Tejido de la danza

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Danza: Rito del ímpetu de la naturaleza. Cuerpo. Musa. Evolución sobrenatural de la muerte. Pregunta sobre la tutela divina —ya sea cariñosa, encolerizada, punitiva o imaginada—. Mitología. Polisemia. Relato, alegoría. Significado múltiple de la imaginación. Realidad. Inspiración, daimon. Dialéctica de la existencia/inexistencia de Dios’. Inquietud por una morada. Ese ‘espíritu’ que se siente por dentro, es lo que ha estimulado —como apunta Steiner— en mayor medida al arte y por qué no decir la danza. Esa idea rondará este escrito mientras desarrollo la relación entre danza y literatura.

Danzar, adorar al Dios, al Baco o al Apolo, rehacer el drama. Danza: poeta, tierra baldía, disipación del cuerpo. Palabra, cosa, inexistencia de los hombres, líquido, poiêsis, creación. Expresión del alma humana, investigación sobre el espacio; máscara, interpretación, experimento, ensayo sobre el cuerpo humano. Deconstrucción del cuerpo que afirma los valores del arte. ¿Cabría repreguntarnos actualmente sobre la existencia de Dios (exista o no), si la danza sigue siendo rito y si lo es de qué forma lo hace?

Danza: construcción matemática, filosófica, sociológica, artística especulativa y distraída de la vida. Como lo había ya vaticinado Steiner mismo en Los libros que no he escrito: ‘Si cesara esa búsqueda que hay en el fondo de nosotros, no ya visceral, algunas magnitudes de la poética y las artes se verían en detrimento, ya no podríamos concebir un Libro de Job, una Eneida, un «Canto por la tierra de Ilión», un Cantar de los Cantares, una Divina Comedia, un poema de Gilgamešh, un Rey Lear, una Orestiada, una Giselle, un Cascanueces. Podría ser lo contrario a eso denominado por Steiner como las dimensiones «ultramundanas». ¿Qué sería de la crítica de Sin novedad en el frente de Erich María Remarque o de los textos de Karl Jünger sin la grandes guerras, que sería del inolvidable texto de Primo Levi, o la danza-teatro Pina Bausch sin la Shoá, o de Solzhenitsyn sin los Gulag, o de Doctor Zhivago de Pasternak sin la historia rusa, de Pedro Páramo sin la Revolución o los caciques? Simplemente no existirían.

“DOS SOBRE BLANCO”

Hablar de la liquidez de la danza en México es hablar también del predominio del Kulturpessimismus, como lo enarboló el movimiento del ska en México (que se identificó con la figura del obrero y del muppet —Elmo—, el trabajo y la infancia, el transcurso a la edad adulta, la ‘clase obrera’), o las tribus emanadas del rap, como la ‘familia hip-hop’ (grafiteros, b-boys, mc’s, Dj’s, traceurs entre otros, los punks (ya sea anarquistas, skin-heads, oi, hooligans o straight edge), los darks, los pachucos de los que tanto escribió Paz en El laberinto de la Soledad, de sus sucesores los cholos o de los ninis, entre muchas otras tribus urbanas.

La danza no ha olvidado que estamos inmersos en una pesadilla: Un planeta devastado y contaminado por nuestro desenvolvimiento como especie. Se sabe que buena parte de la Tierra ha perdido su fauna natural, miles de especies animales han sido aniquiladas ya, la sobrepesca no logra que se sostenga la vida acuática, el hambre diezma a miles de especies (incluyéndola nuestra) y sin embargo, y eso ha sido desiderata para que temas nacionales, e importantes como la Revolución, la Independencia, el mestizaje, las culturas precolombinas—como lo llevó a cabo en su momento Raúl Flores Canelo o Amalia Hernández— hayan gestado una danza más representativa. El contexto actual inmediato y las problemáticas universales inherentes a la humanidad son preocupaciones también preformativas. El mismo esquema en el que se desenvuelve la sociedad es un gran performance social, en donde todos desempeñamos roles específicos. Donde se extienden escenas donde todos representan más de lo que son. La danza así como otras artes corporales tienden a la reconfirmación del tejido social.

Después de oír la voz apocalíptica del posmodernismo y la era postmedia, la información es también parte de la ‘creación humana’, y entiendo que esa creación tiene dos dimensiones humanas: ya sea como un ejercicio que va desde las matemáticas, el lenguaje y la ciencia, las artes, o como la que abarca de la guerra, la devastación y la predación de la flora y la fauna; dependiendo desde donde se observe la dialéctica de la razón y del proceso civilizatorio.

La danza es lenguaje. El humano, zoon phonanta, también es un zoon kinēia. El hombre es de los animales que logra hallarse entre el sentimiento de lo dado, la acción y el cambio (nuestros tres tiempos comunes: pasado, presente y futuro) El homo sapiens es un animal que divaga en torno a la vida y la muerte. Vivimos, como la ciencia, en la ‘gramática del futuro’, y muchas veces, desde Duchamp o los trabajos de John Cage o Andy Warhol, se ha refugiado en esa gramática del futuro.

La danza está hecha de pasos, de frases, de gramática de movimiento, una ‘gramática del presente’. “Las frases dancísticas son poder. Danzar es persuadir, convertir, compeler”. La danza, kinêsis, es la acción de producir un cambio, ejerciendo una energeia sobre el medio que nos rodea. Habría que apelar nuevamente a la distinción entre kinêsis y energeia.

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