Snowpiercer (Rompenieves)

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El cine de Corea del Sur no se caracteriza por la sutileza de sus tramas, ni por la ejecución de sus premisas. Por eso en Snowpiercer, lo que se tiene que decir se dice claro y fuerte. Bong joon-ho (The Host), nos sumerge en un futuro distópico donde el calentamiento global a llevado a los científicos a experimentar con sustancias que puedan retrotraer los efectos del cambio climático, en cuyo curso se produce un efecto adverso y una glaciación destruye todo el planeta conocido. Todo queda bajo un manto blanco que sólo es roto por unos plateados rieles que sustentan un tren, el Snowpiercer, que es a la vez protagonista y medio de nuestra narración

El mundo ha desaparecido. A la blindada arca de Noé, la han construido hombres, hombres que llevan en sí el sistema de clases con el cual destruyeron el mundo anterior y con el cual pretenden perpetuarse dentro de esta nueva realidad encapsulada. No hay muchas vueltas, el tren es por definición un lugar regido por rieles duros y firmes que delinean su marcha y su orden. Un tren es a su vez una sucesión de vagones coronados por una locomotora, la cual rige el destino de todos. El director, sin vuelta alguna, nos presenta el orden clásico piramidal en una sucesión de vagones que como bloques en este orden social, sustentan la delicada y exclusiva cima de la supervivencia. Entonces nos sumergimos en el mundo de estrafalarios personajes, donde el recuerdo de una rebelión pasada parece animar a todos, y el temor de la aplastante respuesta, parece hacerlos tomar más recaudos de lo necesario. No obstante, en el cine como en la historia, el eslabón se rompe por su lado más débil: la sociedad está dispuesta al parecer a tolerar grandes cuotas de dolor y explotación pero ciertos elementos constitutivos de su orgullo y sus valores no pueden ser tocados. “Nunca te metas con los dioses de un pueblo” dice la premisa antropológica. Cadena rota. En cámara lenta vemos como esa fría paz se vuelve una ardiente furia.

Entonces aparece así como si nada, suave y delicada (al menos lo pretende), el personaje odiado por todos, y ya no sólo espectadores de cine, sino sociedades enteras, el funcionario público, el representante del poder que no da la cara, el responsable de ejecutarlas ordenes pero sin confundirse con el vulgo, el emblema moderno del sirviente feudal, que en nombre de la sociedad que dice proteger, la flagela y la destruye al ton y son de lo que el señor ordene(ironía si las hay, el nombre anglosajón de los funcionarios es “sirviente civil”). Tilda Swinton desde su desagradabilísimo lugar de normalizadora, de regente del orden, nos conducirá como rehén en esta revuelta, como una suerte de Virgilio que nos mostrará puerta a puerta los infiernos de esta sociedad sobre ruedas. El chorro que desbordará el vaso será una de las mejores y más brillantes secuencias de la película y del cine todo: Mason (amar a Tilda Swilton), nuestra endiosada funcionaria pública, luego de una tortura que alecciona a sus inferiores, da una desopilante y brutal explicación del sistema de clases (por si pensaban que muerto el perro se acabo la rabia…), una brutal alegoría con un sombrero y un zapato que trata de enseñarnos nuestro lugar en la sociedad a la vez que se convierte en el punto de fuga de esta chusma del fondo de el tren que ya ha tolerado demasiado.

La rebelión se alza, soldados caen y con nuestro líder Curtis Everett a la cabeza (Chris Evan nos muestra que puede ser algo más que un juguete de Marvel), guiado por su mentor Gilliam (John Hurt), uno de los precursores de la resistencia y conocedor del motor, se lleva a cabo una oscura y bizarra cruzada con la no menos notable compañía de Song Kang-ho, como  Namgoong, y Yona, su hermana, ambos dependientes de una sustancia alucinógena, y él ex experto en seguridad del tren, y ahora parias sociales por su abuso de sustancias. Así que presentado el grupo, nos adentraremos de atrás hacia adelante por este tren rompenieves, que nos develará una a una estrafalarias formas y caminos en el derrotero de este desparpajo de grupo rebelde encausado y desaforado.

Con creciente desconcierto por parte de este grupo, que salido de la oscuridad contempla por primera vez la luz del sol, encontramos ingenieros, jardines, médicos, restoranes, hasta baños turcos y con no menos violencia una dulce maestra de primario que con enseñanzas fanáticas sobre cómo todos adoramos al celestial motor y su creador, al tiempo que se calza un rifle de asalto para matar a quien se ponga entre ellas y su fe en el motor (secuencia que nos recuerda a Morfeo en Matrix: ”si no eres uno de nosotros, puedes ser uno de ellos”). Vuelan explosivos y balas en alucinantes secuencias de acción; atravesaremos uno a uno cada vagón  hasta el final. El final, el motor, la cabeza y su creador, comprender que incluso en su lucha por avanzar, nunca se quebró el orden lineal de este sistema, comprender que una revolución es algo más complejo que la toma de estamentos políticos materiales. Wl sistema fue concebido con un único fin y a ese único fin responderá, nos explica Wilford (Ed Harris) el creador del motor y el tren todo.

La humanidad ha marchado sobre rieles por mucho tiempo y así seguirá, a menos que…. A menos que nuestro personaje clásico de segunda línea se salte la banca: Namgoong pasa a su protagónico merecido, nuestro querido héroe del segundo rollo (resacas del celuloide), y decide que la mejor forma de ejercer sus derechos se imponer un izquierdo. Mientras nuestro líder obnubilado por el poder del motor y la diferencia entre llegar a la cima y poder destruirla o transformarla, Namgoong con la droga con la que fue alimentándose durante todo el film, ahora hecha un mazacote al mejor estilo c4 (explosivo plástico para los no versados, de los que hace bum muy fuerte) vuela-detiene este tren, esta locura, esta… explosión y silencio.

Cuando al mundo se lo deja en paz sin contaminación ni explotación desenfrenada de sus recursos, sin manipularlo agroquímicamente ni con estúpidas devastaciones petroleras o mineras, la naturaleza se abre camino( como lo aprendimos en Jurassic Park hace tiempo) y en el medio de lo que fue un infierno blanco de nieve y desolación, un oso polar se alza de forma tersa y amable ante la mirada de una sobreviviente que contempla su majestuosidad junto con los rayos del sol que nos recuerdan que lejos de motores, fabricas y bolsas de comercio, la naturaleza y nuestra relación armónica con ella son nuestra verdadera fuente de vida.

Rompenieves (Snowpiercer, 2013, Corea del Sur, USA) de  bong joon-ho con Chris Evans, Song Kang-ho, Tilda Swinton, Jamie Bell, Octavia Spencer, Ewen Bremmer, Ah-sung Ko, John Hurt, Ed Harris, Alison Pill, Luke Pasqualino, Steve Park, Adnan Haskovic, Clark Middleton, Paul Lazar.

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Written by Mauro Zanier

Mauro Zanier

Mauro Zanier es fotógrafo, camarógrafo, editor de vídeo y director de fotografía egresado de Realización Integral de Cine y Televisión en Centro de Investigación Cinematográfica (CIC), Camarógrafo Gaffer CFP SICA, fotografía analógica en Foto Club Buenos Aires y Guión en el Taller de cine Raúl Perrone, Buenos Aires, Argentina.