LA MADRIGUERA

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El médico debería prohibirme convivir con mis colegas. Hace años se lo dije, cuando llegué de un encuentro de jóvenes poetas en pleno infarto renal o sabe qué me haya dado. Me tomó la temperatura y me mandó a casa; “coma bien y beba mucha agua”, dijo, y de pasada me recomendó visitar un psicólogo. Como era el único médico de profesión acá en el pueblo, ahora aprovecho enfermedades y dolencias para ir al D.F. (sí, lo seguiré nombrando D.F.) y de paso ver a los amigos, enterarme de nuevo cómo gira la maquinaria cultural: echar el chisme. No sé si es el éxito rotundo de mi nueva alimentación baja en grasas o los buenos aires de provincia pero lamentablemente me enfermo poco.

En la madriguera…

Pues bien, antes de empezar, como los buenos modales dictan, me presento: soy mujer, soy hipocondriaca, soy poeta y, en pocas palabras, me apodan “La Musaraña” desde chiquita, y se me quedó la saliva venenosa. Y ya que estoy intimando con ustedes tan de botepronto, lo escribo sin miramientos: soy venenosa de “palabra, obra y omisión”, y no tengo vergüenza. Por asuntos de sobrevivencia, no guardo rencores, el mundo y el ser (sí, heideggeriano) son un moco y no creo en las figuras de autoridad. Más vale defender con rabia la ignorancia, la diversidad (con un abrazo grande a la comunidad LGBTTTI), la incorrección, la crítica y el sarcasmo; por eso escribo esta columna. Todo aquello que desordene los límites entre lo privado y lo público es un arma caliente, cargada de realidad, una veta renovable.

Sin embargo, fuera del arranque racional con el que justifico la marginalidad del joven escritor, también está la tripa y el ego que devoran. Hay veces en que la fuerza se diluye en el sueño de un feedback objetivo, de un público real y no viral; pero sobre todo, en la necesidad económica que se traduce en godinear: falta de tiempo para poder escribir, para leer, para tener experiencias fuera de la rutina. Mi frustración arrecia cuando me da la numeralia y pienso en “el gremio”, por ejemplo, en la quiniela: los cientos de jóvenes que ahora mismo están calculando sus oportunidades (o más bien sus esperanzas) de ganar el cotizado Premio Nacional Elías Nandino cuyos resultados se publicarán por estas fechas.

El médico ya debería haberme prohibido convivir con mis colegas. Regresé mala de la gastritis del Encuentro Nacional de Poetas en Morelia el mes pasado. Entre la charla y la chorcha, entre poema y poema, se presentó el último número de la Revista Tierra Adentro, que compré por cierto, nos fue revelado el novísimo plan de inversión del Fondo, que entre otras cosas cambia por completo el giro del barco y  —según contó Rodrigo Castillo, su Director Editorial—, ahora la administración de los recursos estará basada en “ciertos indicadores” de consumo de contenidos digitales, que permitirán analizar a qué áreas es necesario redirigir los recursos del Fondo.

Entre los primeros recortes está la notoria reducción y distribución del tiraje de la Revista Tierra Adentro —debido a la alza del dólar, y por lo tanto del costo del papel; pero sobre todo a la poca demanda—, aunque no especificó en qué proporción. También nos informó que el Fondo Editorial, en cuyo catálogo online aparecen 25 títulos publicados en 2015, a partir de este año ya sólo publicará los libros premiados por sus convocatorias: únicamente 9 títulos al año.

¿Y qué se hará con estos recursos que se liberan? Se producirán más contenidos para consumo en Internet con actualización constante y así reducir el alto costo de impresión, distribución y venta. Además se desarrollará un programa educativo de sensibilización para crear públicos y autores en áreas del país poco atendidas o accesibles hasta ahora. Según Castillo, este trabajo en campo se determinará a través de “ciertos indicadores” que les darán parámetros “objetivos” para la distribución de los recursos. Sin embargo, tampoco especificó cuáles eran estos parámetros aunque parecía referirse a interacciones en redes sociales y estadísticas del tráfico de su sitio web.

Si resultan con tal efectividad dichos “indicadores” ¿por qué no los utilizan para evaluar, no digamos la eficiencia, sino el verdadero funcionamiento de las instituciones? Todo parece indicar que la división de secretarías, cambios de gobierno y nuevas administraciones tiene como finalidad la desaparición de organismos y recursos destinados a la promoción y difusión cultural en nuestro país. ¿Cómo es que opera la política cultural hoy en día, si por principio y en el peor de los casos, los servidores públicos y funcionarios tienen la mínima sensibilización por el arte? ¿Cómo pretenden promover la creación de público y autores con discursos sobre programas educativos, empresas culturales, reformas de censura en redes, sin consciencia del arte como una necesidad social?  

