Texto dramático: Mi vida como nube (entrega 1)

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En este segundo número de Terraplén iniciamos la publicación por entregas del texto dramático de José Dimayuga Mi vida como nube (ofreceremos durante tres números cada una de las tres escenas que lo conforman). José Dimayuga se ha convertido en el referente en cuanto a arte dramático contemporáneo en Guerrero, y es para nosotros un honor compartir esta obra con nuestros lectores.

-y, como el cielo, mudaré de tonos-; si lo desean

seré impecablemente tierno.

No un hombre,

¡sino una nube en pantalones!

Vladimir Mayakovsky

PERSONAJES

Enrique, de 50 años de edad

Crispín, de 20 años

Giles, de 50

La acción se desarrolla en una habitación pequeña de una casa de huéspedes. Al centro del escenario vemos a ENRIQUE que escribe a máquina ante una mesa. De la puerta del fondo, que pertenece al baño, provienen ruidos de trabajo de plomería. La entrada y salida de la habitación se encuentra en una de las piernas del escenario.

Época actual en una colonia popular de una ciudad de la provincia mexicana.

ESCENA I

Enrique, ante el ruido constante proveniente del baño, deja de teclear. Se lleva las manos a los oídos. Reanuda su trabajo. Lo interrumpe. Lo retoma. Finalmente, desiste.

ENRIQUE

Yo, la verdad, si fuera mía esta habitación ya hubiera quitado esa tina de baño; no me sirve para nada. No la uso.

CRISPÍN (desde el interior del baño)

Son rete estorbosas.

ENRIQUE

Y peligrosísimas. En más de una ocasión he estado a punto de caerme al salir de ella. Abre la llave para que veas cómo se estanca el agua.

Se oye que cae el agua a la tina.

CRISPÍN (desde el baño)

Sí, ya estoy viendo que se atora el agua. No se va.

ENRIQUE

Ni se irá en el transcurso de las próximas dos horas. En esta semana le he vaciado dos destapacaños, y nada. He gastado dinero a lo sonso.

CRISPÍN (igual)

Pus no gaste. Dígale al dueño que él lo pague. Es responsabilidad de él, don.

ENRIQUE

Eso que acabas de decir es muy inteligente. Yo también pensé lo mismo y se lo dije. Me presenté ante el señor Giles, y le expuse esta avería. Sin regresarme a ver, me dijo que éste no era la única casa de huéspedes de la ciudad, que si no me sentía bien aquí me podía retirar.

CRISPÍN (igual)

Yo conozco al dueño. Es buena gente, no sé por qué se porta así con usted.

ENRIQUE

Será muy buena gente, pero tiene sus modos y es muy codo.

CRISPÍN (igual)

Tiene razón. Es bien piedra. Yo si tuviera el dinero que él tiene, tendría la casa al tiro. Oiga, don, ¿tendrá un gancho de ropa?

ENRIQUE

Uy, muchacho. Ya también recurrí al gancho de ropa. Deshice uno y lo metí por el caño. Y como ve, fue inútil.

ENRIQUE se pone de pie, coge un alambre largo y se dirige al baño.

ENRIQUE (entregándole el alambre a CRISPÍN)

A ver, hazle la lucha.

CRISPÍN (igual)

Gracias, don.

ENRIQUE

Lo que hago también es, después de bañarme, le bombeo con la bomba. ¡Pero qué lata estarlo haciendo siempre! Ya hasta me salieron callos en los dedos.

CRISPÍN

Ya metí todo el alambre.

ENRIQUE

¿Verdad que no se va?

CRISPÍN

Pus no. Pero tiene que irse. Estoy pensando en un último recurso.

ENRIQUE

¿Cuál?

CRISPÍN sale del baño.

CRISPÍN

En La Clínica del Sagrado Corazón le pueden rentar un aparato que es especial para destapar caños. En un ratito queda destapado. Si quiere, yo voy a la clínica para que se lo renten. No me tardo.

ENRIQUE

¿Y cuánto me costará el chunche?

CRISPÍN

Se lo rentan en quinientos pesos.

