Ensayo: Spoken word poetry o la poesía hecha performance

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El siguiente texto data de hace 11 años. Creemos que felizmente ha aumentado la calidad y cantidad de propuestas en el panorama de la poesía en voz alta y transdiciplinaria  hecha en México, gracias, entre otros esfuerzos, al trabajo de la autora de este texto.

Pasar de la dimensión de la página al suceso oral, a la dimensión del acto —combinación de ritmos verbales, acto escénico, poesía hecha palabra hablada— es la base del movimiento de los noventa Spoken Word Movement que se dio en los Estados Unidos para luego pasar a otros países de habla anglosajona como Australia. Aunque la poesía siempre ha tenido una carga oral, desde los tiempos de la Odisea de Homero, pasando por los bardos y hasta nuestros días en las lecturas tradicionales de poesía, este movimiento impulsó distintas estrategias del delivery poético. En el siglo XX la entrega de poesía se realizaba de manera más práctica que la asistencia a estas posibilidades orales; la imprenta logró que los libros o los poemas impresos en plaquettes, revistas y ediciones alternativas fueran moneda corriente para acceder al poema.

El Spoken Word Movement tiene como influencias las largas tradiciones de los afroamericanos y de los grupos nativos de Estados Unidos, que cuentan con profundas raíces en el arte de la poesía y de la narración oral de las historias, leyendas o mitologías de sus pueblos. También se debe recordar el movimiento Beat que recuperó la poesía oral con tendencias a la coloquialidad o los galeses e irlandeses, como Dylan Thomas y Yeats, quienes hicieron grandes piezas; recordemos a Thomas y su famosa lectura en radio (y en vivo) de “Bajo el bosque lácteo”.

Una de las preguntas esenciales de los poetas de este movimiento fue en qué momento era sólo un acto performático verbal y cuándo realmente había una carga de poesía (verdadera poesía) en el acto. Algunos de los más importantes ejecutantes de la spoken word poetry, como Maggie Estep, provienen de la escritura, del poema escrito y no de una banda de hip hop o de una banda como King Missile, de John S. Hall quien ha sostenido que el término de spoken word poetry es un término que cobija monólogos, poemas, historias, rap y que justamente es eso, su ambigüedad, lo que lo hace interesante y potente. Lo que es cierto es que ese tipo de performance poético tiene más de acción, de gestualidad y de manejo escénico que de poesía. La mayoría de los actos tienen mucho de narración y de juegos sonoros-verbales, eso y explosiones de humor, gags y dosis de poesía esporádica.

Como todo movimiento independiente del canon, el SPW se dio en cafés, bares y demás lugares alternativos y mantenía un alejamiento y desdén hacia toda aquella poesía que oliera a formol o proviniera de la “correcta academia”. El lenguaje usado era y es frecuentemente un habla coloquial, permeada por la experiencia y lo confesional. Muchos de estos autores nunca pusieron sus poemas por impreso, produjeron cds como única forma de documentación y de distribución. Parte de la ideología de los autores del SPW era disolver las fronteras raciales, sociales y culturales para crear experiencias verbales que pudieran alcanzar a cualquier escucha.

Tolerancia y el poder de llevar a cualquier público la poesía, ese era uno de sus grandes lemas. Y también el revelar que la poesía era y es un arte vivo. MTV fue uno de los grandes impulsores del movimiento, realizo varios Unplugged de poesía, donde muchas veces había más de show biz en movimiento que poesía. Los poetas eran más entretenedores que autores. Hoy en día el movimiento continúa y existen ya cafés y bares legendarios en los que se da ahora un nuevo fenómeno: el slam poetry, en donde, en una especie de death match o “máscara contra cabellera” poético, los poetas son lanzados al escenario para que realicen sus actos “perforpoéticos” y el público es quien, a través de aplausos, gritos, mentadas de madre y hasta botellazos, decida quién es el ganador de la sesión.

En América Latina también se ha desatado un fenómeno parecido en los últimos años. Si ya existían algunos poetas como la chilena Cecilia Vicuña, quien hace una suerte de performance-poético-ritual con sus poemas (en los que combina español, inglés y algunas palabras mapuches y de otras lenguas indígenas) los cuales canta, guturaliza, lee o silabea, o las lecturas “tradicionales” de Raúl Zurita, poeta también chileno, quien carga de una engolada emotividad sus lecturas, los poetas, sobre todo de América del Sur, han cobrado conciencia que para atraer al público la entrega de la poesía puede ser más performática, más activa en el sentido escénico. Prueba de ello lo fue el Cabaret Voltaire, comandado por la poeta argentina Romina Freschi, en donde durante los primeros años del siglo XXI se dieron cita cuantiosos poetas tanto argentinos como de otros lares de Latinoamérica para leer, performear, desnudarse y leer o hacer cualquier cosa que, se suponía, era poesía. Se dice que el público era de lo más bravo y que varios salieron descalabrados gracias a los botellazos de cerveza recibidos. Chile, como Argentina, también ha visto algunos buenos exponentes de la poesía performática como Gustavo Barrera, poeta nacido en la década de los setenta, quien, con varios libros publicados en su haber, decidió hacer de sus poemas un elemento para presentaciones performáticas en donde la música electrónica, la acción y la instalación servían de acompañantes a sus poemas.

