Todo lo negro. Entrevistas con escritores de narrativa policíaca y criminal: Bernard Minier

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La función del novelista es que el lector se plantee preguntas sobre la realidad.

Bernard Minier

Hace apenas cinco años, luego de una vida como inspector de aduanas, Bernard Minier envió el manuscrito de su primera novela a cinco editoriales, cuatro le dijeron que sí. Esa fue la señal del universo para cambiar su vida. Publicada en 2011, Bajo el hielo obtuvo el Premio Polar de Mejor Novela Francesa y fue un éxito internacional de ventas; esto le permitió dedicarse de lleno a la escritura. Tan de lleno, que en estos cinco años ha publicado otras tres novelas: El Círculo (2011), No apagues la luz (2014) y Une putain d’histoire, esta última aún en espera de ser traducida al español. Sin embargo, la novela negra no fue su primera opción como escritor.

–He llegado tarde a la novela negra –dice en entrevista con un español impecable aderezado con su acento francés–, no soy en absoluto un especialista, incluso se me hace un poco molesto cuando me preguntan qué es el género negro, porque no soy capaz de contestar esta pregunta. He escrito muchas cosas en mi vida, escribo desde que estoy en edad de escribir y de leer, y he intentado muchas cosas. Durante muchos, muchos años, no quise publicar por muchos motivos; uno de ellos es que se publican muchas cosas, en Francia por lo menos, demasiadas tal vez, y no quería añadir mis textos para que fueran unos cuantos más. Al final intenté la novela negra como un ejercicio técnico, quería ver si era capaz de hacerlo. Escribí las primeras 60 páginas [de Bajo el hielo] y no me convencieron, las guardé en un cajón y las olvidé durante unos años; y como muchas veces en la vida, las cosas cambian con encuentros, me encontré con un señor de setenta años que era, como yo, escritor de relatos cortos e hicimos amistad intercambiando ideas, y como es un especialista en novela negra, un gran conocedor, le entregué las primeras 60 páginas de mi novela y fue él quien me convenció no sólo de terminarla, sino de enviar el texto a las editoriales, y el resto es silencio, como dice Shakespeare.

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Una razón para la contundencia de su éxito son sin duda sus personajes entrañables. En Bajo el hielo, Bernard Minier nos presenta a Martin Servaz, comandante de la Brigada de Investigación Criminal de Toulouse y protagonista de sus historias. Servaz es lector de los clásicos, acostumbra citar en latín en sus conversaciones, y es amante ferviente de la música de Mahler, a la que considera “el único antídoto contra las sombras”. Podemos verlo regresar a casa, después de investigar un crimen horrendo, y escuchar a Mahler para que las cosas vuelvan a su sitio. La música de Mahler es la demostración de que la humanidad es capaz de generar belleza y no sólo devastación y caos.

–Servaz es un hombre de antes –asegura sobre su personaje el autor nacido en 1960, en Béziers–, eso me da la oportunidad de hablar de la sociedad contemporánea. Servaz la mira desde afuera, eso es muy práctico; es como un espejo que presento al lector. Además, la cosa es que quería tomar todos los tópicos [del detective] y darles la vuelta; Servaz no bebe, es un tipo bastante triste, aburrido, no es muy gracioso, sufre de vértigo; eso me interesaba. Servaz no mira al mundo con la mirada de un policía, más bien con la de un filósofo, y eso trae otro tema muy importante. Yo pienso que la función del novelista es hacer que el lector se plantee preguntas sobre la realidad. Cuando leo, lo que me interesa son las lecturas que desafíen mi propio entendimiento de la realidad y eso es también lo que intento hacer con Martin Servaz: es alguien que se plantea muchas preguntas de la realidad, de la vida, de la sociedad, de cómo evoluciona, cómo cambia; este personaje me permite cuestionar muchas cosas. Jean-Patrick Manchette, el mejor escritor de novela negra de los años 70 y 80, dijo que la novela negra es una literatura de crisis, y hoy es el género que es más capaz de dar directamente cuenta de las crisis que afrontamos, que son crisis políticas, sociales y humanas. El novelista negro es un arqueólogo de la realidad y del instante, de lo que pasa hoy en día, del ser humano. No sé lo que quedará en 50 años de lo que escribimos, mucho de lo que se publica no durará tanto tiempo, pero hay unas cuantas obras que sí durarán y en ellas podrán leerse las crisis que afrontamos en estos días.