ENRIQUE

¿Quinientos pesos? ¡Ay, muchacho! ¿Pero con quién crees que estás hablando? ¿Con Carlos Slim? Yo no voy a pagar esa suma; que lo pague el señor Giles.

CRISPÍN

Es lo que le estoy diciendo.

ENRIQUE

¿Estás seguro de que no hay otra forma de destapar ese cosa?

CRISPÍN

Pus no, don.

ENRIQUE

¿Entonces?

CRISPÍN

Entonces ya me voy. Ya estuvo suave de hacerle al menso si no le hallo.

ENRIQUE

Uy, ora sí que nomás viniste a pasearte.

CRISPÍN

Yo le dije que no era plomero; pero el intento lo hice.

ENRIQUE

Tienes razón. Gracias. ¿Te debo algo?

CRISPÍN

Pus áhi lo que usted guste.

ENRIQUE

Toma estas monedas.

CRISPÍN

Gracias. Con permiso. Por cualquier cosa estoy a sus órdenes.

ENRIQUE

Oye, no me dijiste tu nombre.

CRISPÍN

Mi nombre es… No sé si decírselo. Se va a burlar.

ENRIQUE

Ay, pero por qué.

CRISPÍN

Mi nombre es Crispín.

ENRIQUE

No me digas. Mi abuelo se llamaba Crispín. Los Crispines son muy chambeadores, son unas hormiguitas hechas y derechas; siempre están haciendo algo con las manos. Son como su santo Patrón: San Crispín, cuyo oficio era zapatero, razón por la cual es el protector de todos los zapateros.

CRISPÍN

A poco. Yo ni zapatos uso. Mire. Mis amigos me dicen Cris. Así me puede llamar usted.

ENRIQUE

Además, los Crispines son buenas gentes. Generosos, nobles. Casi no hablan, ni se las huelen…

CRISPÍN

¿Cómo?

ENRIQUE

Sí, ya le dije que son nobles y de esa nobleza de corazón la gente malvada abusa. Si algún menesteroso llega a su puerta a pedirle limosna, un Crispín le da no sólo una moneda sino su camisa, pero cabe la posibilidad de que lo dejen en cueros, que se burlen de él y ni cuenta se dan. A eso me refiero cuando digo que “ni se las huelen”; es decir, no sospechan de la jugarreta que les hacen.

CRISPÍN

Híjole, sí es cierto. ¿Cómo lo sabe? ¿Ya nos conocíamos?

ENRIQUE

¿Cómo crees?

CRISPÍN

Es que me dice cosas como si ya nos conociéramos.

ENRIQUE

Te he visto cuando paso por tu taller mecánico.

CRISPÍN

El taller no es mío. Yo… allí… trabajo… y… este…

ENRIQUE

¿Qué tienes?… Estás nervioso…

CRISPÍN

Un poco… sí.

ENRIQUE

¿Por qué? Digo, si se puede saber.

CRISPÍN

Es que… ¿Me puede hacer un favor?…

ENRIQUE

Por supuesto.

CRISPÍN

Écheme las cartas.

ENRIQUE suelta la carcajada.

ENRIQUE (riendo)

¿Qué, si yo qué? ¿De dónde sacas que sé leer las cartas?

CRISPÍN

¿Ah, no las lee?

ENRIQUE

Claro que no, Crispín. ¿Acaso tengo con un turbante en la cabeza?

CRISPÍN.

Como veo que sabe muchas cosas de mí, pensé que también podría darme razón de…

ENRIQUE

¿Sí?

CRISPÍN

De una persona. Tuve un problema muy fuerte con una persona, ¿sabe?

ENRIQUE

Quizá te puedo ayudar aunque no sepa leer las cartas, tengo algunos conocimientos de psicología y con suerte ahora podré aplicarlos. ¿Qué tipo de problema?

CRISPÍN

Mmm.. Bueno.

ENRIQUE

Soy todo oídos, Crispín. Adelante.

CRISPÍN

No sé cómo comenzar.

ENRIQUE

Del principio.

