LA MADRIGUERA

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Adivinarán, volví. El contador de la página dice que sólo tuve 180 y tantas visitas, nada mal para el debut de esta columna (sin vértebras), sin embargo, debo seguir afilando el colmillo. ¿Pensaron acaso en las preguntas dinamitadas en la primera entrega? Yo sí, es más, intentaré responder algunas, claro, las que estén en mis garras. Me di a la tarea de rascar un poco para ver cuál es el estatus del Fondo Editorial TA, para tener un mayor entendimiento de lo que se viene con la desaparición parcial de aquellas valiosas ediciones.

Para tener dos puntos comparativos de vista, hurgué entre mis contactos de la periferia y me encontré con dos escritores, quienes recibieron un plazo extendido de espera, después de que sus libros habían pasado el filtro de aceptación de TA: Horacio Warpola (poeta) e Imanol Martínez (dramaturgo), procedentes de la delegación Querétaro. Ambos autores sometieron a publicación un libro que saldría en el transcurso de 2015 junto “a otros catorce o quince títulos más”, comenta Imanol, cosa que aún no ha sucedido. Ante una larga espera, se les pidió paciencia por los cambios y ajustes realizados en la conversión de CONACULTA a Secretaría de Cultura, pues se requería tiempo de consolidación y adaptación a nuevos “lineamientos editoriales” del proyecto. El anuncio de la publicación exclusiva de los nueve premios literarios, expuesta durante el Encuentro de Poesía en Morelia, sembró confusiones. Horacio comenzó a buscar alternativas de publicación. Ambos autores sostuvieron un acuerdo con la editorial, ya fuera verbal en modo “teléfono descompuesto” o a través de correcciones y trámites del ISBN; la expectativa de publicación continúa. Finalmente, Castillo aclaró con Horacio que los acuerdos de publicación de los títulos seleccionados se mantendrán durante este año (¡yei!) y la inminente (hasta ahora) desaparición parcial de las ediciones será hasta el 2017. Ante el vaivén de incertidumbre, Horacio decidió retirar su propuesta, tras esta experiencia considera a la poesía un ente vivo, “desesperado por salir de las plataformas convencionales”. Ambos, reconocen el Fondo Editorial TA como un “peldaño” importante, tanto en lo curricular como en la difusión de jóvenes autores en México. En el caso particular de Imanol, la oportunidad de publicación es única, pues hay pocas editoriales que publican teatro, y las convocatorias nacionales especifican que deben concursar obras inéditas, sin haberse estrenado en escena. Él piensa que de darse a conocer la desaparición del proyecto, más autores “se pronunciarían al respecto”.

Así la situación de TA. Siguen sin hacerse públicas las modificaciones y engranes, mientras tanto, en el transcurso del año se espera la publicación de los títulos pendientes. Es lamentable que no se dé a conocer el estatus del Fondo Editorial, que haya confusión en los autores, pero más grave el “corte y confección” que trasquila el  proyecto y la falta de seriedad de la institución que no es capaz de cumplir con sus propias convocatorias en tiempo y forma: ya terminó junio y no se ha hecho público el dictamen del Elías Nandino como prometía su convocatoria.

Continuando con la distribución raquítica de fondos editoriales y su administración, en verdad os digo, más que extrañar los IMECAS del D.F., me interesa ver los últimos capítulos de la telenovela “Antología no eres tú”. Se armó un zafarrancho en grande, como cuando sólo hay un gallo para todo el gallinero. Resulta que con presupuesto federal se realizó una antología de “los 20 poetas más representativos de México” para el festival Marché de la Poésie en Francia, siendo nuestro país el invitado de honor. Habrán leído mil reseñas, críticas, réplicas, confrontamiento tuitero, ¡ja! Me desilusiona que en estos días las discusiones no se resuelvan de frente, cuerpo a cuerpo, en ¡pelea de cantina!

