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Conformación de rituales

Refugio Pereida

Suerte de rabia 

FOEM, 2015

Los rituales se van desarrollando de modo simbólico, y el carácter de estos se puede identificar, según el antropólogo escocés Víctor Turner, en rituales de ciclo vital, de aflicción o divinatorio. Cuando aborda la estructura semántica de los símbolos, Turner los diferencia por sus atributos, que pueden ser de unificación, condensación y polarización. Así va mostrando la esencia del ritual y su relación con el mito a partir del estudio de cada uno de los elementos que lo conforman. Trataré de sintetizar el concepto al que él se refiere para acercar el trabajo que realiza Refugio Pereida (Ozumbilla, Estado de México, 1970) en su libro Suerte de rabia. El argumento de esta escritura podría tratarse de un ritual de aflicción en el que, nos dice Turner, tiene como principal objetivo exorcizar los elementos que causan la aflicción (entidades o fuerzas sobrenaturales).

«Me arrojé al fuego./ Maravillada, bailé sobre las brasas», con esta línea cierra el primer poema y ofrece el principio de un ritual que se irá desenvolviendo a lo largo del libro. Ya en el título nos previene del contagio, pero no deja claro de qué se trata ni quién o quiénes son (o serán) los contagiados. Tampoco nos habla claramente del exorcismo o purificación, pero ciertos elementos, por no hablar sólo del fuego, nos conducen por el ambiente que caracteriza los ritos de curación con yerbas. Todo aparece dentro de una atmósfera que se va generando con mucha pericia y riguroso conocimiento del oficio, y que va dotando de esa esencia mágica común en este tipo de actos.

Ya en el primer espacio del libro, “El misterio del contagio”, se perfiló, con el acierto del tono, la personalidad de quien nos conducirá entre las fuerzas que contiene el poemario. Vendrán los símbolos, que no se corresponden exactamente con alguno conocido ni atienden a una divinidad específica. Más bien, se centran estos poemas, que pueden ser unas veces simples registros o descripciones del espacio, o firmes conjuros, en un exorcismo en el que parece que la enfermedad de la que busca librarse es la rabia misma. El tránsito por los nueve momentos del libro aumenta la certeza de ser parte de este acontecimiento que roza mucho con lo mágico.

Me da por preparar una composta
para nutrir una mata de lavanda
que la tarde tiene entre sus dedos.
Sentada, comprendo que no ocasioné ninguna maravilla.
Mi oficio fue vender hojarasca.
¿Será por eso que hasta ahora he vivido juntando
lo que el viento me deja?

Los momentos de mayor fortuna dentro del libro son cuando quien habla alcanza una especie de trance y los elementos trastocan las secuencias léxicas y lógicas. La simbología que ha desarrollado Pereida encuentra clímax retóricos, aunque no faltan los momentos en que elementos de otro espacio aparecen para generar un desconcierto infortunado. Lo cierto es que el concepto de liminalidad planteado por el antropólogo escocés, estudioso de estos fenómenos, ocurre con mucho acierto y completa la circunferencia del libro para que aparezca como un acontecimiento estético importante. Por esto, principalmente, recomiendo y celebro el libro de Refugio Pereida.

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Gustavo Iñiguez (Valle de Guadalupe, Jalisco, 1984) es licenciado en Turismo por la Universidad de Guadalajara. Textos de su autoría han aparecido en diversas publicaciones periódicas. Dirigió la revista literaria Quiescencia. Es coordinador editorial y editor adjunto de Mantis editores. Es autor del cuaderno de poesía Dromedario (2008). En 2013, con el apoyo del CECA Jalisco, publicó el libro de poemas Espantapáramos. Fue becario del PECDA en 2015. Junto a Luis Armenta Malpica es compilador de Equinoccio. 50 poemas ecuatorianos del siglo XX (Mantis editores, México, 2015). Una parte de su libro Vocación animal (Mantis editores, 2016) se traduce al alemán para su publicación bilingüe en una muestra de poesía mexicana reciente (traducción de Rike Bolte).