Después de este interludio musical, volviendo al Encuentro en Morelia, concluyo mi testimonio de lo sucedido, que para objetos periodísticos podría pasar por un rumor. Quisiera haber incluido datos oficiales en esta columna, sin embargo, no encontré un comunicado emitido por parte de Tierra Adentro o la Secretaría de Cultura; tampoco encontré ninguna nota de medios con la información que dio Castillo en Morelia.

Queda la esperanza de que aún no sea una decisión oficial. Por si las dudas, habría que continuar el lanzamiento de preguntas con respectiva dosis de ponzoña: ¿por qué un Fondo Editorial debe asumir los costos de proyectos educativos?, ¿qué no hay otras áreas de la Secretaría que ya tienen asignados recursos para ello? ¿Los parámetros de consumo en medios digitales son suficientes para definir las estrategias de una institución cultural con 26 años de trayectoria? ¿Qué pasa con los segmentos de lectores habituados a los medios impresos y con todos aquéllos sin acceso a internet? ¿Están considerando las limitantes de extensión, de inmersión y de formato que conlleva una apuesta tan radical a consumidores online? ¿Se apostará por la experimentación y la innovación en sus canales digitales o solamente por la consolidación de una línea de contenidos textuales que intenten competir con otros medios para obtener una comunidad de lectores? ¿Se beneficiarán los autores de estos cambios? ¿Es suficiente para la creación de un panorama nacional la publicación de un libro por género al año? ¿Qué pasará con los libros experimentales de los nuevos autores que pretendían su impresión? ¿Esta decisión no endurece aún más los conflictos por la aparente formación de un canon parcial, incompleto, endogámico promovido por las instituciones? Si Tierra Adentro representaba uno de los principales medios de distribución y difusión de “nuevas plumas” en el país, ¿a donde aspirarán a publicar los autores que se formen en sus programas educativos? ¿Tendrán que autopublicarse, conformar empresas culturales, darse de alta en Hacienda? ¿Tendrán que acudir a la capital y conocer a los miembros del Sistema Nacional de Creadores, especular sobre los jurados, leerlos, buscar la empatía con sus poéticas? ¿Tendrá algo que ver esta directriz con las nuevas políticas culturales de la Secretaría de Cultura? ¿Si la literatura no vende terminarán por desaparecer iniciativas como Tierra Adentro? ¿Cómo debemos reaccionar como autores ante esta gran merma de oportunidades? ¿En verdad nos interesa que la literatura venda? ¿La poesía vende? ¿Es posible aspirar como gremio a tener un público que aporte un capital a los autores? ¿Le corresponde esa responsabilidad a instituciones como Tierra Adentro?

Hasta aquí mi participación por ahora, humanos. Me voy a comer antiácidos en la madriguera mientras los dejo para que sean víctimas de su propia especulación sobre el asunto, antes de que les cuente lo que pienso.

Semblanza

La Musaraña es un personaje ficticio creado por Verónica G. Arredondo y Tania Carrera para ejercer la crítica colectiva con cierto grado de comicidad y mucha desfachatez. Un espacio de análisis de las políticas culturales del país en contraste con la vida cotidiana de ambas escritoras en su incansable lucha por pagar la renta.

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Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984) es maestra en Filosofía e Historia de las Ideas por la UAZ. Ha publicado Desparpajados 2013 (libro de artista), Verde fuego de espíritus 2014, Ese cuerpo no soy 2015; Voracidad, grito y belleza animal 2014 (ensayo). Sus poemas han aparecido en Periódico de Poesía de la UNAM, Nexos. Ha participado en encuentros literarios internacionales dentro y fuera del país. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 2014 y el Premio Dolores Castro de Poesía 2014. Poemas suyos se han traducido al francés y al portugués. Estudia el Doctorado en Artes (ocultas) en la Universidad de Guanajuato.

Tania Carrera (México, DF, 1988) ha publicado Espejos (Editorial Gato Negro, 2013) y Un dios lubricante (www.undioslubricante.com, 2015). En 2006 obtuvo el apoyo para jóvenes creadores del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Morelos en el área de poesía. Fue becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas en el periodo 2009-2010, así como de Jóvenes Creadores del FONCA y ganadora del premio Jaime Reyes 2010 de la UACM.