Todo lo negro. Entrevistas con escritores de narrativa policíaca y criminal: Élmer Mendoza

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En la década de los noventa del siglo pasado, el escritor sinaloense Élmer Mendoza era una de las pocas voces que se ocupaban por narrar el universo del crimen en México. Luego de cinco libros de cuentos y veinte años dedicado a la escritura, publicó, en 1999, su primera novela Un asesino solitario, en la que nos mete a la vida de un sicario contratado para matar a un candidato a la presidencia, con claras reminiscencias al asesinato de Luis Donaldo Colosio. Desde entonces quedó clara su intención de narrar el mundo del delito.

–Quería crear una estética de la violencia –dice en entrevista–, a partir de delitos reales o supuestos, recuperar la crueldad, el dolor, para llevarlo a un discurso literario sin que pareciera grotesco, ni apologético. Entonces no había pensado en el universo de los lectores. Al principio me sorprendí de que los lectores encontraban referentes en mi literatura para entender las cosas que estaban sucediendo en el país. Entonces lo que hice fue asumir eso como una responsabilidad social como autor. Me he encontrado en la calle señores que me dicen, “¿Élmer, y ahora qué hacemos?” Yo no puedo salir corriendo, tengo que compartir con ellos algunas ideas de lo que podemos hacer y es lo que hago. Ese es el segundo paso, luego de la penetración que los libros han tenido en la clase media, en la gente que lee, y que igual que yo están interesados en que este país sea más habitable.

QUIERE ESCRIBIR “UNA LÍNEA QUE NADIE HAYA ESCRITO”

Desde su primera novela, y aún antes, en sus libros de cuentos, Mendoza muestra ya lo que el mismo llama su “voluntad de estilo”, un estilo que trabaja con el habla popular de Sinaloa, inspirado, según él mismo cuenta, en la narrativa de James Joyce.

–Quería superar a Joyce. Me propuse la relectura del Ulises para encontrar las virtudes que volvían a la novela irrepetible, descubrí que tenía que ver con el manejo del tiempo, que una novela no tiene por qué durar años. Pero sobre todo tenía que ver con la viveza de los personajes, los personajes siempre están hablando y están pensando, el tema del monólogo interno. Entonces yo sentía que lo que estaba escribiendo estaba bien, pero le faltaba fuerza, y como 20 años después descubrí que lo que yo tenía que trabajar con mucha seriedad era el lenguaje de la calle, pero fue después de muchísimo tiempo y de muchísimos experimentos. Aprendí que me tenía que salir del corazón, es decir, las palabras, las historias, la forma de contar y la intención permanente de escribir una obra maestra. Dicen que ya la hice, pero yo digo no, voy a hacer una obra maestra, como si no hubiera hecho nada. Siempre empiezo de cero. La fortuna que tengo es que mi experiencia es mayor, pero siempre empiezo de cero.

Casi 10 años después de su primera novela, inicia la zaga del detective Edgar El Zurdo Mendieta, que se presenta por primera vez en 2008, con la novela ganadora del III Premio Tusquets Editores, Balas de Plata. Le siguen La prueba del ácido (2010),  Nombre de perro (2012), y más recientemente Besar al detective (2015). En estos siete años el detective y su contexto han cambiado.

–El Zurdo Mendieta cambia porque se entera de que es padre y conoce a su hijo [en Nombre de perro]; conocer a su hijo lo lleva a otras reflexiones. Como un hombre solo vivía los riesgos, la vida, sus adicciones de alguna manera; pero descubrir que tiene un hijo representa un shock del que todavía no termina de salir. Ahora en Besar al detective está muy sorprendido de todo lo que es capaz de hacer por su hijo.

La paternidad representa para el autor una manera de “enriquecer el perfil del detective”, volverlo más humano. Sin negar la influencia de los detectives clásicos, Philip Marlow, de Raymond Chandler; y Sam Spade, de Dashiell Hammett, que “siempre están allí”, Mendoza se inspira en personajes contemporáneos que, a diferencia de los primeros investigadores, duros y solitarios, tienen que compaginar su trabajo con su vida familiar.