CRISPÍN

Pus sí, ¿verdad? Mire, hace una semana me enojé con un zanca, era mi mejor amigo. Se llama Severino, pero nos llevábamos tan bien que nos decíamos “compadres”. Cuando recién entró a trabajar al taller me cayó muy gordo porque, para qué le voy a mentir, él sabía muchas más cosas que yo, y de menso no me bajaba. Incluso llegamos a los golpes porque yo ya había hecho trato con un cliente que yo siempre le daba mantenimiento a su carro, y de buenas a primeras mi compadre me bajó el cliente. Le reclamé y al rato ya estábamos golpeándonos. Pero nos volvimos cuates la vez que en un baile, los Benítez me echaron bronca porque saqué a bailar a Linda. Ellos creyeron que me le quería declarar, y que me empuja Juan Benítez. Y que le devuelvo el empujón. Entonces se acerca su hermano Pedro Benítez, y que me da un trancazo en la cara. Y caí al piso. Entonces, Juan y Pedro que me empiezan a patear. Severino me vio cómo me tenían y pum, pum, pum, se fue a golpes contra ellos. Me puse de pie y les hemos dado una golpiza. Y de esa golpiza surgió nuestra amistad. Mi compadre Severino me dijo: “Yo te voy a quitar lo pendejo. Te voy a enseñar a pelear.” Y sí, allí mismo en el taller, cuando no teníamos chamba, nos poníamos a boxear. Aprendí tan bien que sin querer le tumbé un diente. Pero no se enojó. Al contrario; me dijo: “Ya se te quitó lo pendejo y te estás pasando de listo; o sea que no necesitas de mí, pues ya puedes defenderte solo.” Pero dicen que los golpes íngren. Pienso que por ese madrazo se acostumbró a mí. Y no le voy a mentir. Yo también me acostumbré a él. Desde entonces, los dos andábamos juntos por todos lados. Los dos nos íbamos juntos al río a bañarnos, juntos al baile, al cine y a tomar chelas. Nuestra amistad fue de lo más padre que me haya pasado. Pero yo no sé qué bicho le picó porque… agarró dinero del taller y… se peló.

ENRIQUE

No me digas.

CRISPÍN

Sí. Él y otro zanca que le decíamos La Tuerca robaron el dinero del taller.

ENRIQUE

¿El tuerca es un muchacho chaparrito?

CRISPÍN

Sí.

ENRIQUE

¡Ay, qué tipo tan pesado!

CRISPÍN

¿Era su amigo?

ENRIQUE

¡Para nada! ¿Cómo pasas a creer? ¡Ese sujeto era la encarnación de la vulgaridad! ¡Cada vez que yo pasaba frente al taller, me decía una de cosas muy feas. Y nomás de a gratis, porque nunca nos tratamos ni nada, pero me gritaba de cosas que ni caso tiene que te diga qué porque el de las confesiones eres tú. ¿Y entonces?

CRISPÍN

Y entonces, pus, tengo un sentimiento atorado aquí adentro. Cada vez que… ¿Tendrá un vaso de agua, don?

ENRIQUE

Claro.

CRISPÍN

Gracias.

ENRIQUE

Extrañas a tu compadre.

CRISPÍN

¿Para qué le digo que no si sí? Mucho. Los dos hicimos planes para… irnos al Norte juntos, y mire con lo que salió. Jijos, ya se me chispó una lágrima…

ENRIQUE

No te preocupes; no hay que tenerle miedo a las lágrimas.

CRISPÍN

Pero, ¿sabe qué? La culpa es de la pinche Tuerca. Él le metió la idea a mi compadre de que robaran, y el menso de mi compadre…

ENRIQUE

Te creo. Ese Tuercas no se veía muy bueno de la cabeza.

CRISPÍN

¿Sabe una cosa? Voy a comprar una pistola y voy a buscar al Tuercas para dejarlo como coladera.

ENRIQUE

¡Crispín! ¡No digas eso!

CRISPÍN

¡Eso que hizo no está bien! Robó.

ENRIQUE

El Tuercas te robó a tu amigo.

CRISPÍN

También. Y de paso también mataría a mi compadre. ¿Por qué se fue si él y yo nos llevábamos muy bien? Dijo que yo era como su hermano. No. Dijo que yo era algo más que su hermano.