En México poco sucede a este respecto, uno de los escasos proyectos que se han hecho para intentar cambiar el clásico delivery poético de las lecturas de mesa con paño verde y botella de agua ha sido el cd de música electrónica y poesía contemporánea Urbe probeta en donde 14 poetas trabajaron con sus respectivos músicos para lograr una combinación o hermandad transdisciplinaria. Sin embargo, los poetas en México tienen escasa relación con el manejo verbal y el manejo escénico (uno de los pocos que logra hacer lecturas performáticas exitosas y con buena poesía es el poeta regiomontano José Eugenio Sánchez).

Quizá el Spoken Word Movement tuvo mucho de exceso y poco de poesía como sus retractores han asegurado, sin embargo es claro que pusieron a la poesía en la mira de diversos públicos que la habían dejado de lado. En el último encuentro realizado en Buenos Aires, Argentina de poetas jóvenes, Salida al mar, la norma eran lecturas insufladas por un aliento muy perfomático donde el poeta era sumamente consciente de su presencia escénica y de su manejo verbal-oral para seducir al público. La lectura de muchos de esos poemas en el libro dejaba atrás la primera sensación de haber escuchado un gran poema. Había mucho de acción casi teatral y escasa poesía. Entonces, las preguntas se abren: ¿cómo lograr que las lecturas de poesía y sus ejecutantes, es decir, los poetas, vigoricen su potencia oral y escénica sin caer en facilismos? ¿Dónde radica la buena poesía? ¿Cómo crear un delivery poético fuerte, potente sin que caiga en lo solemne ni en el acto perfomático gratuito? Si la poesía tiene una larga tradición oral, los poetas contemporáneos deberán generar acciones reales de supervivencia. Una supervivencia que no sólo sea la de la escritura de un poesía auténtica y potente, donde se encuentre trasminado el aire de los tiempos que corren, sino una poesía que alcance, a través de su oralidad y de sus relaciones transdisciplinarias, una manifestación que incite al escucha-lector-espectador a quedarse en el centro del torbellino de la poesía misma.

Rocío Cerón, poeta cuya obra dialoga con otros lenguajes artísticos en una apuesta de poesía, música, cuerpo e imagen creando espacios transmediales. Ha publicado Basalto (ESN, México, 2002), Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000; Soma (Eloísa, Argentina, 2003); Imperio/Empire (MotínPoeta-Conaculta, 2009, edición interdisciplinaria y bilingüe); Tiento (UANL, México, 2010; traducciones: Verlag Hans Schiler, Alemania, 2011; Aura Latina, Suecia, 2012), Diorama (Tabasco 189-UANL, México, 2012; Amargord Ediciones, España, 2013; Phoneme Media, Los Ángeles, 2014), entre otros. Obra suya ha sido igualmente traducida y publicada al inglés, francés, finés, sueco, turco, polaco y alemán. Por su libro Diorama, en traducción de Anna Rosenwong, recibió el premio Best Translated Book Award 2015 en Estados Unidos. Acciones poéticas suyas se han presentado internacionalmente en los Institutos Cervantes de Berlín, Londres y Estocolmo, Centro Pompidou, París, Francia; Cabaret Voltaire, Tubinga, Alemania; Museo Karen Blixen, Copenhague, Dinamarca, Southbank Centre, Londres, Reino Unido; Centro de Poesía José Hierro, Madrid, España, entre otros. Representó a México en el Poetry Parnassus, el mayor festival de poesía realizado en el Reino Unido en 2012. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 2010.

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Written by Rocío Cerón

Rocío Cerón, poeta cuya obra dialoga con otros lenguajes artísticos en una apuesta de poesía, música, cuerpo e imagen creando espacios transmediales. Ha publicado Basalto (ESN, México, 2002), Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000; Soma (Eloísa, Argentina, 2003); Imperio/Empire (MotínPoeta-Conaculta, 2009, edición interdisciplinaria y bilingüe); Tiento (UANL, México, 2010; traducciones: Verlag Hans Schiler, Alemania, 2011; Aura Latina, Suecia, 2012), Diorama (Tabasco 189-UANL, México, 2012; Amargord Ediciones, España, 2013; Phoneme Media, Los Ángeles, 2014), entre otros. Obra suya ha sido igualmente traducida y publicada al inglés, francés, finés, sueco, turco, polaco y alemán. Por su libro Diorama, en traducción de Anna Rosenwong, recibió el premio Best Translated Book Award 2015 en Estados Unidos.
Acciones poéticas suyas se han presentado internacionalmente en los Institutos Cervantes de Berlín, Londres y Estocolmo, Centro Pompidou, París, Francia; Cabaret Voltaire, Tubinga, Alemania; Museo Karen Blixen, Copenhague, Dinamarca, Southbank Centre, Londres, Reino Unido; Centro de Poesía José Hierro, Madrid, España, entre otros. Representó a México en el Poetry Parnassus, el mayor festival de poesía realizado en el Reino Unido en 2012. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores desde 2010.