es una mentira que se figura a la realidad, no es la realidad. Una mentira llamada realismo.

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Written by Oliver Terrones

Oliver Terrones

Oliver Terrones (Ciudad de México, 1992) es bloger, diseñador editorial, gráfico y artista del bricolaje. Estudió Diseño y Comunicación Visual en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM y Antropología Social en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, propone la comunicación de cibernética, arte procesual y artesanía, acercando de maneras de-generadas Arte y Antropología Social.