ENRIQUE

Yo no lo mataría. ¡No puedo matar una rata!

CRISPÍN

Entonces no me entiende.

ENRIQUE

¡Claro que te entiendo! ¡Me he enamorado cientos de veces! Bueno, tres veces. Y en dos de ellas, me abandonaron como a ti, justo cuando estaba briago de tantas ilusiones. E igual que tú, lloré ríos por mis amores, qué digo ríos, ¡lloré los siete mares!

CRISPÍN

¿Qué quiere decir, don? Yo no estoy enamorado de mi compadre.

ENRIQUE

¡Claro que sí!

CRISPÍN

¡Claro que no!

ENRIQUE

Es lo que acabas de decir en ese hermoso relato.

CRISPÍN

¿Quiere decir que soy joto?

ENRIQUE

Sécate esas lágrimas y ponme atención.

CRISPÍN

¡Yo no soy joto!

ENRIQUE

Yo no dije que eres joto.

CRISPÍN

¿Entonces?

ENRIQUE

Simplemente dije que extrañas a tu amigo.

CRISPÍN

La verdad, sí. Extraño a mi compadre. A veces escucho las canciones que escuchábamos juntos y siento una cosa refea, me pongo a chillar.

ENRIQUE

Déjame decirte que se extraña lo que se ama.

CRISPÍN

Otra vez la burra al trigo.

ENRIQUE

El amor no es malo. Malo es no saber amar.

CRISPÍN

Yo lo odio.

ENRIQUE

Actualmente.

CRISPÍN

¡Sí, lo odio! ¡Lo odio como el mugroso odia el baño; como el ladrón al policía; como el perro a las motocicletas!

ENRIQUE

Y me apena decirte que el odio continuará por un buen tiempo. Ese sentimiento es consecuencia de la ruptura. Más tarde, lo perdonarás.

CRISPÍN

Yo no voy a perdonar a mi compadre nunca. ¡Nunca!

ENRIQUE

Eso dice uno. Pero llegará un momento en que habrás de olvidarlo. Y el olvido es lo mismo que el perdón.

CRISPÍN

Ajá, sí. Cómo no.

ENRIQUE

Todos pasamos por eso. Quieras o no.

CRISPÍN

Yo lo que quiero es verlos a los dos tiesos.

ENRIQUE

Lo que tienes que hacer, a fin de olvidar al Tuercas y a tu compadre, es ocuparte en algo.

CRISPÍN

¡Pero si todo el día estoy ocupado en el Taller!

ENRIQUE

Pero al salir del Taller te asaltan los recuerdos y los malos pensamientos.

CRISPÍN

Eso sí.

ENRIQUE

Entonces, para menguar la tristeza, te recomiendo que te pongas a pintar tu cuarto, a visitar a amigos, toma un curso o clases de algo. El asunto es mantener la mente ocupada.

CRISPÍN

¿Clases como de qué? Tengo cabeza de burro, don. No me entra nada.

Alguien toca a la puerta.

 

 José Dimayuga (Tierra Colorada, Gro.,1960) es escritor y dramaturgo. Estudió Filosofía en la UNAM. Autor de Afectuosamente, su comadre (Premio Nacional de Dramaturgia, que convoca la UANL, en 1992); País de sensibles (Primer lugar en el Concurso Nacional de Obras de Teatro convocado por la SOGEM y la UNAM, en 1994); Una mujer de tantas (Mención especial en el Concurso de Obras de Teatro convocado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el gobierno del Estado de Baja California, en 1995); Hotel Pacífico (Primer lugar en el Encuentro Estatal de Teatro, en Chilpancingo, Gro., en 1996). Sus textos dramáticos han sido escenificados en México y Sudamérica. El Gobierno de Guerrero le otorgó el premio estatal al Mérito Civil de Literatura Juan Ruiz de Alarcón, en Octubre de 2010. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, (ed. 2007). Su más reciente libro es La hora de los mosquitos y otros bichos dramáticos, Desliz Ediciones, en 2014. Fue Director Artístico del Festival Internacional La Nao Acapulco, 2013 – 2015.

 

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