–Yo siento que no puedo escapar del sistema de escritura, sobre todo lo que tiene que ver con las tramas y los aspectos de investigación de la novela [policiaca] clásica, pero sí puedo enriquecer el perfil del detective. Los detectives que están en el pasado del Zurdo son Michel Ohayon [protagonista en seis novelas de la escritora israelí Batya Gur], que tiene un hijo;  Kurt Wallander [del sueco Henning Mankell], que tiene una hija; [Kostas] Jaritos [del escritor griego Petros Markaris] que tiene una hija. Es un esquema que me gustó porque creo que dentro de la evolución posible de un detective está la humanización, y pienso que más que con una mujer se consigue con un hijo. En esa idea estoy, de volverlo más humano, y que sea más entrañable. Además El Zurdo está cada vez más indefenso en el tema amoroso, probablemente porque está pasando el tiempo y no termina de ubicarse, le gustan las mujeres hermosas, pero no sabe lo que tiene que buscar en una mujer para relacionarse, entonces, también en eso hay un cambio, como que está en una etapa que quiere tomarlo en serio pero no sabe cómo.

Otro de personaje que ha influido en El Zurdo Mendieta es James Bond, aunque en este caso, explica el autor, no se trata de una influencia directa, sino por contraste.

  –Me gusta mucho James Bond. Yo consigo poner a un lado los recursos cinematográficos para quedarme con ciertos aspectos que tienen que ver con el trabajo de él como investigador, y sobre todo me gusta mucho su relación con la mujeres que es una relación muy distinta a la de El Zurdo, porque también los novelistas a veces trabajamos el positivo-negativo, es decir, si el cine plantea una cosa, yo lo planteo al revés, pero parto de allí.

CONVERSACIÓN

En cuanto al contexto, en estos años la relación de Edgar El Zurdo Mendieta con el crimen se ha modificado; pasa de tener un alejamiento decidido con el narco a la colaboración con la capisa Samantha Valdés, que inicia en Nombre de perro y que se intensifica en Besar al detective.

–Eso es también como trabajar un perfil de la policía nacional –dice Élmer Mendoza–, donde si un policía quiere sobrevivir tiene que tener una relación conveniente con la delincuencia. Creo que en eso, El Zurdo, por las mismas circunstancias de su trabajo, ha tenido que irse doblegando; replegándose a la idea de que para sobrevivir tiene que vivir esa circunstancia.

Las novelas de Elmer tienen como escenario su natal Culiacán, El Zurdo Mendieta vive la ciudad de la misma manera que los ciudadanos reales y se entera de los crímenes de los que también se enteran los culichis a través de las noticias o las conversaciones. Transita por las calles y los barrios que la gente de la ciudad relaciona con el narco; y da vuelta en las esquinas donde se cometen los delitos narrados por la ficción.

–Contar la ciudad es algo que yo siempre quise. Un día dije que yo iba a poner a mi ciudad en el mapa cultural del mundo, es algo que me emociona mucho. Al principio me preguntaban donde estaba mi ciudad y ahora no, si alguien va a hablar conmigo sabe dónde estamos y algunas características de mi ciudad y eso también me gusta mucho, de alguna manera haber conseguido eso, que Culiacán, al menos en la ficción, tenga un detective que a mucha gente le gusta.

También el panorama de la literatura nacional se ha modificado. Como pionero de la novela policiaca en el país, y particularmente de lo que se ha llamado narcoliteratura, Élmer Mendoza ha sido testigo de la proliferación del género en la última década, como resultado de la expansión del crimen organizado en el territorio nacional y la ola de violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico.

–Me gusta muchísimo lo que está pasando [con la literatura en México], porque creo que hemos conseguido que muchos autores se hagan una idea del país e intenten recuperarlo, porque al final de cuentas hay un país que estamos perdiendo; hay un país real, pero también hay un país imaginario que estamos perdiendo. Yo creo que si los autores piensan en la realidad mexicana, sobre todo lo que tienen que ver con el delito, con la corrupción, con la aplicación de las leyes, estaremos planteando una literatura que realmente cuente de una manera apropiada la época que estamos viviendo.