Martin Servaz es un digno representante de la nueva generación de detectives. Lejos están los tiempos de los investigadores fríamente racionales que resolvían los crímenes concentrándose únicamente en las pistas dejadas sin querer por el asesino. Ya no son los tiempos de August Dupin y Sherlock Holmes. También se van quedando atrás, aunque más lentamente, los tipos duros, desarraigados, sin apegos emocionales, que dependían de su sangre fría para resolver los misterios; Sam Spade y Philip Marlow contemplarían con envidia el permiso que se dan los investigadores contemporáneos de tener una vida personal sin que eso demerite su búsqueda de justicia. En este sentido, Bernard Minier reconoce que aunque ha leído a los clásicos, la mayor influencia para su trabajo ha venido de los escritores suecos del género.

–He empezado con unos que son menos famosos que Henning Mankell, pero a quienes se les debe mucho: una pareja de escritores de los 70, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, que si abres una novela de ellos y una de Mankell, parece que estás leyendo al mismo autor. Aunque al final, el que más me ha dado ganas de escribir novela negra fue Mankell. En Mankell la familia también es muy importante, [Kurt Wallander] no es un mero investigador, es un ser humano. En los 90 se publicaron [en Francia], en el más grande desorden, sus novelas, lo que era bastante divertido, porque en una novela su padre se moría y en la siguiente había resucitado porque, claro, se trataba de una la novela anterior –Sonríe.

Estos nuevos detectives, de los que Servaz forma parte, son hombres que aman, no sólo su trabajo, sino también a las personas que los rodean. A lo largo de las tres primeras novelas, además de enfrentar casos criminales, vemos a Servaz afanarse por mejorar la conflictiva relación con su hija; sobrevivir a un divorcio, sentirse atraído por la esposa de su ayudante y amigo, reencontrar al amor de su vida y sumirse en la depresión a raíz de una pérdida. El crecimiento de este personaje que ya cuenta con lectores en una docena de idiomas ha sido paulatino, dice su autor.

–Al principio, es como en cualquier encuentro con una persona por primera vez, te da una impresión, ya sea buena o mala, y después, poco a poco, vas a descubrir otros aspectos. Cuando llegué al final de la primera novela me pareció que era un personaje interesante como para saber un poco más de él, para seguir, y, puede parecer un cliché, porque todos los autores decimos lo mismo, pero para mí ya es tan real que me parece un familiar, un amigo.

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Con su tercera novela, No apagues la luz, Bernar Minier le da un giro a la estructura clásica, con un crimen al principio de la trama y la posterior investigación, que había utilizado en sus dos novelas anteriores, en las que respetó escrupulosamente, según él mismo dice, las reglas del género. En No apagues la luz, aunque el investigador aparece, la verdadera protagonista es la víctima, Cristine Steinmeyer, una locutora de radio acosada por un desconocido.

–En esta novela he cambiado muchas cosas, primero porque no quiero escribir siempre la misma novela, y segundo porque a menudo las cosas ocurren por casualidad o por destino, no sé. El hecho es que viajaba a Buenos Aires para un festival en Argentina, y tenía doce horas de vuelo y no me gusta mucho el avión, entonces tenía que encontrar un libro que me enganchara bastante para olvidarme de este miedo mío, y no estaba seguro de que cualquier novela podía conseguirlo. Me prestaron un libro de testimonios que se llama Mujeres bajo dominio [Femme sous emprise], de Marie-France Hirigoyen, que es la gran especialista del acoso. Leer estos testimonios durante estas 12 horas de vuelo fue un choque. He descubierto algo que no esperaba: cómo funciona el acoso íntimo, el acoso en el hogar, el acoso en la pareja, el acoso en el trabajo también, y todo estaba en estos terribles testimonios; primero la vulnerabilidad de las víctimas, luego crece, empieza con pequeñas cosas, con insinuaciones, con intimidaciones, después el control, el aislamiento, las amenazas, la violencia sicológica y física, en fin, todo lo que Cristine está viviendo en medio de mi novela. Llegué a Buenos Aires, después de estas 12 horas de vuelo, sin dormir un minuto, pero con un montón de papeles alrededor, estaba convencido de que tenía que hablar de este tema de un modo ficcional, es decir, empujando un poco más, porque uno de los papeles de la novela negra es poner a los personajes en situaciones extremas y ver cómo reaccionan, porque por su puesto todos estamos muy bien, pero si ocurre ahora mismo algo tremendo, algo espantoso, vamos a ver entonces la verdad de cada uno de nosotros y esa verdad es muy diferente de lo que enseñamos de manera cotidiana, y es por eso que la novela negra es tan interesante también.

