La triste infancia de Elsa y Mateo Palavrakis o la crueldad hereditaria

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El matrimonio Palavrakis

Dramaturgia: Angélica Liddell

Dirección: Alet Rojas y Leonardo Cuesta

Actuaciones: Alet Rojas, Leonardo Cuesta y Paola Gudiño

 

“Cuando Elsa y Mateo Palavrakis se despidieron del resto de los concursantes no sabían que esa misma noche iban a estar muertos”, con esta sentencia, en voz de la narradora, inicia la obra teatral El matrimonio Palavrakis, escrita por Angélica Liddell y representada por el grupo Matrioska como parte del programa Vamos al Teatro, auspiciado por la Secretaría de Cultura del Estado de Guerrero en el Centro Cultural Domingo Soler.

Los Palavrakis son una pareja unida por el resentimiento. Víctimas de abuso durante su infancia, Elsa y Mateo muestran los estragos de la crueldad reiterada. Niños que fueron violentados y corrompidos sistemáticamente, se convirtieron en adultos llenos de odio hacía la humanidad, representada en primera instancia por sus propios padres. ¿Cómo vengar los agravios sino destruyendo a los verdugos? La fantasía del parricidio se presenta desde el principio y se justifica: los padres son monstruos devoradores de niños.13553224_10204810205214236_70995125_n

Aunque en la propuesta original de Angélica Liddell la obra se desarrolla sobre una montaña de muñecos desmembrados, en clara alegoría al abuso infantil, Leonardo Cuesta y Alet Rojas, quienes dirigen de manera conjunta esta puesta en escena, se decantan por una escenografía minimalista: un conjunto de plataformas que lo mismo son el comedor de los Palavrakis, las lápidas de un cementerio o el escenario sobre el que la pareja recibe aplausos tras ganar, por primera vez en siete años, el concurso de baile en el que participaban anualmente.

En esta versión de la obra, la infancia desgarrada sigue presente, aunque de manera económica: al principio del montaje la narradora une las partes de una muñeca de plástico, antes de relatarnos la triste niñez de Elsa y Mateo Palavrakis. También mínimos son el uso de la luz y el color. La escenografía y el vestuario en tonos neutros, la iluminación tenue o en claroscuros, son indicadores de la vida monótona y frustrante del matrimonio, sólo cimbrada por la tragedia.

La tragedia es una constante: trágica fue su vida como niños; trágico fue el acontecimiento que destruyó su matrimonio un año antes de ganar el concurso de baile sin que ellos tuvieran la fuerza para percatarse, y que se nos irá develando poco a poco; trágica será su muerte, vaticinada desde el principio de la obra, sin que ellos, ni nosotros como espectadores, sepamos al principio cómo terminarán sus vidas.13555818_10204810238055057_1056389401_o

Interpretada acertadamente por Alet Rojas, Elsa Palavrakis tiene la imperiosa necesidad de concebir hijos hermosos como una manera de negar su pasado hostil, trascender su condición humana y vencer a la muerte. En el polo opuesto se encuentra Mateo, encarnado de forma precisa por Leonardo Cuesta, que se sabe portador de la crueldad de su padre y por lo tanto se niega a reproducirse.

En estas circunstancia el nacimiento de Chloé es un accidente, con ella renacen los miedos infantiles de los Palavrakis, en ella está encarnada la vulnerabilidad de su propia infancia. Chloé es hermosa y frágil y por lo tanto puede ser destruida con facilidad. “Nadie corre más peligro que las niñas hermosas”, dice Elsa Palavrakis y la vida se los confirma; nadie corre más peligro que las niñas hermosas y el principal peligro no se encuentra en las calles. La creencia de los Palavrakis, concebida durante su propia infancia, se convierte en una profecía autocumplida: los padres son monstruos devoradores de niños.

Con esta obra, el grupo Matrioska ganó en 2015 la Muestra Regional de Teatro de la Zona Centro, representado a Guerrero y participó en la 36 Muestra Nacional de Teatro.13570129_10204810242455167_2098630448_o

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