Para contar esta época, dice el autor, también es imprescindible el trabajo de no-ficción, que junto a la novela policiaca, sirve “para comprender el perfil del México contemporáneo”.

–Hay que leer el trabajo de Diego Enrique Osorno, del Cartel de Sinaloa, me parece básico; a Sergio González Rodríguez, casi todo, desde Huesos en el desierto hasta el trabajo sobre Ayotzinapa; Alejandro Almazán, Héctor de Mauleón en sus crónicas periodísticas que están contando el país; incluso a Carlos Loret de Mola, que a veces cuenta unas cosas en su columna periodística que a mí me ponen los pelos de punta porque son cosas bastante peligrosas y aparentemente no tiene miedo; me gusta el trabajo de ellos para explicarnos nuestro país, de Ricardo Raphael, Ricardo  Ravelo, Anabel Hernández, que tiene que ver con esto también, con explicarse el país.

QUIERE ESCRIBIR “UNA LÍNEA QUE NADIE HAYA ESCRITO”

Actualmente Élmer Mendoza trabaja en lo que será la quinta entrega de la zaga, tal vez la última para el Zurdo Mendieta, pero es algo que no sabrá con certeza hasta que termine de escribirla.

–Siempre me lo pregunto, ¿hasta donde termina una zaga? Cuando hice Balas de plata dije hasta ahí, pero mis amigos me dijeron que no, que tenía que seguir; hice otra más, dije ya, pero igual me dijeron que había creado un personaje entrañable, que podía seguir. Me dicen, ¿qué te preocupa, yo tengo 15; Henning Mankell hizo como 20 con Kurt Wallander; Petros Markaris lleva un montón con Jaritos; no te preocupes?”. Pero por primera vez, cuando terminé Besar al detective, pensé que la que seguía ahora sí va a ser la última, porque tengo que prepararme también para eso. No voy a matar al Zurdo, lo voy a retirar, pero tiene que ser una decisión muy pensada. Será en el momento en que esté revisando la novela, ahora estoy en la primera etapa de escritura.

Aunque el retiro del Zurdo Mendieta es una posibilidad, también lo es que continúe investigando, que pese al retiro vuelva cada vez que su ciudad lo requiera, porque como dice el propio Élmer Mendoza, “siempre hay demasiadas cosas sobre qué escribir en la novela policiaca”.

Élmer Mendoza (Culiacán, México, 1949) es catedrático de literatura en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Actualmente es miembro correspondiente de la Academia Mexicana de la Lengua, así como del Sistema Nacional de Creadores de Arte y de El Colegio de Sinaloa. Es un apasionado formador de novelistas y un comprometido promotor de la lectura. Entre 1978 y 1995 publicó cinco volúmenes de cuentos y dos de crónicas, y en 1999, su primera novela, Un asesino solitario, que de inmediato lo situó, a juicio del crítico mexicano Federico Campbell, como «el primer narrador que recoge con acierto el efecto de la cultura del narcotráfico en nuestro país». Posteriormente ha publicado las novelas El amante de Janis JoplinEfecto TequilaCóbraselo caroBalas de plataLa prueba del ácidoNombre de perroEl misterio de la orquídea calavera y Besar al detective.

Iris García Cuevas (Acapulco, 1977) es autora de la novela 36 Toneladas (ZETA, 2011), del libro de cuentos Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009), y de la obra de teatro Basta morir (Teatro de la Gruta VIII, Fondo Editorial Tierra adentro y Centro Cultural Helénico, 2008). Cuentos suyos han sido publicados en una docena de antologías. Fue nominada al premio Silverio Cañada 2012 a mejor primera novela negra en la Semana Negra de Gijón, en España; obtuvo el Premio Nacional de Novela Ignacio Manuel Altamirano 2008; mención honorifica en el Concurso Nacional de Cuento Joven Alejandro Meneses, 2008; Mención especial en el Concurso Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo,  2008.

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