Para No apagues la luz, Minier eligió un ámbito poco convencional, el programa espacial francés, que a diferencia de otros países, dice, ha enviado a una sola mujer al espacio en 30 años. En este contexto de inequidad genérica, el autor sitúa a otra de las víctimas, una astronauta que denuncia acoso en la estación espacial europea pero no logra hacer que la escuchen, lo que le permitió no sólo hablar de la violencia de género, sino del papel de la mujer en la sociedad contemporánea. De manera fortuita, esta elección le confirmó otras de las virtudes de la novela negra: su capacidad de develar a través de la ficción, a veces sin proponérselo, realidades poco evidentes e incluso ocultadas y silenciadas por la sociedad.

–Un día, al firmar unos libros en París –recuerda– había una mujer de 30 años, más o menos, morena; y al final me pregunta por qué tengo toda esta información sobre el caso, y yo le dije que era mera ficción y me dice “es imposible una coincidencia tan grande”, y yo no me enteraba de lo que estaba hablando, por supuesto; entonces me dice que ella es astronauta y que el personaje de la novela es ella. Pensé que era una mitómana, como de vez en cuando encontramos en los festivales, intenté terminar la conversación lo más rápidamente posible. Me dejó su tarjeta, había un montón de títulos en ingles, pero eso no me decía nada. Volví a casa, la busque en Google y sí, ella era una astronauta. Llamé a un amigo que es parte de la policía y me confirmó que había una queja por acoso y que todo era verdad. Sin saber había caído en un caso auténtico.

Es tal vez por esta capacidad de develar la realidad, de plantearle preguntas al lector sobre el mundo en el que vive, que el género negro se ha convertido en uno de los más populares en todo el mundo.

–Asistimos a una explosión de la novela negra. En Francia es un género que hoy en día encabeza la venta de libros, que atrae cada vez más lectores y ha cambiado bastante en los últimos años. En los 70 había una corriente que se llamaba el Neopolar con Jean-Pierre Manchette y toda esta gente con un discurso político riguroso, anti-establishment, muy claro. Esta corriente dominó el paisaje de la novela negra durante dos décadas, más o menos. Hoy eso ha cambiado, hay tantos estilos, tantas personalidades, tantos universos, que es imposible definir una novela negra típicamente francesa, creo que lo que define la novela negra francesa es precisamente esta variedad. Además, la novela negra es tan potente que integra otros géneros, el fantástico, el histórico, sin perder su identidad. La novela negra fagocita los otros géneros y los convierte en algo que le es propio. La novela negra hoy en día se puede permitir todo por su potencia, por su riqueza. Este tipo de dinamismo está atrayendo cada vez a un mayor numero de lectores, porque lo merece, porque es literatura, y literatura en el pleno sentido de la palabra.

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Iris García Cuevas (Acapulco, 1977) es autora de la novela 36 Toneladas (ZETA, 2011), del libro de cuentos Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009), y de la obra de teatro Basta morir (Teatro de la Gruta VIII, Fondo Editorial Tierra adentro y Centro Cultural Helénico, 2008). Cuentos suyos han sido publicados en una docena de antologías. Fue nominada al premio Silverio Cañada 2012 a mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón, en España; obtuvo el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano 2008; mención honorifica en el Concurso Nacional de Cuento Joven Alejandro Meneses, 2008; Mención especial en el Concurso Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo,  2008.

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