Reseña: No apagues la luz

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No apagues la luz

Bernard Minier

Salamandra, 2015

En No apagues la luz, la más reciente novela de Bernard Minier traducida al español, nos encontramos al comandante Martin Servaz –protagonista de sus dos novelas anteriores– lo mismo que a Dante, a la mitad del camino de su vida, acechado por las bestias en medio de una selva oscura. Deprimido por el resultado de su último caso, sólo la posibilidad de una nueva investigación lo saca del letargo. Martin recibe por correo una llave electrónica de la habitación de un hotel en la que un año antes se suicidó una mujer. Todo sugiere que el suicidio fue inducido. La pista lo lleva a descubrir una serie de intrigas dentro del Programa Espacial Francés.

A simple vista, parece que nos encontraremos con un caso de acoso y misoginia en un mundo regido por los hombres, pero en las novelas de Minier las cosas no siempre son lo que parecen, aunque eso tendremos que irlo descubriendo a lo largo de la historia siguiendo los giros inesperados que se van presentando. Lo que nos queda claro es que el tema central de esta novela es la manipulación y que las mujeres son las más vulnerables. Y aunque en el centro nos enfrentamos a la manipulación llevada a un extremo criminal, no se escapan de la mirada del autor las manipulaciones sutiles que se imponen, imperceptiblemente, en las relaciones familiares, amorosas, laborales, y que de alguna manera hemos ido naturalizando debido a nuestra necesidad de sentirnos amados y aceptados.

En esta situación conocemos a Cristine Steinmeyer, conductora de un programa de radio, quien recibe la víspera de navidad, al parecer por error, la carta de una suicida. Agobiada por la culpa, por la imposibilidad de evitar que una mujer se quite la vida, atormentada además por el recuerdo de la muerte de su hermana y la relación con sus padres, Cristine entra en una espiral destructiva; pronto descubrimos que el envío de la carta es apenas el primer eslabón de una cadena de acontecimientos forjada para destruirla.

Más que la saña contra la mujer, lo que conmueve es su soledad. No tiene a quien acudir, la familia, la pareja, las instituciones policiales, su equipo de trabajo, se muestran insensibles, incluso hostiles, ante lo que sufre. Víctima de manipulación por parte de su perseguidor invisible, es considerada loca por quienes la rodean, porque les parece más fácil desestimar una amenaza que reconocer el peligro. Es una novela que nos hace preguntarnos en quién podemos confiar realmente cuando nuestro mundo se derrumba. Que nos permite plantearnos cómo estamos construyendo las relaciones afectivas en el mundo contemporáneo.

No se trata, sin embargo, de una mujer débil. No es una víctima propiciatoria que acepte sumisa su destrucción, y eso es algo que se agradece. Cristine está dispuesta a dar la batalla, pero las cosas se van complicando tanto a su alrededor que sabemos que necesita ayuda. Intuimos que el único que podría entenderla, y por lo tanto ayudarla, es Martin Servaz, y nos desesperamos página tras página esperando el encuentro de estos dos personajes para que puedan unir las piezas del rompecabezas. Después de leerlo entendemos por qué Bernard Minier es considerado un maestro del triller sicológico.

Me parece importante decir que no se trata de una narrativa tramposa, de esa en la que la intriga se crea a partir de lo que no sabemos, donde el narrador nos da la información a cuentagotas para sorprendernos al final con una revelación que había ocultado bajo la manga como la carta de una baraja. Al contrario, como lectores, tenemos la sensación permanente de que sabemos más que los personajes, porque conocemos, por un lado, lo que le pasa a la víctima y lo que va descubriendo el investigador.

Bernard Minier logra que la posesión de esta información se vuelva inquietante, que a cada página nos preguntemos por la seguridad de Cristine, si Servaz será capaz de encontrar a la mente que está detrás de las agresiones antes de que la mujer sea destruida. Y por si esto fuera poco, está la presencia, casi omnipresencia, de Julian Hirtman, un psicópata asesino a quien Servaz no logró capturar y que desde las sombras alimenta todos los temores del detective y también los nuestros. Junto con él, nos volvemos paranoicos, sospechando que detrás de cada hecho está la mano del psicópata jugando con nuestra mente. ¿Quién es capaz de ejecutar estos actos con tanta saña? ¿Por qué es posible desear la destrucción absoluta de un ser humano? ¿Qué motiva tanta maldad? Es esta curiosidad la que nos impide soltar el libro.

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