Confiesen, ¿acaso alguno de ustedes no siente que su trayectoria y reconocimiento merecía un viaje-todo-pagado a París y de paso a leer su obra? Con toda razón. Y ¿si el viaje hubiera sido a Timbuktu o algún país serbio en guerra? Entiendo que la molestia fue porque se trataba de La Ciudad Luz, París, o porque a sus ojos la antología no cumplió lo que prometía. Es decir, retomando diversas opiniones, no incluye lenguas indígenas, hay poetas seleccionados que no poseen letras doradas y condecoraciones que otros sí, se antologaron ellos mismos –por lo que no puede ser llamada “antología” –, se realizó con presupuesto gubernamental, “a contrareloj” y sin un aparato crítico, se presentó como oficial / representativa / non plus ultra de la poesía actual en México, en resumen. Del mismo vertedero de presupuesto, de los impuestos nuestros, surgen becas de creación estatales, nacionales, premios, concursos, programas académicos con CONACYT y la discusión eterna por los que los obtienen y los que no. Me parece que en cierta medida no se trata de criticar a los autores; más allá de cuestionar la solvencia de los jurados, por el mencionado amiguismo, hablemos de un “órgano de transparencia” –que en ocasiones resulta espectral–, ¿cómo debería funcionar en este caso?, ¿criterio de jurados con prestigio? Mala idea, ¿voto de la acrópolis poética?, ¿mayor número de likes?, ¿autopostulaciones?, ¿antologías regionales abarcatodo?, ¿lotería?, ¿tómbola? Volvamos a la raíz amarga, ¿quién elige el método y dictaminación?, ¿qué hilos se mueven en las instituciones, bajo qué lineamientos y criterios?, ¿el personal/funcionario dotado de una revisión crítica, estaría capacitado o no para hacerlo? ¿Es necesario que los artistas se involucren en el proceso para “garantizar” la “fe y legalidad” del mismo? Y ya que estoy en tono interrogativo, como autores, ¿nos interesa desactivar un aparato que apuesta por la institucionalización de la oferta cultural? ¿la asimilación de una obra por parte del Estado a través de un apoyo de producción o difusión necesariamente modifica a posteriori su significado? Después de todo, en este caso estamos hablando de una recopilación de obra previamente realizada y no una comisión en cuyo caso la obra estaría bajo cierto condicionamiento.

Es ilusorio pensar que una sola publicación podría ser un abarcatodo y todoscontentos, ¿cuál sería el criterio idóneo para esa selección y desde dónde tendría que hacerse? A verdad, ya les puse a trabajar la sesera. Se los dejo de tarea. Visto desde arriba, con panorámica omnipresente, esta discusión masificada es un futbolito; abundan opiniones sin criterio, falta de propuestas, escasez en puntos de vista agudos, criterios que no satisfacen ni argumentan el resultado final.

Lo cierto es que ha permanecido el juego rotativo de los visibles y los invisibles, y consecuentemente permanecerá en una disciplina cuya producción se ha disparado en los últimos tiempos, a pesar de los breves esfuerzos institucionales y más bien gracias a las tendencias de consumo y plataformas de difusión actuales. De ahí que el riesgo para muchos radique en que los parámetros de toda selección poética se vayan acotando, por no decir constriñendo, cada vez más hasta que el concepto de lo validado, profesionalizado, lo canónico pierda su forma y por lo tanto su valor. Me preocupa el alcance de todo este viejo batido de babas que se nos ha prometido desde hace décadas, porque el riesgo real es que en el camino seamos testigos de que, ante la disfunción de los parámetros oficiales de apoyo a la producción y difusión de la literatura, estos recursos se reasignen a cualquier otra arca, perdón, a cualquier otra área más imperante para el Estado en cuestión. Hay muchos temas desatendidos en el ring, por ejemplo, ya nadie menciona el premio de “poesía” otorgado a Juan Villoro, el “Iberoamericano Ramón López Velarde”, que en realidad no contiene en su haber la palabra “poesía”; en un chascarillo medios nacionales la agregaron “para ver quién ponía atención”.

Qué sucede con el ansia *se lima las uñas*: la urgencia de opinión, personalismo, desacreditar a diestra y siniestra, agredir, insultar; este sindiálogo alimenta y regocija nuestro ¿morbo?, ¿ego? ¡Ash!, no me digan que caímos otra vez, víctimas de la enajenación mediática. Para el pestañeo que dura un time line, este chisme “de antología” ya huele a queso rancio. ¿Qué nombre tendrá el siguiente? “Bienvenidos al tren del…”

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Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984) es maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la UAZ. Ha publicado Desparpajados 2013 (libro de artista), Verde fuego de espíritus 2014, Ese cuerpo no soy 2015; Voracidad, grito y belleza animal 2014 (ensayo). Sus poemas han aparecido en Periódico de Poesía de la UNAM, Nexos. Ha participado en encuentros literarios internacionales dentro y fuera del país. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014 y el Premio Dolores Castro de Poesía 2014. Poemas suyos se han traducido al francés y al portugués. Estudia el Doctorado en Artes (ocultas) en la Universidad de Guanajuato.

Tania Carrera (México, DF, 1988) ha publicado Espejos (Editorial Gato Negro, 2013) y Un dios lubricante (www.undioslubricante.com, 2015). En 2006 obtuvo el apoyo para jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos en el área de poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009-2010, así como de Jóvenes Creadores del FONCA y ganadora del premio Jaime Reyes 2010 de la UACM.