Lo mío es la escritura dramática: José Dimayuga

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Con esta breve entrevista al escritor y dramaturgo guerrerense José Dimayuga, les ofrecemos un esbozo de las motivaciones que lo llevaron a encontrarse con el teatro. Nuestra intención con ella, y con el texto dramático de su autoría que en este segundo número de Terraplén publicamos, es acercar al público la obra de uno de los dramaturgos más importantes en la historia de Guerrero.

T: Cuéntanos de tus inicios en la literatura. ¿Cómo fue el contacto con los libros y posteriormente con la consciencia de que querías dedicarte a escribir?

JD: Mi primer contacto con los libros lo tuve cuando me fui a vivir a la Ciudad de México. Me la pasaba encerrado en el departamento porque no tenía amigos; agarraba los libros que mis hermanos mayores leían en el CCH. El primer libro que leí fue Marianela, novela de Pérez Galdós. Luego, cuentos de Maupassant, Poe y Chéjov. El primer texto dramático que leí fue La sirena varada, de Alejandro Casona. Descubrí que leer un texto en voz alta me duplicaba el placer de la lectura, y lo hacía en compañía de mi hermana. Hasta la fecha, practico la lectura en voz alta en mi casa. A mis 15 años de edad leí un best seller de la época: Pregúntale a Alicia, los diarios de una chica sobre su adicción a las drogas. A partir de entonces yo también decidí llevar un diario, y así es como empezó mi afición a los libros y a la escritura.

T: ¿Cómo llegas al teatro?

JD: Estudié Filosofía en la UNAM y durante ese tiempo hice amistad con estudiantes de Literatura dramática. Algunos amigos me invitaban a participar como actor para acreditar la materia de Dirección escénica. Así fue como actué en obras de Sabina Berman, García Lorca, entre otros, ante los maestros Enrique Ruelas y José Luis Ibáñez, quienes al final de la función criticaban los montajes de los alumnos. En 1989 escribí un texto dramático que se llamaba Por amor al arte y lo presenté con amigos en la Semana Cultural Gay que organizaba José María Covarrubias, en el Museo del Chopo, en la Ciudad de México. La obra tenía cuatro personajes de lo más disímbolos: una loca, un luchador, un enano y un agente de ventas. Descubrí con sorpresa que el público se reía mucho con mis personajes. La ovación final fue estruendosa y entendí que lo mío era la escritura dramática. Desde entonces escribo teatro. No sabría decirte qué género es el que escribo. Algunos le llaman comedia por el humor. Pero creo que mis textos son un híbrido de comedia, melodrama, pieza y más lo que se junte. En realidad, no me toca a mí decir cuál es el género que abordo. Sólo sé que escribo para la escena.

TD: ¿Tienes ritos para escribir? ¿Cómo es tu manera de escribir? ¿Oyes música?, ¿caminas?, ¿qué haces?

JD: No tengo ningún rito para escribir. Puedo escribir en cualquier lugar donde haya silencio y limpieza. No puedo escribir en una mesa sucia o al lado de un departamento que tenga fiesta. Me gusta escuchar música pero no la uso como fondo para trabajar o, mucho menos, para leer. La música me exige atención y me distrae cuando trabajo. Acostumbro a escribir después del medio día, a esa hora me siento totalmente despierto y con energía y trabajo no más de dos horas. Escribo poquito, una obra de teatro por año. Y no todo lo que escribo lo publico. No tengo urgencia por publicar, no tengo que acumular créditos con publicaciones o conferencias para ascender en una chamba. No tengo energías ni ganas para andar correteando una editorial o una productora para que monte mis obras. Todas mis publicaciones han sido gracias a invitaciones, como la que me extiende ahora Terraplén, y agradezco de corazón.

T: ¿Qué es escribir en Guerrero?, ¿cómo se escribe en este estado?

JD: Escribir es gozoso y difícil. Nada le produce tanto disfrute a un escritor como el escribir. Nada es tan difícil como escribir. Dar con la voz precisa de los personajes, de los ambientes, así como de la estructura no es nada fácil. Este binomio de gozo y dificultad es común en todos los escritores de Guerrero, la Patagonia o China. Lo frustrante o agotador es al momento de difundir o compartir tu trabajo. Hablo de mi experiencia como dramaturgo y director de escena: mi experiencia de pronto es un tanto desalentadora porque vivo en un estado en el que no hay inmuebles para montajes escénicos, tampoco hay escuelas donde se formen a los teatristas. El cultivo y la promoción de las artes les parece un ejercicio ocioso a nuestros gobiernos estatales y federales.

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