Literatura infantil y juvenil: Escalera al cielo

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A manera de celebración, en este primer número de Terraplén compartimos con enorme gusto un fragmento del último libro del escritor guerrerense Andrés Acosta, Escalera al cielo.

Escalera al cielo SM

Soñó con una escalera

que desde la tierra

subía hasta el cielo.

Génesis 28:12

Tierra

De cómo fue tu advenimiento a este extraño mundo que habitamos.

1

Tú, desde antes estabas tú, no aquí, de este lado;

vivías dentro, muy dentro de mamá y desde entonces

yo soñaba contigo. A lo lejos te vi, caminabas distraída

junto a un río y caíste a las aguas de vertiginosos

remolinos que arrastraron tu pequeño cuerpo

cual muñeca de trapo. Veloz me adentré en el río,

aferré una raíz, las piernas temblando,

y cuando pasabas frente a mí te tomé de la mano.

Te arranqué de las aguas, de los helados brazos

de la muerte. Estabas desmayada.

Tus ojos cerrados para el mundo.

El mundo, cerrado para ti. Oprimí tu pecho

y brotó un chorro de agua

y también salieron burbujas y pequeñas piedras

y plantas y un pez que regresó contento al río,

y un pequeño paraguas. ¿Un paraguas? ¡Si no llovía!

Brotaron tantas cosas de tu boca que casi también

escapaba tu alma; pero la cerré a tiempo.

Abriste apenas los ojos, temblabas sin control.

Me miraste. Te miré. Bastó para saber que estarías bien.

Desperté a medianoche, el corazón retumbando

en mis oídos. Y mis manos, aún en la vigilia,

en plena oscuridad, no dejaban de abrazarte.

2

El médico dijo, es una niña. El médico dijo,

que ha roto antes de tiempo su cordón umbilical.

Habrá problemas, el médico dijo.

Nadabas sola, extraviada dentro del saco amniótico,

desconectada. Eras una niña astronauta,

perdida en el espacio interior de tu madre.

Y a pesar de tu desapego, ¡milagro!, seguías

con vida gracias a una noble placenta

que no te abandonó nunca. La magia moderna

del ultrasonido te mostraba en tu hábitat,

en tres dimensiones, en una extraña postura:

concentrada en ti misma, como un huevo.

Habrá problemas, dijo el médico.

Y nos miró interrogante, a la espera

de una palabra nuestra. Una sola palabra

de dos letras contundentes, cual lápida olvidada

en un panteón; dos tristes letras que definieran

tu destino, dos letras como sentencia de vida

o despedida. Y yo recordé aquel sueño…

Tu mamá y yo, juntos, pero sin ponernos de acuerdo,

dijimos: así, así la queremos. Desde entonces apareció,

de boca en boca, la palabra problema, como semilla

negra y dura, que fue creciendo:

ballena varada en la playa, montaña en el camino.

3

Tuvieron que ir por ti, que no querías salir.

¡Oh, placentera placenta!,

que a todos alguna vez alimenta

y que pocos desean abandonar.

Al final emergiste al revés, con los pies por delante,

como muchos se despiden de esta vida.

Nacer era tocar tierra, pisar el frío suelo;

respirar por cuenta propia, esfuerzo infinito.

Un coro de enfermeras exclamó, con el dorso

de la mano oprimiendo sus pálidos labios:

¡nunca antes vimos nada igual! Fuiste la noticia,

la conmoción, en aquel blanco y aséptico edificio.

¡Ay!, pero si sus piernas son flacas flacas,

como un par de palillos y sus pies sólo cuentan

con cuatro largos finos dedos.

Así, así la queremos, respondimos nosotros.

Un coro de enfermeras exclamó, con los ojos

pasmados: ¡ay!, pero si sus manos no crecieron,

si sólo tiene dos muñones;

dos pobres muñones que para nada le servirán.

Así, así la queremos, respondimos nosotros.

Un coro de enfermeras exclamó: ¡y su boca!,

en lugar de boca le brota una excrecencia, ¡qué espanto!

Así, así la queremos, respondimos nosotros.

Un coro de enfermeras exclamó:

pero no tiene nariz, sino dos agujeritos.

Al menos respira, respondimos nosotros.

Un coro de enfermeras exclamó:

¿y dónde están sus orejas?, ¿acaso las extravió

allá adentro, en el desconocido espacio interior?

Al menos oye perfectamente, respondimos nosotros.

Un coro de doctores remató, con gesto fúnebre:

nunca será normal. ¿Qué es normal?,

preguntamos nosotros. ¿Qué es normal?,

¿acaso el nombre de un ciclo de la lavadora?

Pero ya los doctores abandonaban el quirófano

y las enfermeras corrían tras ellos.

Iban juntos a atender el siguiente parto,

de unos atrabancados trillizos,

que se anunciaba de veras peliagudo.

Andrés Acosta (Chilpancingo, 1964) es narrador. Desde 1991 ha publicado una veintena de novelas y libros de cuentos para lectores infantiles, juveniles y adultos. Entre sus libros destacan Afuera están gritando tu nombre (1991, mención del Premio de Literatura Gilberto Owen), Capicúa 101 (2003, Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola) Solitarios y podridos (2003, Premio Latinoamericano de Cuento Benemérito de América), No volverán los trenes (1998, Premio Nacional de Novela Corta Josefina Vicens), Olfato (2009, Premio de Literatura Gran Angular), Cómo me hice poeta (2010, Premio de Novela Juan García Ponce), Tristania (2014, Premio Iberoamericano de la Fundación Cuatrogatos) y su poemario El libro de los fantasmas (2015, Premio Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, en poesía infantil). Su libro más reciente es Escalera al cielo (2015, SM, colección El Barco de Vapor).

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Written by Andrés Acosta

Andrés Acosta

Andrés Acosta es narrador originario de Chilpancingo, Guerrero (30 de noviembre de 1964). Desde 1991 ha publicado una veintena de novelas y libros de cuentos para lectores infantiles, juveniles y adultos. Entre los libros de cuentos destacan: Afuera están gritando tu nombre (1991, mención del Premio de Literatura Gilberto Owen), Capicúa 101 (2003, Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola) Solitarios y podridos (2003, Premio Latinoamericano de Cuento Benemérito de América), Lavadora de culpas (2005, Premio de Cuento para Niños de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil) y Agua en polvo (2010); entre sus novelas: El sueño de los cinocéfalos (1997, mención del Premio de Fragmento de Novela Punto de partida), No volverán los trenes (1998, Premio Nacional de Novela Corta Josefina Vicens), Doctor Simulacro (2005, Primera finalista del Premio Nacional “Una vuelta de tuerca” de novela negra, policíaca y de misterio) El complejo de Faetón (2006, mención del Premio de Literatura Gran Angular y seleccionada por la SEP para el Programa Libros del Rincón 2008-2009), Olfato (2009, Premio de Literatura Gran Angular), Cómo me hice poeta (2010, Premio de Novela Juan García Ponce), Lengua de hierro (2013, Premio de Novela Ignacio Manuel Altamirano) y Tristania (2014, Premio Iberoamericano de la Fundación Cuatrogatos y postulada para Los Mejores Libros para Niños y Jóvenes, del Banco del Libro de Venezuela); y su poemario El libro de los fantasmas (2015, Premio Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz, en poesía infantil). Su libro más reciente es Escalera al cielo (2015, SM, colección El Barco de Vapor).